La preexistencia de Dios

“YO SOY EL QUE SOY” (Éx 3:14)

Atributos de Dios
Antes de que existiera algo, Dios ya era.
Fecha de publicación

21 de octubre de 2026

Antes de que existiera algo, Dios ya era. Este capítulo estudia la preexistencia de Dios, es decir, que Dios existe por sí mismo y no depende de nada. Parte del Nombre revelado a Moisés en la zarza, Ehyeh asher ehyeh, “YO SOY EL QUE SOY” (Éx 3:14), y recorre después el vocabulario hebreo y griego con que la Escritura dice “antes” de Dios: béterem, miqqédem, ani hu, pro katabolés kósmou. Sobre esa base define el atributo en tres rasgos (preexistencia, existencia por sí mismo y autosuficiencia), lo relaciona con la eternidad y con la presciencia, y desarrolla su autosuficiencia: antes de la creación, Dios era completo y nada le faltaba. Un encuentro en la historia de Israel (los dioses de Babilonia cargados sobre bestias frente al Dios que carga a su pueblo, Is 46) y la mirada del judaísmo (“antes de que el mundo fuese creado, existían solo el Santo, bendito sea, y su Nombre”; “yo fui, yo soy, yo seré”; Maimónides; el Adon Olam; Qumrán) preparan la lectura de Cristo con Pablo: “Antes que Abraham fuese, yo soy” (Jn 8:58), la gloria y el amor que el Hijo tenía con el Padre antes de la fundación del mundo (Jn 17:5, 24), Cristo “antes de todas las cosas” (Col 1:17) y el Dios que “no necesita de nada” (Hch 17:25). El capítulo cierra con la preexistencia como atributo incomunicable y con lo que significa vivir sostenidos por él.

Palabras clave: preexistencia, aseidad, autosuficiencia, Ehyeh, ani hu, ego eimí, presciencia, comunión del Padre y el Hijo.

Nota sobre el texto

Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1960. Donde esta escribe “Jehová”, aquí se escribe Señor, que traduce el tetragrama יהוה, leído en la tradición judía como Adonay. El hebreo sigue la BHS; el griego, NA28 y la Septuaginta de Rahlfs-Hanhart. Las fuentes judías (Talmud, midrash, Targum, Maimónides, liturgia) se citan desde Sefaria, y los textos de Qumrán, desde las ediciones de García Martínez (1992) y Vermes (2004); todo lo que es interpretación se marca como precisión. Cuando la numeración hebrea difiere de la española, se da entre corchetes.

Antes que todo

Toda criatura tiene un antes. Los montes tuvieron un día en que no existían, y lo mismo vale del sol, del mar y del ser humano. La pregunta de este capítulo es la más antigua que puede hacerse: ¿qué había antes de todo? La Escritura responde con un Nombre. Antes de que hubiera montes, tierra o mundo, ya estaba Dios:

בְּטֶרֶם הָרִים יֻלָּדוּ וַתְּחוֹלֵל אֶרֶץ וְתֵבֵל
וּמֵעוֹלָם עַד־עוֹלָם אַתָּה אֵל

Antes que naciesen los montes Y formases la tierra y el mundo, Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.

(Sal 90:2)

El material de la serie define el atributo en una línea: Dios existe por sí mismo y no depende de nada. Esa frase encierra tres afirmaciones, y el capítulo las sigue en ese mismo orden:

Rasgo Pregunta Textos centrales
Preexistencia ¿Qué había antes de todo? Dios. Sal 90:2; Is 44:6; Jn 1:1
Existencia por sí mismo ¿De dónde viene Dios? De nadie: es. Éx 3:14; Jn 5:26
Autosuficiencia ¿Qué le falta a Dios? Nada. Sal 50:12; Job 41:11; Hch 17:25

Tabla 1. Los tres rasgos del atributo. Nota. Elaboración propia a partir de la definición del material de la serie.

El verso que recorre toda esta obra pide gloriarse en “entenderme y conocerme, que yo soy Señor” (Jer 9:24 [9:23]). Conocer a alguien empieza por saber de dónde viene, y con Dios esa pregunta recibe una respuesta que no vale para nadie más: no viene de ningún lugar ni de nadie. Todo lo demás viene de él.

Texto ancla: Éxodo 3:13–15

Una zarza que no se consume

Moisés apacienta las ovejas de su suegro en Horeb, “monte de Dios”, cuando ve algo que no puede explicar:

וְהִנֵּה הַסְּנֶה בֹּעֵר בָּאֵשׁ וְהַסְּנֶה אֵינֶנּוּ אֻכָּל

Y se le apareció el Angel de Señor en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía.

(Éx 3:2)

Todo fuego de este mundo depende de algo: necesita leña y se apaga en cuanto la consume. Este, en cambio, arde y la zarza sigue entera. Moisés se acerca para ver “por qué causa la zarza no se quema” (3:3), y es desde ese fuego que Dios le habla.

Precisión

Leer la zarza como imagen de un Dios que no depende de combustible es una lectura propia de esta serie. El texto mismo subraya el asombro de Moisés y la santidad del lugar (3:5), y la tradición judía leyó la zarza de otras maneras, por ejemplo como figura de Israel, que sufre en Egipto sin ser destruido.

“¿Cuál es su nombre?”

Dios envía a Moisés a Faraón y le da una primera promesa: “yo estaré contigo” (3:12). Moisés anticipa la pregunta que le hará el pueblo:

Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?

