Santo, santo, santo
La santidad de Dios: la perfección que lo hace sin igual
Este capítulo estudia la santidad de Dios a partir de Isaías 6, donde los serafines la proclaman tres veces. Su tesis es que la santidad no es un atributo más en la lista: es la perfección que hace a Dios único, sin igual, y la que da a cada uno de sus atributos su carácter divino. El recorrido parte del texto ancla y pasa por la confesión de Ana (“No hay santo como el Señor”, 1 S 2:2); analiza luego la raíz hebrea קדשׁ, muestra cómo la santidad califica el poder, la justicia, la fidelidad y la misericordia de Dios, y se detiene en el encuentro de Moisés ante la zarza. Desde allí lee el atributo con Pablo, judío formado en las Escrituras de Israel, que reconoce la gloria del Santo en el rostro de Jesucristo, y cierra con la aplicación a la vida del creyente.
Palabras clave: santidad, qadosh, Isaías 6, trisagio, Pablo, santificación.
Nota sobre el texto
Las citas bíblicas siguen la Reina-Valera 1960. Donde esta escribe “Jehová”, aquí se escribe Señor, que traduce el tetragrama יהוה, leído en la tradición judía como Adonay. Cuando el hebreo dice אֲדֹנָי (Adonay), la RVR1960 escribe “Señor” y así se conserva. El hebreo sigue la BHS; el griego, NA28 y la Septuaginta de Rahlfs-Hanhart. En Salmos y Ezequiel se da la numeración española y, entre corchetes, la hebrea cuando difieren.
Texto ancla: Isaías 6:1–8
El año en que murió Uzías
Isaías fecha su visión por la muerte de un rey: “en el año que murió el rey Uzías” (Is 6:1), hacia el 740 a. e. c. Uzías había reinado cincuenta y dos años (2 Cr 26:3) con prosperidad, pero al final de su vida entró al templo para quemar incienso, tarea reservada a los sacerdotes, y quedó herido de lepra hasta su muerte (2 Cr 26:16–21). Muere así el rey que quiso entrar en lo santo sin derecho, y ese mismo año el profeta ve al Rey sentado en el trono, al que no muere.
Precisión
El contraste entre Uzías, que profanó el santuario, y el Rey santo de Is 6 es lectura de varios intérpretes (p. ej., Oswalt, 1986); Isaías se limita a dar la fecha y no hace explícita la comparación.
La visión
קָדוֹשׁ ׀ קָדוֹשׁ קָדוֹשׁ יְהוָה צְבָאוֹת
מְלֹא כָל־הָאָרֶץ כְּבוֹדוֹ
En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Señor de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo.
(Is 6:1–4)
Filología: Is 6:1–4
| אֲדֹנָי Adonay | אדן | “Señor” (v. 1): título de soberanía, “mi Señor”. En el v. 3 aparece el nombre propio, יהוה. |
| רָם וְנִשָּׂא ram venissá | רום, נשׂא | “alto y sublime”: el trono está elevado. Las mismas dos raíces vuelven en Is 52:13 (el Siervo) y 57:15 (Dios). |
| שְׂרָפִים serafim | שׂרף | “los ardientes”; la raíz significa “quemar”. Son seres que arden y, aun así, se cubren ante Dios. |
| קָדוֹשׁ qadosh | קדשׁ | “santo”: apartado, propio del ámbito de Dios, distinto de lo común (Koehler y Baumgartner, 2001). Repetido tres veces. |
| צְבָאוֹת tseva’ot | צבא | “ejércitos”: las huestes del cielo. Presenta a Dios como Rey y comandante. |
| מְלֹא melo | מלא | “plenitud”: literalmente, “la plenitud de toda la tierra es su gloria”. |
| כָּבוֹד kavod | כבד | “gloria”; la raíz significa “ser pesado”. La gloria es el peso de Dios, su santidad hecha visible. |
¿Por qué tres veces?
El hebreo intensifica por repetición. Cuando Deuteronomio manda “La justicia, la justicia seguirás” (Dt 16:20; צֶדֶק צֶדֶק, tsédeq tsédeq), quiere decir “solo la justicia, de verdad la justicia”: con dos repeticiones ya hay énfasis. La triple repetición es rara y marca el grado máximo, como en “¡Tierra, tierra, tierra!” (Jer 22:29) o “A ruina, a ruina, a ruina” (Ez 21:27 [21:32]). Ningún otro atributo de Dios recibe en la Escritura esa triple aclamación: los serafines no cantan “eterno, eterno, eterno” ni “poderoso, poderoso, poderoso”. Lo que el cielo proclama es la santidad, y no deja de proclamarla:
y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir.
(Ap 4:8)
Filología: Ap 4:8
ἅγιος ἅγιος ἅγιος κύριος ὁ θεὸς ὁ παντοκράτωρ. La LXX de Is 6:3 dice ἅγιος ἅγιος ἅγιος κύριος σαβαωθ; Apocalipsis cambia sabaōth por παντοκράτωρ (pantokrátōr, “Todopoderoso”), la palabra con que la LXX traduce tseva’ot en otros libros. ἅγιος (hágios) es la traducción habitual de qadosh en la LXX (Bauer et al., 2000).
Confesión, expiación y envío
Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Señor de los ejércitos. Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado. Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.