(Éx 3:13)

En Israel el nombre dice quién es alguien. Un esclavo en Egipto había oído los nombres de muchos dioses, cada uno con su templo, su ciudad y su función; lo que Moisés pide es el Nombre que distinga a este Dios de todos ellos.

“YO SOY EL QUE SOY”

וַיֹּאמֶר אֱלֹהִים אֶל־מֹשֶׁה אֶהְיֶה אֲשֶׁר אֶהְיֶה
וַיֹּאמֶר כֹּה תֹאמַר לִבְנֵי יִשְׂרָאֵל אֶהְיֶה שְׁלָחַנִי אֲלֵיכֶם

Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.

(Éx 3:14)

Filología: Éx 3:14

אֶהְיֶה ehyeh היה primera persona del imperfecto (qal) de hayá, “ser, existir, llegar a ser, estar presente”. El imperfecto hebreo no marca un tiempo fijo: puede traducirse “soy”, “seré” o “estaré”.
אֲשֶׁר asher — relativo: “el que”, “lo que”. La fórmula se cierra sobre sí misma: Dios se define por Dios.
אֶהְיֶה שְׁלָחַנִי ehyeh shelajani שׁלח “Ehyeh me envió”: el verbo se vuelve Nombre propio.
ἐγώ εἰμι ὁ ὤν εἰμί la Septuaginta traduce “Yo soy el que es” (ὁ ὤν, participio de “ser”), y luego “ὁ ὤν me envió”.

La misma forma ehyeh había aparecido dos versículos antes: כִּי־אֶהְיֶה עִמָּךְ, “yo estaré contigo” (3:12). El Dios que es por sí mismo es también el Dios que está con su siervo, y el texto no obliga a elegir entre existencia y presencia: el Dios que no depende de nadie es precisamente el que baja a librar a un pueblo que depende de todo (3:7–8).

Precisión

La traducción de ehyeh asher ehyeh se discute. “Yo soy el que soy” subraya el ser, y así la entienden la LXX y la RVR1960; “Seré el que seré” o “Estaré como el que estaré” subraya la presencia fiel en la historia y se apoya en 3:12 (HALOT). Esta serie sostiene que el hebreo permite ambas lecturas y que el contexto las une. La lectura judía tradicional, como se verá en la sección 8, insiste en la presencia.

El Nombre para siempre

זֶה־שְּׁמִי לְעֹלָם וְזֶה זִכְרִי לְדֹר דֹּר

Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Señor, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos.

(Éx 3:15)

En el v. 14 Dios dice Ehyeh, “Yo soy”; en el v. 15 entrega el Nombre יהוה, que Israel pronunciará en tercera persona. Puestos uno junto al otro, el tetragrama se escucha como “Él es”. Y ese Nombre queda vinculado a Abraham, Isaac y Jacob: el Dios que existía antes de los patriarcas es el mismo que se ató a ellos con un pacto.

Precisión

Relacionar יהוה con el verbo hayá (en su forma antigua hawá) es la explicación que sugiere el propio texto al poner Éx 3:14 y 3:15 uno junto al otro; el origen exacto del Nombre sigue discutiéndose en la investigación (HALOT). La pronunciación original no se conserva, y la tradición judía lee Adonay.

La palabra: decir “antes” de Dios

Una idea sin sustantivo

La palabra “preexistencia” no aparece en la Biblia. El hebreo no forma sustantivos abstractos para hablar de Dios; lo dice con verbos, pronombres y adverbios de tiempo. Por eso el atributo no se reconoce en un término, sino en un conjunto de expresiones que vuelven una y otra vez:

Expresión Veces Sentido y traducción RVR1960 Textos
אֶהְיֶה ehyeh 51 “seré, estaré”; en Éx 3:14, “YO SOY” Éx 3:12, 14; Pr 8:30
אֲנִי הוּא ani hu 8 “yo soy”, “yo mismo”, “yo era” Dt 32:39; Is 41:4; 43:10, 13; 46:4; 48:12
בְּטֶרֶם béterem 45 “antes que” (pocas veces de Dios) Sal 90:2; Pr 8:25; Jer 1:5
מִקֶּדֶם miqqédem, אֱלֹהֵי קֶדֶם 24; 1 “desde el principio”, “desde la antigüedad”; “el eterno Dios” Dt 33:27; Is 46:10; Mi 5:2; Hab 1:12
רִאשׁוֹן y אַחֲרוֹן 3 “el primero… el postrero” Is 41:4; 44:6; 48:12
מֵעוֹלָם עַד־עוֹלָם 6 “desde el siglo y hasta el siglo”, “desde la eternidad hasta la eternidad” Sal 90:2; 103:17; Neh 9:5
πρὸ καταβολῆς κόσμου 3 “antes de la fundación del mundo” Jn 17:24; Ef 1:4; 1 P 1:20
ἀπὸ καταβολῆς κόσμου 6 “desde la fundación del mundo” Mt 25:34; Ap 13:8
πρὸ χρόνων αἰωνίων; πρὸ τῶν αἰώνων 2; 1 “antes de los tiempos de los siglos”; “antes de los siglos” 2 Ti 1:9; Tit 1:2; 1 Co 2:7
πρὸ πάντων 1 “antes de todas las cosas” (de Cristo) Col 1:17
πρὶν Ἀβραὰμ γενέσθαι 1 “antes que Abraham fuese” Jn 8:58
ἐγώ εἰμι absoluto 7 “yo soy”, sin predicado Jn 8:24, 28, 58; 13:19; 18:5, 6, 8
προγινώσκω; πρόγνωσις 5; 2 “conocer antes”; “anticipado conocimiento” Hch 2:23; Ro 8:29; 1 P 1:20
προσδέομαι 1 “necesitar de algo” (negado de Dios) Hch 17:25

Tabla 2. El espectro de la preexistencia. Nota. Conteo propio con la BHS y NA27 con números Strong; la RVR1960 sin títulos de sección. En miqqédem el conteo incluye el sentido local “al oriente”; en ani hu, 1 Cr 21:17, donde lo dice David.