(Is 6:5–8)
Filología: Is 6:5–7
| אוֹי־לִי oy-li | — | “¡Ay de mí!”: fórmula de lamento fúnebre. En el capítulo anterior Isaías pronunció seis “¡ay!” sobre Judá (Is 5:8–22); ahora lo dice sobre sí mismo. |
| נִדְמֵיתִי nidmeti | דמה | “soy muerto” (RVR1960); también puede traducirse “estoy perdido” o “he sido silenciado”. El de labios inmundos queda sin voz ante el trisagio. |
| טְמֵא־שְׂפָתַיִם teme sefatayim | טמא | “inmundo de labios”: lo opuesto a lo santo. El serafín toca justamente los labios. |
| תְּכֻפָּר tekuppar | כפר | “es expiado” (RVR1960: “limpio tu pecado”). Es la raíz de Yom Kippur y de כַּפֹּרֶת (kapporet), la tapa del arca o propiciatorio. |
El orden del pasaje forma parte del mensaje: visión, confesión, expiación y envío. La santidad de Dios deja primero a Isaías sin palabras y después le devuelve la voz, y el mismo fuego que lo condenaría es el que, tomado del altar, le quita la culpa. Rudolf Otto (1917/1980) describió la experiencia de lo santo como un misterio que hace temblar y a la vez atrae; Isaías vive ambas cosas en un solo encuentro: tiembla y luego se ofrece.
Figura 1. Secuencia de Is 6:1–8. Nota. Elaboración propia.
Sin igual: “No hay santo como el Señor”
La santidad es lo que hace único a Dios. Así lo confiesa Ana, la madre de Samuel, en la oración que pronuncia al entregar al hijo que había pedido (1 S 1:27–2:1):
אֵין־קָדוֹשׁ כַּיהוָה כִּי־אֵין בִּלְתֶּךָ
וְאֵין צוּר כֵּאלֹהֵינוּ
No hay santo como Señor; Porque no hay ninguno fuera de ti, Y no hay refugio como el Dios nuestro.
(1 S 2:2)
Filología: 1 S 2:2
| אֵין eyn | — | “no hay”: niega la existencia. Se repite tres veces en el verso. |
| כַּיהוָה ka-Adonay | — | “como el Señor”: la partícula כְּ introduce la comparación que se niega. |
| בִּלְתֶּךָ biltéja | בלה | “fuera de ti”, “excepto tú”. |
| צוּר tsur | צור | “roca”; la RVR1960 traduce “refugio”. La roca es imagen de estabilidad y amparo (Dt 32:4). |
El paralelismo del verso pone en el mismo plano dos afirmaciones: “no hay santo como el Señor” y “no hay ninguno fuera de ti”. En boca de Ana, ser santo y no tener igual son una sola cosa. Esa misma convicción late en la pregunta que Israel canta junto al mar:
מִי־כָמֹכָה בָּאֵלִם יְהוָה
מִי כָּמֹכָה נֶאְדָּר בַּקֹּדֶשׁ
¿Quién como tú, oh Señor, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnífico en santidad, terrible en maravillosas hazañas, hacedor de prodigios?
(Éx 15:11)
Filología: Éx 15:11
מִי כָמֹכָה (mi jamoja), “¿quién como tú?”, es una pregunta sin respuesta: nadie. נֶאְדָּר (ne’dar, raíz אדר) significa “majestuoso, glorioso”; בַּקֹּדֶשׁ (baqódesh), “en santidad”. Dios es incomparable precisamente en su santidad.
Isaías extiende la pregunta hasta el cosmos: Dios mismo interroga con quién se le podría comparar y responde señalando las estrellas:
וְאֶל־מִי תְדַמְּיוּנִי וְאֶשְׁוֶה יֹאמַר קָדוֹשׁ
¿A qué, pues, me haréis semejante o me compararéis? dice el Santo. Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas; él saca y cuenta su ejército; a todas llama por sus nombres; ninguna faltará; tal es la grandeza de su fuerza, y el poder de su dominio.
(Is 40:25–26)
Filología: Is 40:25
דמה (damah) es “asemejar, comparar”. קָדוֹשׁ aparece aquí sin artículo, como nombre propio: “dice Santo”. Las estrellas, que los pueblos vecinos adoraban, son el “ejército” que Dios cuenta y llama por nombre.
Por eso la santidad sitúa a Dios por encima del universo entero. Todo lo que existe, desde los serafines hasta las estrellas, queda del lado de lo creado; Dios está al otro lado de esa línea, y nada la cruza por sí mismo. Salomón lo reconoció al dedicar el templo: “He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener” (1 R 8:27).
Figura 2. La santidad como distinción entre Dios y todo lo creado. Nota. Elaboración propia.
La palabra: la raíz קדשׁ
Familia de palabras
De la raíz קדשׁ nacen el adjetivo קָדוֹשׁ (qadosh, “santo”), el sustantivo קֹדֶשׁ (qódesh, “santidad, lo sagrado”), el verbo קָדַשׁ (qadash, “ser santo”, y en las formas intensivas “santificar, consagrar”) y el sustantivo מִקְדָּשׁ (miqdash, “santuario”). Toda la familia gira en torno a una misma idea: lo apartado, aquello que pertenece al ámbito de Dios y queda separado del uso común.