Precisión

Los conteos son propios y conviene verificarlos en una concordancia (e-Sword). Las cifras de ehyeh y béterem incluyen todas las apariciones, aunque la mayoría no habla de Dios; se dan así para mostrar que el lenguaje es ordinario y que lo extraordinario es el sujeto. En ego eimí se cuentan solo los usos absolutos de Juan; con predicado (“yo soy el pan”, “la luz”, “la puerta”) la fórmula aparece muchas más veces.

Ani hu: “Yo soy”

La expresión más cercana a Éx 3:14 es אֲנִי הוּא, literalmente “yo (soy) él”. Dios la pronuncia en el Cántico de Moisés y en Isaías 40–48, y siempre frente a dioses que no existían antes ni existirán después:

כִּי־אֲנִי הוּא לְפָנַי לֹא־נוֹצַר אֵל וְאַחֲרַי לֹא יִהְיֶה

Vosotros sois mis testigos, dice Señor, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí.

(Is 43:10)

Filología: Is 43:10 y 43:13

אֲנִי הוּא ani hu — “yo (soy) él”: frase nominal sin verbo. La LXX la traduce ἐγώ εἰμι.
לְפָנַי לֹא־נוֹצַר אֵל יצר “antes de mí no fue formado dios”: yatsar es el verbo del alfarero (Gn 2:7). Todo dios “formado” tiene un antes; Dios no.
גַּם־מִיּוֹם אֲנִי הוּא יום “aun antes que hubiera día, yo era” (43:13, RVR1960); literalmente “también desde el día, yo soy él”.

Israel es llamado “testigo” de este Dios porque lo conoce y cree en él (וְתַאֲמִינוּ, veta’aminu, de la raíz amán). Y la frase con que la Septuaginta traduce estos textos, ἐγώ εἰμι, será la misma que Jesús pronuncie en el Evangelio de Juan (sección 9.1).

Figura 1. Del Nombre a Jesús. Nota. Elaboración propia.

Béterem: antes que

בְּטֶרֶם (béterem) es una palabra común: “antes de que” llegara alguien, “antes de que” se acostaran (Gn 19:4). Aplicada a Dios, sin embargo, abre un tiempo en el que solo él estaba. Así la usa Sal 90:2: antes de los montes, “tú eres Dios”. Conviene notar que el salmista no escribe “tú eras”; אַתָּה אֵל (atá El) carece de verbo, como si Dios no tuviera pasado. Jeremías, por su parte, aplica la misma palabra al plan de Dios sobre una persona:

בְּטֶרֶם אֶצָּרְךָ בַבֶּטֶן יְדַעְתִּיךָ

Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.

(Jer 1:5)

Filología: Jer 1:5

בְּטֶרֶם béterem — “antes que”: el conocimiento de Dios precede a la existencia del profeta.
אֶצָּרְךָ etsorjá יצר “te formase”: el verbo del alfarero (Gn 2:7; Is 43:10).
יְדַעְתִּיךָ yedatija ידע “te conocí”: conocer en hebreo es relación y elección, no solo información (Gn 18:19; Am 3:2).

El mismo libro que pide “conocerme” (Jer 9:24) comienza afirmando que Dios conoció primero. Aquí la preexistencia toca la presciencia: Dios conoce antes porque es antes.

Miqqédem: desde siempre

קֶדֶם (qédem) significa “lo que está delante”: en el espacio, el oriente, por donde sale el sol; en el tiempo, lo antiguo, lo que está “antes”. Con esta raíz Moisés llama a Dios אֱלֹהֵי קֶדֶם, “el eterno Dios” (Dt 33:27), y con ella Habacuc pregunta en medio de la crisis:

הֲלוֹא אַתָּה מִקֶּדֶם יְהוָה אֱלֹהַי קְדֹשִׁי לֹא נָמוּת

¿No eres tú desde el principio, oh Señor, Dios mío, Santo mío? No moriremos. Oh Señor, para juicio lo pusiste; y tú, oh Roca, lo fundaste para castigar.

(Hab 1:12)

La pregunta del profeta lleva consigo una consecuencia: si Dios es “desde el principio”, su pueblo “no morirá”. La preexistencia de Dios, lejos de ser un dato frío, es el fundamento de la esperanza de quien depende de él.

“¿Quién me ha dado a mí primero?”

También la autosuficiencia tiene su vocabulario propio. Dios pregunta en Job:

מִי הִקְדִּימַנִי וַאֲשַׁלֵּם תַּחַת כָּל־הַשָּׁמַיִם לִי־הוּא

¿Quién me ha dado a mí primero, para que yo restituya? Todo lo que hay debajo del cielo es mío.

(Job 41:11 [41:3])

אִם־אֶרְעַב לֹא־אֹמַר לָךְ כִּי־לִי תֵבֵל וּמְלֹאָהּ

Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; Porque mío es el mundo y su plenitud.