Antes que abstractos, los usos son concretos. Hay una “tierra santa” (אַדְמַת־קֹדֶשׁ, Éx 3:5) y un “lugar santísimo” (קֹדֶשׁ הַקֳּדָשִׁים, literalmente “santo de santos”, otro superlativo construido por repetición); hay vestiduras santas, aceite santo y un día santo. Y cuando Isaías quiere nombrar a Dios, lo llama קְדוֹשׁ יִשְׂרָאֵל (qedosh Yisra’el), “el Santo de Israel”, el título que lo caracteriza.
Precisión
La etimología de קדשׁ sigue en discusión: unos la vinculan con la idea de “separar” o “cortar”; otros, con el acadio qadāšu, “ser puro, limpio” (Koehler y Baumgartner, 2001). El uso bíblico reúne ambas ideas, pues lo santo está apartado y es puro. Según un conteo propio sobre la BHS y la RVR1960, Isaías usa “el Santo de Israel” 25 veces (31 en todo el Antiguo Testamento; véase la sección sobre el Nombre).
Lo santo y lo profano
וּלֲהַבְדִּיל בֵּין הַקֹּדֶשׁ וּבֵין הַחֹל
וּבֵין הַטָּמֵא וּבֵין הַטָּהוֹר
para poder discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio.
(Lv 10:10)
Filología: Lv 10:10
הַבְדִּיל (havdil, raíz בדל) es “separar, distinguir”; es el verbo de la creación: “separó Dios la luz de las tinieblas” (Gn 1:4). חֹל (jol) es lo profano o común, lo que no está consagrado. טָמֵא (tame) es lo inmundo y טָהוֹר (tahor), lo limpio.
Enseñar a distinguir era tarea del sacerdote. Lo común no es necesariamente malo: simplemente no ha sido apartado para Dios. Lo inmundo, en cambio, no puede acercarse a lo santo. Sobre esa doble distinción la santidad de Dios ordena la vida entera de Israel.
Del hebreo a Pablo
La Septuaginta traduce casi siempre qadosh con ἅγιος (hágios) y el verbo con ἁγιάζω (hagiázō). Pablo recibe esas palabras cargadas de su sentido hebreo y les añade dos sustantivos: ἁγιασμός (hagiasmós, “santificación”, 1 Ts 4:3, 7; 1 Co 1:30) y ἁγιωσύνη (hagiōsýnē, “santidad” entendida como cualidad), que en el Nuevo Testamento solo él emplea (Ro 1:4; 2 Co 7:1; 1 Ts 3:13; Bauer et al., 2000).
Figura 3. El vocabulario de la santidad del hebreo a Pablo. Nota. Elaboración propia.
El Nombre que revela la santidad
En la Escritura el nombre de Dios no funciona como una etiqueta: revela lo que él es. Cuando Moisés pidió ver la gloria, Dios respondió proclamando su Nombre (Éx 33:18–19; 34:5–7). Con la santidad la Biblia va más lejos que con cualquier otro atributo, porque no se limita a decir que Dios es santo: afirma que su nombre es “Santo”.
“Cuyo nombre es el Santo”
כִּי כֹה אָמַר רָם וְנִשָּׂא שֹׁכֵן עַד וְקָדוֹשׁ שְׁמוֹ
מָרוֹם וְקָדוֹשׁ אֶשְׁכּוֹן וְאֶת־דַּכָּא וּשְׁפַל־רוּחַ
Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: …
(Is 57:15a)
Filología: Is 57:15
| קָדוֹשׁ שְׁמוֹ qadosh shemó | קדשׁ, שׁם | “santo (es) su nombre”; la RVR1960 traduce “cuyo nombre es el Santo”. La santidad no se agrega al Nombre: es el Nombre. La misma fórmula aparece en Sal 111:9 y en el cántico de María (Lc 1:49). |
| רָם וְנִשָּׂא ram venissá | רום, נשׂא | “alto y sublime”: los mismos dos participios que describen el trono de Is 6:1. Isaías vuelve a la visión del texto ancla. |
| שֹׁכֵן עַד shojen ad | שׁכן | “el que habita la eternidad”. De la raíz שׁכן, “habitar”, viene מִשְׁכָּן (mishkán), el tabernáculo. |
| דַּכָּא dakká | דכא | “quebrantado, molido” (v. 15b; el texto completo se cita en la definición): el mismo verbo de Is 53:5 (“molido por nuestros pecados”). |
El verso completo, citado en la definición, une lo que parecería imposible de unir: el que se llama “Santo” y habita la eternidad habita también con el quebrantado y humilde de espíritu. Su nombre lo separa de todo lo creado, y sin embargo esa separación no lo aleja del humilde; lo acerca para darle vida.
Precisión
De la raíz שׁכן la tradición rabínica formó el término Shejiná, la presencia de Dios que habita en medio de su pueblo; la palabra no aparece en la Biblia hebrea y es posterior a ella.
“El Santo de Israel”
אֲנִי עֲזַרְתִּיךְ נְאֻם־יְהוָה
וְגֹאֲלֵךְ קְדוֹשׁ יִשְׂרָאֵל
No temas, gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de Israel; yo soy tu socorro, dice Señor; el Santo de Israel es tu Redentor.
(Is 41:14)
Filología: Is 41:14
| קְדוֹשׁ יִשְׂרָאֵל qedosh Yisra’el | קדשׁ | “el Santo de Israel”, en estado constructo: el Santo que se ha ligado a un pueblo. El título une las dos caras de la santidad: separado de todo, comprometido con Israel. |
| גֹּאֲלֵךְ go’alej | גאל | “tu redentor”. El go’el es el pariente cercano que rescata la tierra o la persona de su familia (Lv 25:25; Rt 4:4–6). El Santo se presenta como pariente. |
| תּוֹלַעַת יַעֲקֹב tola’at Ya’aqov | תולע | “gusano de Jacob”: lo más pequeño y despreciable. |
“El Santo de Israel” es el título característico de Isaías. Según un conteo propio sobre la BHS y la RVR1960, aparece 31 veces en el Antiguo Testamento: 25 en Isaías, repartidas por todo el libro (desde 1:4 hasta 60:14), 3 en los Salmos (71:22; 78:41; 89:18 [19]), 2 en Jeremías (50:29; 51:5) y 1 en 2 Reyes (19:22, el mismo oráculo de Is 37:23). Quien vio al Santo en el templo (Is 6:3) no dejó nunca de llamarlo así.
“Yo Señor que os santifico”
וּשְׁמַרְתֶּם אֶת־חֻקֹּתַי וַעֲשִׂיתֶם אֹתָם
אֲנִי יְהוָה מְקַדִּשְׁכֶם
Y guardad mis estatutos, y ponedlos por obra. Yo Señor que os santifico.
(Lv 20:8)
Filología: Lv 20:8
מְקַדִּשְׁכֶם (meqaddishjem) es el participio piel de קדשׁ: “el que os santifica”, una acción continua. La fórmula “Yo Señor que os santifico” acompaña al Nombre en Éx 31:13 (el día de reposo como señal) y en Lv 20:8; 21:8; 22:32. El Nombre santo es también el Nombre que hace santos.
Aquí asoma la clasificación del atributo. En su plenitud, la santidad de Dios es incomunicable: solo él es “el Santo”. Pero se comunica como reflejo, porque el mismo Nombre que separa a Dios de todo es el que santifica a su pueblo.
El Nombre santo en Cristo, leído con Pablo
El Nuevo Testamento aplica a Jesús los títulos del Santo: “el Santo de Dios” (ὁ ἅγιος τοῦ θεοῦ, Mr 1:24), “el Santo y el Justo” (Hch 3:14) y, en boca del Resucitado, “el Santo, el Verdadero” (Ap 3:7). Pablo, por su parte, une ese Nombre con la santificación del creyente:
Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.
(1 Co 6:11)
Filología: 1 Co 6:11
ἡγιάσθητε (hēgiásthēte) es aoristo pasivo de ἁγιάζω: “fuisteis santificados”, una acción ya cumplida por otro. ἐν τῷ ὀνόματι τοῦ κυρίου (en tō onómati tou kyríou): “en el nombre del Señor”. Lo que Levítico atribuía al Señor que santifica (meqaddishjem), Pablo lo atribuye al nombre del Señor Jesús.
Precisión
El paralelo entre Lv 20:8 y 1 Co 6:11 es lectura propia, pues Pablo no cita Levítico en este verso. En la literatura rabínica, una de las designaciones más frecuentes de Dios es HaQadosh Barukh Hu (הַקָּדוֹשׁ בָּרוּךְ הוּא), “el Santo, bendito sea”; con ella comienza, por ejemplo, el diálogo de Shemot Rabá 3:6 sobre el Nombre.
| Nombre o título | Hebreo / griego | Texto | Qué revela |
|---|---|---|---|
| “Santo es su nombre” | קָדוֹשׁ שְׁמוֹ | Is 57:15; Sal 111:9; Lc 1:49 | La santidad es el Nombre |
| “El Santo” | קָדוֹשׁ | Is 40:25 | Sin igual, sin comparación |
| “El Santo de Israel” | קְדוֹשׁ יִשְׂרָאֵל | Is 41:14 (31 veces) | El Santo ligado a su pueblo |
| “Señor de los ejércitos” | יְהוָה צְבָאוֹת | Is 6:3 | El Nombre en el trisagio |
| “Señor que os santifico” | יְהוָה מְקַדִּשְׁכֶם | Lv 20:8; Éx 31:13 | El Santo que hace santos |
| “El Santo de Dios”, “el Santo y el Justo” | ὁ ἅγιος τοῦ θεοῦ | Mr 1:24; Hch 3:14; Ap 3:7 | El título en Jesús |
| HaQadosh Barukh Hu | הַקָּדוֹשׁ בָּרוּךְ הוּא | Literatura rabínica | Nombre habitual en los sabios |
Tabla. La santidad en los nombres de Dios. Nota. Elaboración propia; conteo propio sobre la BHS y la RVR1960.
Definición
La santidad es la perfección eterna por la cual Dios es absolutamente distinto de todo lo creado y absolutamente puro de todo mal. Es lo que lo hace único, sin igual (1 S 2:2), y lo que da a cada uno de sus atributos su carácter divino.
La definición reúne dos dimensiones y una consecuencia. La primera dimensión es la majestad: Dios es distinto de toda criatura y nada se le compara (Éx 15:11; Is 40:25). La segunda es la pureza: Dios está limpio de todo mal, como le dice Habacuc: “Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio” (Hab 1:13). La consecuencia es la que sorprende: el Dios infinitamente elevado es el mismo que se acerca.
Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.
(Is 57:15)
Filología: Is 57:15
רָם וְנִשָּׂא (ram venissá), “alto y sublime”, repite las palabras del trono de Is 6:1. דַּכָּא (dakká) es “quebrantado, triturado”. El verso pone juntas “la altura y la santidad” y la morada con el humilde.
| Clasificación | Ubicación | Comentario |
|---|---|---|
| Grupo | Identidad (¿quién es?) | La santidad define quién es Dios: su Nombre es “el Santo” (Is 57:15). |
| Tipo | Incomunicable en su plenitud; comunicable como reflejo | Nadie es santo como él (1 S 2:2), pero manda: “Santos seréis, porque santo soy yo” (Lv 19:2). |
Precisión
La doble clasificación, incomunicable en su plenitud y comunicable como reflejo, es una propuesta de este estudio para dar cabida a los dos grupos de textos.
La santidad que permea todos sus atributos
La Escritura no se conforma con decir que Dios es poderoso, justo, fiel o misericordioso: dice que su brazo es santo, que su justicia lo muestra santo, que jura por su santidad y que perdona porque es el Santo. La santidad no se suma a los demás atributos como uno más; los califica a todos. Por eso el poder de Dios nunca es arbitrario, su celo nunca es egoísmo y su misericordia nunca es complicidad con el mal.
Figura 4. La santidad como centro que califica a los demás atributos. Nota. Elaboración propia.
| Atributo | Texto (RVR1960) | Cita | Lo que muestra |
|---|---|---|---|
| Nombre | “Santo y temible es su nombre.” | Sal 111:9 | la santidad es su identidad |
| Eternidad | “el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo” | Is 57:15 | eterno y santo a la vez |
| Poder | “Señor desnudó su santo brazo ante los ojos de todas las naciones” | Is 52:10 | poder que salva, sin abuso |
| Justicia | “el Dios Santo será santificado con justicia” | Is 5:16 | juicio sin corrupción |
| Fidelidad | “Una vez he jurado por mi santidad, y no mentiré a David.” | Sal 89:35 [89:36] | jura por lo más alto que es |
| Celo | “él es Dios santo, y Dios celoso” | Jos 24:19 | celo sin egoísmo |
| Misericordia | “porque Dios soy, y no hombre, el Santo en medio de ti” | Os 11:9 | perdona porque es santo |
| Sabiduría | “el conocimiento del Santísimo es la inteligencia” | Pr 9:10 | la sabiduría comienza en él |
| Verdad | “Esto dice el Santo, el Verdadero” | Ap 3:7 | santo y verdadero (dicho de Cristo) |
Oseas 11:9 merece una pausa. Israel tenía merecido el juicio, y sin embargo Dios declara: “No ejecutaré el ardor de mi ira, ni volveré para destruir a Efraín; porque Dios soy, y no hombre, el Santo en medio de ti”. La razón que da para su misericordia es, precisamente, la santidad: Dios no reacciona como un hombre ofendido porque no es hombre.
Filología: Os 11:9
כִּי אֵל אָנֹכִי וְלֹא־אִישׁ בְּקִרְבְּךָ קָדוֹשׁ: “porque Dios (אֵל, El) soy yo, y no hombre (אִישׁ, ish); en medio de ti, santo”. La santidad aparece aquí como alteridad: Dios es distinto del hombre incluso en su manera de perdonar.
Teología: el Santo frente al pecado
Si la santidad califica todos los atributos, también determina cómo se relaciona Dios con el pecado y cómo ha de acercarse a él la criatura. La pregunta que Moisés entona después del mar abre el camino:
¿Quién como tú, oh Señor, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnífico en santidad, terrible en maravillosas hazañas, hacedor de prodigios?
(Éx 15:11)
La pregunta no espera respuesta porque no la tiene. Solo Dios es santo en sí mismo; todo lo demás que la Escritura llama santo, sea la tierra de la zarza, el sábado, el altar o el pueblo, lo es porque él lo aparta para sí: “Yo Señor que os santifico” (Lv 20:8). La santidad de la criatura es siempre derivada; la de Dios, original. Ana lo confiesa con la misma fórmula de incomparabilidad: “No hay santo como Señor” (1 S 2:2).
Esa santidad no permanece oculta: se muestra en lo que Dios hace y, de modo especial, en lo que manda. Pablo, que conocía la ley desde dentro, no la hace responsable del pecado del hombre: “De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (Ro 7:12). La ley es santa porque refleja al Dios que la dio. Con todo, donde la santidad se ve con mayor claridad es en la cruz. Allí Dios no pasó por alto el pecado ni siquiera cuando lo cargó su propio Hijo, pues “no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros” (Ro 8:32). Esta lectura de la cruz como la mayor revelación de la santidad la desarrolla Pink en su exposición del atributo (Pink, 1930/2020).