(Sal 50:12)

Filología: Job 41:11 y Sal 50:12

הִקְדִּימַנִי hiqdimani קדם “se me adelantó”, “me dio primero”: hifil de la misma raíz de qédem. Nadie puede llegar antes que Dios para dejarlo en deuda.
וַאֲשַׁלֵּם va’ashalém שׁלם “para que yo pague, restituya”.
אִם־אֶרְעַב im er’av רעב “si tuviera hambre”: condición irreal. Los sacrificios no alimentan a Dios (50:13).

Job 41:11 reúne así los dos rasgos en una sola raíz: Dios es qédem, el que está antes, y por eso nadie se le adelanta (hiqdim). Pablo citará este versículo en Ro 11:35 (sección 9.4).

El Nombre que revela la preexistencia

En la Escritura el nombre de Dios revela lo que él es. Moisés pidió el Nombre en la zarza y recibió Ehyeh, “YO SOY” (Éx 3:14), el texto ancla de este capítulo, al que el libro volverá desde la eternidad de Dios. Hay, además, un título con el que Dios dice de manera particular que está antes de todo: “el primero”.

“Yo soy el primero, y yo soy el postrero”

כֹּה־אָמַר יְהוָה מֶלֶךְ־יִשְׂרָאֵל וְגֹאֲלוֹ יְהוָה צְבָאוֹת
אֲנִי רִאשׁוֹן וַאֲנִי אַחֲרוֹן וּמִבַּלְעָדַי אֵין אֱלֹהִים

Así dice Señor Rey de Israel, y su Redentor, Señor de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios.

(Is 44:6)

Filología: Is 44:6

אֲנִי רִאשׁוֹן ani rishón ראשׁ “yo (soy) primero”. Rishón viene de rosh, “cabeza”: el que encabeza. De la misma raíz es reshit, “principio” (Gn 1:1).
וַאֲנִי אַחֲרוֹן va’ani ajarón אחר “y yo (soy) último”: el que queda cuando todo lo demás pasó.
וּמִבַּלְעָדַי אֵין אֱלֹהִים בלעד “y fuera de mí no hay Dios”: el título es exclusivo.
גֹּאֲלוֹ go’aló גאל “su Redentor”: el Primero es también el pariente que rescata.

Isaías repite el título tres veces, y siempre frente a los ídolos y al exilio: “Yo Señor, el primero, y yo mismo con los postreros” (41:4); “Yo mismo, yo el primero, yo también el postrero” (48:12). Dios no encabeza una lista de seres que vinieron después de él al mismo nivel; es el primero porque todo lo demás procede de él, y el último porque nada lo sobrevive. El título, además, aparece unido a “Redentor”: el que está antes de todo se ató a Israel para rescatarlo.

“El Alfa y la Omega”

El Apocalipsis traslada el título al alfabeto griego. Dios lo dice de sí mismo:

Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.

(Ap 1:8)

y Cristo lo dice de sí mismo con las palabras de Isaías:

Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último.

(Ap 1:17)

Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.

(Ap 22:13)

Filología: Ap 1:8, 17; 22:13

τὸ ἄλφα καὶ τὸ ὦ — “el Alfa y la Omega”: la primera y la última letra; todo lo que se puede decir está entre las dos.
ὁ πρῶτος καὶ ὁ ἔσχατος πρῶτος “el primero y el último”: traducción de רִאשׁוֹן y אַחֲרוֹן de Is 44:6.
ἡ ἀρχὴ καὶ τὸ τέλος ἀρχή “el principio y el fin”: origen y meta.

Lo que en Isaías era título exclusivo del Señor (“fuera de mí no hay Dios”) lo pronuncia Jesús en el Apocalipsis: el título del Dios que está antes de todo pasa sin cambios al Hijo.

Precisión

El paso del título de Dios (Ap 1:8; 21:6) a Cristo (Ap 1:17; 22:13) lo analiza Bauckham (1993). La tradición rabínica leyó la misma idea en las letras de emet: álef, la primera; tav, la última (véase el capítulo sobre la verdad).

Pablo: “él que es el principio”

Pablo no usa la fórmula del Apocalipsis, pero da a Cristo el mismo lugar con otra palabra:

y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia.

(Col 1:18)

ὅς ἐστιν ἀρχή, “que es (el) principio”, sigue inmediatamente a “él es antes de todas las cosas” (1:17). Para Pablo, Cristo es principio de la creación y principio de la nueva creación: el primero antes de todo y el primero en salir de la muerte. Y la confesión entera desemboca en el Nombre: Dios “le dio un nombre que es sobre todo nombre”, para que toda lengua confiese “que Jesucristo es el Señor” (Flp 2:9–11), con las palabras que Isaías reservaba al Señor (Is 45:23).

Definición

La preexistencia de Dios es la perfección eterna por la cual Dios existe antes de todas las cosas, por sí mismo y sin depender de nada. Nadie le dio el ser, nadie lo sostiene y nada le falta; todo lo que existe recibe de él vida, aliento y todas las cosas (Éx 3:14; Sal 90:2; Hch 17:24–25).

Rasgo Qué afirma Textos
Antes de todo cuando nada existía, Dios era Sal 90:2; Is 43:10; Jn 1:1
Por sí mismo su ser no viene de otro: “YO SOY” Éx 3:14; Jn 5:26
Sin necesidad no necesita alimento, templo ni ayuda Sal 50:12; Hch 17:25
Sin deuda nadie le dio primero Job 41:11; Ro 11:35
Fuente de todo todo recibe de él el ser Neh 9:6; Ro 11:36; Ap 4:11
Con un plan previo conoce y decide antes de crear Is 46:10; Jer 1:5; Ef 1:4

Tabla 3. Rasgos de la preexistencia. Nota. Elaboración propia.