De aquí se desprenden dos consecuencias que la Escritura mantiene unidas. La primera: el Santo no puede ser indiferente al mal. “Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio” (Hab 1:13; cf. Sal 5:4–5); su rechazo del pecado no es un enojo pasajero, sino la reacción de su pureza ante lo que la contradice. La segunda: nadie puede presentarse ante él apoyado en su propio mérito. Isaías, el profeta más recto de su generación, exclamó al ver al Santo “¡Ay de mí! que soy muerto” (Is 6:5), y más tarde confesó en nombre de todo el pueblo: “todas nuestras justicias como trapo de inmundicia” (Is 64:6). Si la medida es la santidad de Dios, ninguna obra humana alcanza; por eso el carbón del altar tuvo que ir de Dios a los labios del profeta, y no en sentido contrario.
La consecuencia última es la adoración. Al Dios santo no se le trata con una familiaridad descuidada: es “Dios temible en la gran congregación de los santos, y formidable sobre todos cuantos están alrededor de él” (Sal 89:7 [89:8]). El Salmo 99 convierte esa reverencia en canto:
Exaltad a Señor nuestro Dios, y postraos ante su santo monte, porque Señor nuestro Dios es santo.
(Sal 99:9)
Filología: Sal 99
El salmo repite como estribillo “él es santo” (קָדוֹשׁ הוּא, vv. 3 y 5) y cierra con “santo es el Señor nuestro Dios” (v. 9). La forma del salmo reproduce el trisagio: tres veces, en tres estrofas.
Precisión
La idea de la santidad como la “hermosura” de Dios, la que da brillo a todos sus demás atributos, procede de Stephen Charnock (1682/1996), autor al que Pink sigue de cerca. Lo que esta sección atribuye a Pink es paráfrasis de su exposición, no cita textual.
Un encuentro en la historia de Israel: Moisés en la zarza
Moisés lleva cuarenta años apacentando ovejas en Madián cuando, junto a Horeb, ve una zarza que arde sin consumirse y se acerca a mirar (Éx 3:1–3). Entonces Dios lo llama por su nombre y lo detiene:
אַל־תִּקְרַב הֲלֹם שַׁל־נְעָלֶיךָ מֵעַל רַגְלֶיךָ
כִּי הַמָּקוֹם אֲשֶׁר אַתָּה עוֹמֵד עָלָיו אַדְמַת־קֹדֶשׁ הוּא
Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.
(Éx 3:5–6)
Filología: Éx 3:5
| אַל־תִּקְרַב al-tiqrav | קרב | “no te acerques”. Es la raíz de qorbán, la ofrenda que “se acerca” al altar. A Dios solo se llega por el camino que él abre. |
| שַׁל shal | נשׁל | “quita”, “desata”. Descalzarse era señal de respeto ante un superior y de reconocer que el lugar no es propio. |
| אַדְמַת־קֹדֶשׁ admat-qódesh | קדשׁ | “tierra de santidad”: el hebreo usa el sustantivo en construcción donde el español usa un adjetivo. |
Aquella tierra no es santa por sí misma: el día anterior era desierto común y volvería a serlo. La hace santa la presencia del Dios santo. La santidad, por tanto, no es en primer lugar una cualidad de las cosas, sino de Dios, que santifica cuanto toca.
Precisión
Según un conteo propio, Éx 3:5 es la primera aparición del sustantivo qódesh en la Torá, dato que conviene verificar en la BHS o en e-Sword. La raíz ya había aparecido como verbo en Gn 2:3, donde Dios “santificó” el séptimo día.
Los encuentros de Moisés y de Isaías responden a un mismo patrón:
| Moisés (Éx 3) | Isaías (Is 6) | |
|---|---|---|
| Dios se manifiesta | fuego en la zarza (3:2) | trono, serafines “ardientes” y humo (6:1–4) |
| Se declara la santidad | “tierra santa es” (3:5) | “Santo, santo, santo” (6:3) |
| El hombre se cubre | “cubrió su rostro” (3:6) | “¡Ay de mí!” (6:5); los serafines cubren su rostro (6:2) |
| Dios se acerca | “he descendido para librarlos” (3:8) | el carbón del altar quita la culpa (6:7) |
| Envío | “Ven, por tanto, ahora, y te enviaré” (3:10) | “¿A quién enviaré?”; “Envíame a mí” (6:8) |
Precisión
El paralelo es lectura propia. Ambos relatos comparten la secuencia típica de los relatos de llamado profético: manifestación, objeción o temor, provisión de Dios y envío.
En ambos casos la santidad primero aparta al hombre y después lo envía: el Santo no desciende para destruir, sino para librar.
La santidad en Cristo, leída con Pablo
Isaías vio su gloria
El puente entre el trono de Isaías y Jesús lo tiende el evangelio de Juan. Tras citar Is 6:10, el evangelista afirma:
Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló acerca de él.
(Jn 12:41)
La gloria que llenaba el templo era, entonces, la gloria de Cristo. Pablo llega al mismo lugar por otro camino: en 2 Corintios 3 compara el rostro de Moisés, que resplandecía después de hablar con Dios (Éx 34:29–35), con la gloria del nuevo pacto, y concluye:
Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.
(2 Co 4:6)
Filología: 2 Co 4:6
δόξα (dóxa) es la palabra con que la Septuaginta traduce כָּבוֹד. ἐν προσώπῳ Ἰησοῦ Χριστοῦ (en prosōpō Iēsoû Christoû): “en el rostro de Jesucristo”. El kavod que llena la tierra en Is 6:3 tiene ahora un rostro humano.
Precisión
El puente explícito entre Is 6 y Cristo es de Juan, no de Pablo. En 2 Co 4:6 el eco directo es Gn 1:3 (“sea la luz”); la relación con la gloria de Is 6 es un eco posible dentro del tema de la gloria (Hays, 1989).
“Según el Espíritu de santidad”
Pablo presenta su evangelio con una fórmula de marcado sabor hebreo:
que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos.
(Ro 1:4)
Filología: Ro 1:4
κατὰ πνεῦμα ἁγιωσύνης (katà pneûma hagiōsýnēs), “según el espíritu de santidad”. Es un hebraísmo: reproduce la construcción de רוּחַ קָדְשְׁךָ (rúaj qodshéja, “tu santo espíritu”, literalmente “espíritu de tu santidad”, Sal 51:11 [51:13]; Is 63:10–11). ἁγιωσύνη es un sustantivo de cualidad que en el Nuevo Testamento solo usa Pablo.
Pablo, judío formado en las Escrituras de Israel, recurre a una expresión de los salmos para decir quién es Jesús: el Mesías resucitado pertenece a la esfera de la santidad de Dios.
Precisión
Se discute si “Espíritu de santidad” designa al Espíritu Santo o la naturaleza espiritual de Cristo en contraste con “según la carne” (v. 3). Moo (1996) se inclina por el Espíritu Santo; Dunn (1998) subraya el contraste entre las dos esferas de la existencia del Hijo.
El carbón del altar y la cruz
En Is 6:7 el pecado de Isaías “es expiado” (תְּכֻפָּר) con un carbón tomado del altar, y Pablo describe la cruz con el vocabulario de ese mismo altar:
por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.
(Ro 3:23–26)
Filología: Ro 3:25
ἱλαστήριον (hilastērion), “propiciación” o “propiciatorio”, es la palabra con que la Septuaginta traduce כַּפֹּרֶת (kapporet), la tapa del arca donde se rociaba la sangre en el Día de la Expiación (Éx 25:17; Lv 16:14–15). Kapporet y tekuppar (Is 6:7) comparten la raíz כפר. Notar también “destituidos de la gloria” (δόξα, v. 23): lo que el pecador pierde es justamente el kavod que llena la tierra en Is 6:3.
Figura 5. La secuencia de Isaías 6 y su correspondencia en Pablo. Nota. Elaboración propia.
En la cruz se resuelve la tensión que Isaías sintió en el templo. La santidad de Dios no puede pasar por alto el pecado, porque si lo hiciera dejaría de ser justo; en Cristo, sin embargo, Dios es “el justo, y el que justifica”: la santidad queda satisfecha y el pecador, limpio.
Precisión
La correspondencia entre el carbón de Is 6 y la cruz es tipológica: Pablo no cita Is 6 en Romanos 3, y el vínculo lo dan la raíz כפר y el tema común del altar y la expiación.
Cristo, nuestra santificación
Para Pablo la santidad del creyente no empieza como un logro, sino como un don:
Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención, para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.
(1 Co 1:30–31)
Filología: 1 Co 1:30
ἁγιασμός (hagiasmós): “santificación”, tanto el estado de estar apartado para Dios como el proceso de vivir de acuerdo con ello (Bauer et al., 2000). El v. 31 cita Jer 9:24, el versículo que une toda esta obra: gloriarse en conocer al Señor.
Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.
(1 Co 6:11)
Filología: 1 Co 6:11
ἡγιάσθητε (hēgiásthēte), “fuisteis santificados”, está en aoristo pasivo: un hecho ya cumplido y realizado por Dios. La santificación aparece aquí junto al lavamiento y la justificación como obra pasada.
Lo que Isaías recibió en los labios, el creyente lo recibe en Cristo. Por eso Pablo puede llamar “santos” a los corintios (1 Co 1:2) mientras corrige sus pecados: son santos porque pertenecen al Santo, y les toca llegar a ser lo que ya son. Colosenses expresa la misma idea:
en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él.
(Col 1:22)
Precisión
La autoría paulina de Colosenses es discutida, pero la enseñanza de Col 1:22 tiene respaldo en cartas indiscutidas: 1 Co 6:11 y 1 Ts 3:13.
La plenitud santa habita en Cristo
La tesis de esta obra encuentra aquí su lugar: “en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Col 2:9). La santidad que proclaman los serafines está entera en Cristo, a quien Pedro llama “el Santo y el Justo” (Hch 3:14). En él se deja ver el Dios que Isaías no podía mirar sin decir “¡Ay de mí!”, y el fuego que quema se vuelve perdón.
Aplicación: vivir ante el Dios santo
קְדֹשִׁים תִּהְיוּ כִּי קָדוֹשׁ אֲנִי יְהוָה אֱלֹהֵיכֶם
Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo Señor vuestro Dios.
(Lv 19:2)
Filología: Lv 19:2
תִּהְיוּ (tihyú), “seréis”, es a la vez mandato y promesa. כִּי (ki), “porque”, da el fundamento: la santidad de Israel deriva de la de Dios. Pedro cita este verso en 1 P 1:16.
La santidad de Dios no es solo una doctrina que se comprende; es una realidad ante la cual se vive. El texto ancla y los demás pasajes estudiados sugieren cinco respuestas:
Adorar con reverencia. Moisés se quitó el calzado y los serafines se cubren el rostro (Éx 3:5; Is 6:2). La adoración no es un trato casual con Dios, y cabe preguntarse qué “tierra santa” se pisa cada domingo sin advertirlo.