Precisión

La teología clásica llama a este atributo aseidad (del latín a se, “por sí mismo”) o independencia de Dios (Berkhof, 1938; Grudem, 2007). El material de la serie prefiere “preexistencia” y “autosuficiencia”. Este capítulo emplea los tres términos como complementarios: preexistencia mira al antes, aseidad al origen y autosuficiencia a la necesidad.

Clasificación. La preexistencia pertenece a los atributos del Ser, los que responden a “¿qué es Dios?”, y abre la serie porque todos los demás la suponen: un Dios que dependiera de algo tendría una santidad, un poder o un amor prestados. Es, además, un atributo incomunicable, pues ninguna criatura existe por sí misma. Solo el Hijo tiene “vida en sí mismo”, y la tiene porque el Padre se la dio desde siempre (Jn 5:26).

Preexistencia y eternidad

La preexistencia y la eternidad se tocan, pero no son lo mismo. La eternidad afirma que Dios no tiene principio ni fin y que el tiempo no lo mide (Sal 90:4; 102:27); será el tema del capítulo sobre el Dios eterno. La preexistencia, en cambio, mira solo hacia atrás desde la creación: antes del primer día, Dios ya era. Sal 90:2 reúne ambas ideas en un solo verso: “antes que naciesen los montes” expresa la preexistencia; “desde el siglo y hasta el siglo”, la eternidad.

Preexistencia y presciencia

Si Dios existía antes de todo, también su conocimiento y su decisión son anteriores a todo: “anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá” (Is 46:10). La creación no lo tomó por sorpresa ni lo obligó a improvisar. Antes de que el mundo existiera, Dios ya conocía a Jeremías (Jer 1:5), ya había escogido a su pueblo “en él” (Ef 1:4) y ya había destinado al Cordero (1 P 1:20).

Figura 2. Antes de la creación y en la historia. Nota. Elaboración propia.

Teología: el Dios que no necesita nada

La Escritura no empieza explicando a Dios, sino con Dios: “En el principio creó Dios” (Gn 1:1). Antes de ese principio no había cielo ni tierra, ni ángeles ni universo; solo Dios. La pregunta teológica que abre el atributo es qué clase de existencia era esa. ¿Estaba Dios incompleto, a la espera de algo que la creación vendría a darle? La Escritura responde que no: el que se nombra “YO SOY EL QUE SOY” (Éx 3:14) no recibe su ser de otro ni lo completa con otro. Pink lo formula así: durante la eternidad pasada Dios estaba “completo, autosuficiente, satisfecho de Sí mismo y sin necesidad de nada” (Pink, 2020, cap. 1). Esa plenitud, sin embargo, no fue soledad, sino la gloria y el amor que el Hijo tenía con el Padre “antes que el mundo fuese” (Jn 17:5), como se verá más adelante en este capítulo. De ella se siguen tres consecuencias que la Escritura despliega.

La creación fue libre

Si el universo le hubiera sido necesario a Dios, habría existido desde siempre junto a él, como una parte de su ser. La Escritura lo presenta de otro modo: la creación es fruto de una decisión. Dios “hace todas las cosas según el designio de su voluntad” (Ef 1:11), y los ancianos del Apocalipsis lo confiesan delante del trono: “por tu voluntad existen y fueron creadas” (Ap 4:11). Crear no añadió nada a su gloria esencial, porque él no cambia: “Porque yo Señor no cambio” (Mal 3:6). El mundo existe porque Dios quiso que existiera, no porque lo necesitara.

Nada le añade

Si nada le falta, nada puede añadírsele, y esto vale incluso para lo más alto que la criatura puede ofrecer, que es la adoración. Los levitas del tiempo de Nehemías bendicen el Nombre de Dios y, en la misma frase, confiesan que está “alto sobre toda bendición y alabanza” (Neh 9:5). Eliú traslada el argumento al terreno moral: “Si fueres justo, ¿qué le darás a él?” (Job 35:7). El salmo pone la misma verdad en boca de Dios: “Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; porque mío es el mundo y su plenitud” (Sal 50:12), y Pablo la predica en Atenas: Dios no “es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo” (Hch 17:25). La adoración, por tanto, no enriquece a Dios; es la respuesta de la criatura a una plenitud que ya existía antes de ella.

Nadie lo pone en deuda

Si todo lo que la criatura tiene viene de Dios, nadie puede ponerlo bajo obligación. Dios mismo lo plantea en Job: “¿Quién me ha dado a mí primero, para que yo restituya? Todo lo que hay debajo del cielo es mío” (Job 41:11), y Pablo cierra con ese mismo versículo su exposición del plan de Dios con Israel y con las naciones: “¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado?” (Ro 11:35). Lo que el hombre da a Dios ya era de Dios; por eso la relación con él no puede fundarse en el mérito, sino en la gracia. Isaías lleva la comparación a la escala de la historia:

He aquí que las naciones le son como la gota de agua que cae del cubo, y como menudo polvo en las balanzas le son estimadas; he aquí que hace desaparecer las islas como polvo. Ni el Líbano bastará para el fuego, ni todos sus animales para el sacrificio. Como nada son todas las naciones delante de él; y en su comparación serán estimadas en menos que nada, y que lo que no es. ¿A qué, pues, haréis semejante a Dios, o qué imagen le compondréis?

(Is 40:15–18)

El profeta no rebaja a las naciones para despreciarlas, sino para medir a Dios: todo lo que existe pesa ante él lo que una gota que cae del cubo, y aun así es él quien lo sostiene. Pink condensa el cuadro en una fórmula: Dios “lo sostiene todo, pero es independiente de todo. Él da a todos, pero de ninguno se enriquece” (Pink, 2020, cap. 1). Pablo, por su parte, le da forma de doxología al cerrar su primera carta a Timoteo: el “solo Soberano”, “el único que tiene inmortalidad” (1 Ti 6:15–16).

Precisión

Sal 16:2 se ha leído como palabras de Cristo a partir de la RV1909 (“mi bien a ti no aprovecha”; así Pink, 2020, cap. 1). La RVR1960 traduce el hemistiquio de otro modo (“No hay para mí bien fuera de ti”), y el hebreo טוֹבָתִי בַּל־עָלֶיךָ es difícil; por eso no se usa aquí como prueba.

Un conocimiento anterior a todo

Si Dios es antes de todo, también lo son su conocimiento y su consejo: “anuncio lo por venir desde el principio… Mi consejo permanecerá” (Is 46:10). Cuando el Nuevo Testamento habla de ese conocimiento previo, su objeto no son acciones sino personas, como observa Pink (2020, cap. 4). Cristo fue “entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios” (Hch 2:23); Dios predestinó “a los que antes conoció” (Ro 8:29) y no desechó “a su pueblo, al cual desde antes conoció” (Ro 11:2); los creyentes, en fin, son “elegidos según la presciencia de Dios Padre” (1 P 1:2). Es lo mismo que Dios había dicho a Jeremías: “Antes que te formase en el vientre te conocí” (Jer 1:5). El Dios que existe antes de todo conoce a las personas antes de que existan, y ese conocimiento no es mera previsión: descansa en su propósito, pues “Dios previamente conoce lo que será porque Él ha decretado lo que será” (Pink, 2020, cap. 4).

Precisión

La relación entre presciencia y elección es un debate abierto entre los autores; la de Pink es una de las lecturas posibles. Lo que este capítulo toma de ella es la observación textual: el Dios que existe antes de todo conoce personas antes de que existan. Al Dios omnisciente se le dedicará su propio capítulo.

Un encuentro en la historia de Israel: los dioses que hay que cargar

En el siglo VI a. e. c., Judá vive el exilio en Babilonia, y los dioses del imperio parecen victoriosos: Bel y Nebo tienen templos, sacerdotes y procesiones. Isaías describe el día en que esos mismos dioses tendrán que huir:

Se postró Bel, se abatió Nebo; sus imágenes fueron puestas sobre bestias, sobre animales de carga; esas cosas que vosotros solíais llevar son alzadas cual carga, sobre las bestias cansadas. Fueron humillados, fueron abatidos juntamente; no pudieron escaparse de la carga, sino que tuvieron ellos mismos que ir en cautiverio.

(Is 46:1–2)

Los dioses de Babilonia dependen de todo: del platero que los fabrica (46:6), de los hombros que los cargan, de las bestias que se cansan. Si nadie los lleva, no se mueven (46:7). Frente a ellos, el Dios de Israel habla así:

וְעַד־זִקְנָה אֲנִי הוּא וְעַד־שֵׂיבָה אֲנִי אֶסְבֹּל
אֲנִי עָשִׂיתִי וַאֲנִי אֶשָּׂא וַאֲנִי אֶסְבֹּל וַאֲמַלֵּט

Oídme, oh casa de Jacob, y todo el resto de la casa de Israel, los que sois traídos por mí desde el vientre, los que sois llevados desde la matriz. Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo; yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré.

(Is 46:3–4)

Filología: Is 46:1–4

נְשֻׂאֹתֵיכֶם nesu’otejem נשׂא “lo que vosotros cargabais” (46:1): los ídolos son carga.
הַנְּשֻׂאִים מִנִּי־רָחַם נשׂא “los llevados desde la matriz” (46:3): Israel es cargado por Dios. El mismo verbo, en dirección contraria.
אֲנִי הוּא ani hu — “yo mismo” (46:4): el Dios que no cambia con los años de su pueblo.
אֶסְבֹּל esbol סבל “soportaré”: llevar un peso a cuestas, como un cargador.

El texto opone dos religiones: en una, el ser humano carga a su dios; en la otra, Dios carga al ser humano desde que nace hasta que envejece. Solo el Dios que no depende de nadie puede sostener a todos. Unos versículos más adelante, Isaías une esa autosuficiencia con la presciencia:

מַגִּיד מֵרֵאשִׁית אַחֲרִית וּמִקֶּדֶם אֲשֶׁר לֹא־נַעֲשׂוּ
אֹמֵר עֲצָתִי תָקוּם וְכָל־חֶפְצִי אֶעֱשֶׂה

Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero.

(Is 46:9–10)

“Desde el principio” (מֵרֵאשִׁית, mereshit) es la misma palabra con que abre Gn 1:1 (bereshit). Dios pudo anunciar el final desde el principio porque estaba antes del principio. En el versículo siguiente llama “desde el oriente al ave” (46:11), un rey extranjero que libraría a los cautivos, y la historia confirmó la palabra: Babilonia cayó y los exiliados volvieron.

Precisión

Bel es el título de Marduk, dios principal de Babilonia, y Nebo (Nabu) era su hijo; sus imágenes salían en procesión en las fiestas del año nuevo. El “ave” del oriente se identifica con Ciro de Persia (Is 44:28; 45:1), que tomó Babilonia en 539 a. e. c. (Oswalt, 1998). La lectura de Is 46 como “encuentro” que revela la preexistencia es propia de esta serie.