Confesar. Ante el Santo, Isaías no se comparó con sus vecinos: se vio a sí mismo (Is 6:5). La santidad de Dios es la única medida verdadera de nuestra condición.
Recibir la santidad como don. El carbón vino del altar, no de Isaías; Cristo nos ha sido hecho santificación (1 Co 1:30; 6:11). La vida santa empieza recibiendo, no produciendo.
Vivir apartados. “Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación” (1 Ts 4:7). El llamado incluye el cuerpo, que Pablo pide presentar “en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios” (Ro 12:1).
Responder al envío. Quien ha sido limpiado escucha la pregunta “¿A quién enviaré?” y responde “Heme aquí” (Is 6:8). Pablo lo expresa así: “somos embajadores en nombre de Cristo” (2 Co 5:20).
sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.
(1 P 1:15–16)
Síntesis
Dios es santo: absolutamente distinto de todo lo creado y puro de todo mal. “No hay santo como el Señor; porque no hay ninguno fuera de ti” (1 S 2:2). Por eso el cielo no canta tres veces “eterno” ni “poderoso”, sino “Santo, santo, santo” (Is 6:3; Ap 4:8). Esa santidad califica cada atributo: su brazo es santo, su justicia lo muestra santo, jura por su santidad y perdona porque es “Dios y no hombre” (Os 11:9). El trono que vio Isaías es el de Cristo (Jn 12:41), la gloria de Dios brilla en su rostro (2 Co 4:6), en él habita toda la plenitud (Col 2:9) y él nos ha sido hecho santificación (1 Co 1:30).
| Mirada | Aporte al atributo |
|---|---|
| Hebrea | qadosh: lo apartado; la triple aclamación; la pregunta “¿quién como tú?”; la tierra santa de la zarza; la santidad como alteridad que perdona (Os 11:9). |
| Teológica | Solo Dios es santo en sí mismo; su santidad se ve en la ley y en la cruz; rechaza el mal; nadie se acerca por mérito propio; pide reverencia. |
| Paulina | El Mesías declarado Hijo “según el Espíritu de santidad”; la gloria del Santo en el rostro de Cristo; la expiación en la cruz; Cristo, nuestra santificación. |
Glosario
(אֲדֹנָי). “Señor”. Título de soberanía; también la lectura judía del tetragrama.
(ἁγιασμός). Santificación: estado y proceso de ser apartado para Dios.
(ἁγιωσύνη). Santidad como cualidad. En el Nuevo Testamento, solo en Pablo.
(ἱλαστήριον). Propiciatorio o propiciación (Ro 3:25); en la Septuaginta, la tapa del arca.
(חֹל). Lo profano o común; lo que no está consagrado.
(כַּפֹּרֶת). Tapa del arca del pacto, el propiciatorio.
(כָּבוֹד). Gloria; de una raíz que significa “ser pesado”.
(כִּפֶּר). Expiar, cubrir la culpa.
(קָדוֹשׁ). Santo, apartado para Dios.
(קֹדֶשׁ). Santidad; lo sagrado.
(שְׂרָפִים). “Los ardientes”, seres celestiales de Is 6:2.
(יהוה). El nombre propio de Dios; en esta obra, Señor.
La triple aclamación “Santo, santo, santo” (Is 6:3; Ap 4:8).
(צְבָאוֹת). “Ejércitos”; las huestes del cielo.
(צוּר). Roca; imagen de estabilidad y amparo (1 S 2:2).
Referencias 14
Bauer, W., Danker, F. W., Arndt, W. F., & Gingrich, F. W. (2000). A Greek-English lexicon of the New Testament and other early Christian literature (3.ª ed.). University of Chicago Press.
Biblia Reina-Valera 1960. (1960). Sociedades Bíblicas en América Latina.
Charnock, S. (1996). The existence and attributes of God (Vols. 1–2). Baker Books. (Obra original publicada en 1682)
Dunn, J. D. G. (1998). The theology of Paul the apostle. Eerdmans.
Elliger, K., & Rudolph, W. (Eds.). (1997). Biblia Hebraica Stuttgartensia (5.ª ed.). Deutsche Bibelgesellschaft.
Hays, R. B. (1989). Echoes of Scripture in the letters of Paul. Yale University Press.
Koehler, L., & Baumgartner, W. (2001). The Hebrew and Aramaic lexicon of the Old Testament (M. E. J. Richardson, Trad.; Ed. de estudio). Brill.
Moo, D. J. (1996). The epistle to the Romans. Eerdmans.
Nestle, E., & Aland, K. (2012). Novum Testamentum Graece (28.ª ed.). Deutsche Bibelgesellschaft.
Oswalt, J. N. (1986). The book of Isaiah: Chapters 1–39. Eerdmans.
Otto, R. (1980). Lo santo: Lo racional y lo irracional en la idea de Dios (F. Vela, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1917)
Pink, A. W. (2020). Los atributos de Dios. Chapel Library. (Obra original publicada en 1930)
Rahlfs, A., & Hanhart, R. (Eds.). (2006). Septuaginta (Ed. rev.). Deutsche Bibelgesellschaft.
Shemot Rabá [3:6]. (s.f.). Sefaria. https://www.sefaria.org