La preexistencia en el judaísmo

“Solo el Santo y su Nombre”

El midrash Pirqé de Rabí Eliézer abre su relato de la creación con una frase que resume este capítulo:

עַד שֶׁלֹּא נִבְרָא הָעוֹלָם הָיָה הַקָּדוֹשׁ בָּרוּךְ הוּא וּשְׁמוֹ הַגָּדוֹל בִּלְבַד

“Antes de que el mundo fuese creado, existían solo el Santo, bendito sea, y su gran Nombre” (Pirqé de Rabí Eliézer 3). El midrash agrega enseguida que “subió a su pensamiento crear el mundo”: la creación nace de una decisión, no de una necesidad.

Precisión

Interpretación rabínica (midrash de época medieval temprana), según Sefaria. Que el Nombre estuviera “con” Dios antes del mundo no supone, en el midrash, un segundo ser; es la manera de decir que Dios ya era quien habría de revelarse a Moisés.

“Yo fui, yo soy, yo seré”

El Midrash Shemot Rabá (3:6) recoge varias lecturas de Éx 3:14. Rabí Yitsjac explica por qué ehyeh aparece tres veces en el versículo: Dios encargó a Moisés que dijera a Israel

אֲנִי שֶׁהָיִיתִי וַאֲנִי הוּא עַכְשָׁו וַאֲנִי הוּא לֶעָתִיד לָבֹא

“yo soy el que fui, y yo soy ahora, y yo soy en el porvenir”. El mismo pasaje, en nombre de Rabí Abba bar Mamal, enseña que Dios es llamado según sus obras (לְפִי מַעֲשַׂי אֲנִי נִקְרָא): juez cuando juzga, Elohim; misericordioso cuando se compadece, Señor. Así, el Nombre de Éx 3:14 reúne todos los tiempos y todas las obras.

“Estaré con ellos”

El Talmud lee Éx 3:14 como promesa de presencia. Dios dijo a Moisés: “Ve y diles a Israel: yo estuve con vosotros en esta servidumbre, y estaré con vosotros en la servidumbre de los reinos”. Moisés replica que basta con la angustia de cada hora, y Dios accede: que les diga solo “Ehyeh me envió” (Berajot 9b). Rashi lo resume en una frase: אֶהְיֶה עִמָּם בְּצָרָה זוֹ, “estaré con ellos en esta angustia” (Rashi a Éx 3:14).

Precisión

Interpretaciones rabínicas, según Sefaria (Talmud de Babilonia, edición William Davidson; Rashi). Para la tradición judía, el Nombre de la zarza es menos una definición del ser de Dios que una promesa de compañía. Esta lectura coincide con Éx 3:12 (“yo estaré contigo”) y equilibra la de la Septuaginta.

El Targum: “el que es y el que fue”

Los targumim palestinos, las traducciones arameas que se leían en la sinagoga, amplían el Nombre con los tiempos del verbo. El Targum Pseudo-Jonatán traduce Éx 3:14 como “el que es y el que será”, y en Dt 32:39 pone en boca de Dios: “Yo soy el que es y el que fue, y yo soy el que será”. Ese mismo lenguaje reaparece en el Apocalipsis: “el que es y que era y que ha de venir” (Ap 1:4, 8).

Precisión

Paráfrasis targúmicas citadas según Bauckham (1993), quien propone que la fórmula del Apocalipsis depende de esta interpretación judía del Nombre y no de la filosofía griega. La redacción del Pseudo-Jonatán es tardía, aunque recoge tradiciones antiguas; conviene cotejar el texto arameo en Sefaria.

Maimónides: el primer existente

La Mishné Torá de Maimónides (s. XII) comienza precisamente con este atributo:

יְסוֹד הַיְסוֹדוֹת וְעַמּוּד הַחָכְמוֹת לֵידַע שֶׁיֵּשׁ שָׁם מָצוּי רִאשׁוֹן

“El fundamento de los fundamentos y el pilar de las ciencias es saber que hay un Primer Existente” (Yesodé haTorá 1:1). Si se supusiera que él no existe, nada podría existir (1:2); y si se supusiera que nada existe fuera de él, él seguiría existiendo,

שֶׁכָּל הַנִּמְצָאִים צְרִיכִין לוֹ וְהוּא בָּרוּךְ הוּא אֵינוֹ צָרִיךְ לָהֶם

“porque todos los seres lo necesitan a él, y él, bendito sea, no los necesita a ellos” (1:3). Es la definición de este capítulo, formulada por el mayor sabio medieval del judaísmo. En 1:4 concluye que, por eso mismo, su verdad no es como la de ningún otro (cf. Jer 10:10, en el capítulo sobre la verdad).

Lo que existía antes del mundo

El Talmud enseña que siete cosas fueron creadas antes que el mundo: la Torá, el arrepentimiento, el jardín del Edén, la Guehena, el trono de gloria, el templo y שְׁמוֹ שֶׁל מָשִׁיחַ, “el nombre del Mesías”, y apoya esta última en el salmo: “Será su nombre para siempre, se perpetuará su nombre mientras dure el sol” (לִפְנֵי־שֶׁמֶשׁ יִנּוֹן שְׁמוֹ, Sal 72:17; Pesajim 54a).

Precisión

Interpretación rabínica. La frase hebrea lifné shémesh puede leerse “mientras dure el sol” (RVR1960) o “antes del sol”; los sabios la leen “antes”. Para el Talmud, lo que precede al mundo es el nombre del Mesías, es decir, el propósito de Dios de enviarlo, no una persona preexistente. La fe cristiana afirma más: que el Mesías mismo existía con el Padre (Jn 17:5). El paralelo muestra, con todo, que la idea de un plan de Dios anterior a la creación y que incluye al Mesías es judía antes de ser cristiana.

La oración: Adon Olam

El himno Adon Olam, que muchas comunidades cantan al comenzar o al cerrar la oración de la mañana, empieza así:

אֲדוֹן עוֹלָם אֲשֶׁר מָלַךְ בְּטֶרֶם כָּל־יְצִיר נִבְרָא

“Señor del mundo, que reinó antes de que toda criatura fuera creada”. Más adelante dice וְהוּא הָיָה וְהוּא הֹוֶה וְהוּא יִהְיֶה, “y él fue, y él es, y él será”, y lo llama בְּלִי רֵאשִׁית בְּלִי תַכְלִית, “sin principio, sin fin”. De este modo la palabra béterem de Sal 90:2 y los tres tiempos de Shemot Rabá entraron en la oración diaria. El himno termina confiando el alma a ese Dios a la hora de dormir: el que reinaba antes de todo cuida al que duerme.

Precisión

El autor del Adon Olam es desconocido; a veces se lo atribuye a Salomón ibn Gabirol, sin pruebas firmes. Entró en la liturgia de la mañana hacia el siglo XV, y existe la costumbre de recitarlo antes de dormir y en el lecho de muerte. Texto según el sidur (Sefaria).

Humildad ante el “antes”

La Misná advierte contra la curiosidad sin límite: “Todo el que especula sobre cuatro cosas, mejor le habría sido no venir al mundo: qué hay arriba, qué hay abajo, qué hubo antes y qué habrá después” (Jaguigá 2:1). El midrash observa, en la misma línea, que la Torá empieza con la letra bet (בְּרֵאשִׁית), cerrada por arriba, por abajo y por detrás, y abierta solo hacia adelante: no cabe indagar lo que hubo antes, sino solo desde el día en que el mundo fue creado (Bereshit Rabá 1:10).

Las cosas secretas pertenecen a Señor nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.

(Dt 29:29)

Precisión

Interpretaciones rabínicas (Misná y midrash), según Sefaria; la cita de Bereshit Rabá 1:10 conviene cotejarla en el original. Ambas coinciden con el espíritu de esta obra: Dios solo puede conocerse en lo que él revela (1 Co 2:10–11).

Qumrán: todo estaba en su designio

La Regla de la Comunidad de Qumrán enseña que todo procede del “Dios del conocimiento”:

מאל הדעות כול הויה ונהייה ולפני היותם הכין כול מחשבתם

“Del Dios del conocimiento procede todo lo que es y lo que será; y antes de que existieran, estableció todo su designio” (1QS 3:15). Aquí la preexistencia aparece unida a la presciencia, y con el mismo verbo hayá de Éx 3:14: Dios es antes de lo que “es” (הויה) y de lo que “será” (נהייה).

Precisión

Traducción según García Martínez (1992) y Vermes (2004); conviene cotejar la imagen de 1QS en la Leon Levy Dead Sea Scrolls Digital Library. Los textos de Qumrán se citan sin vocales, tal como están en el manuscrito.

La preexistencia en Cristo, leída con Pablo

“Antes que Abraham fuese, yo soy”

En el templo, en medio de una discusión sobre quiénes son los verdaderos hijos de Abraham, Jesús afirma que Abraham “se gozó de que había de ver mi día”. Sus oyentes objetan que ni siquiera tiene cincuenta años, y Jesús responde:

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy. Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue.

(Jn 8:58–59)

Filología: Jn 8:58

πρὶν Ἀβραὰμ γενέσθαι γίνομαι “antes que Abraham llegara a ser”: aoristo de un verbo que significa comenzar a existir. Abraham tuvo un comienzo.
ἐγὼ εἰμί εἰμί “yo soy”: presente del verbo “ser”, sin predicado. Jesús no dice “yo era”, sino “yo soy”, como el ani hu de Is 43:10 en la LXX.
ἦραν οὖν λίθους αἴρω “tomaron entonces piedras”: la pena de la blasfemia contra el Nombre (Lv 24:16).

El centro de la frase está en el contraste de los verbos: Abraham llegó a ser; Jesús es. Sus oyentes entienden que habla en el lenguaje del Nombre, y por eso toman piedras. No era la primera vez en ese capítulo: Jesús ya había dicho “si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis” (8:24) y “cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy” (8:28). Y en Getsemaní, al oírle decir “Yo soy”, los soldados “retrocedieron, y cayeron a tierra” (18:6).

Precisión

La relación entre el ἐγὼ εἰμί absoluto de Juan y el ani hu de Isaías (LXX) es reconocida en los comentarios (Carson, 1991). Juan no es Pablo; se lo cita porque es el texto que propone el material de la serie y porque Pablo afirma lo mismo con otro lenguaje.

La comunión antes de la creación

Juan abre su evangelio con las palabras de Gn 1:1 y declara qué había “en el principio”:

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

(Jn 1:1–3)

Filología: Jn 1:1–3, 18

ἐν ἀρχῇ ἦν εἰμί “en el principio era”: imperfecto, existencia continua. Cuando empezó el principio, el Verbo ya era.
πρὸς τὸν θεόν πρός “con Dios”: la preposición sugiere orientación, “vuelto hacia Dios”, cara a cara.
ἐγένετο γίνομαι “fueron hechas” (1:3): de las cosas se dice llegar a ser; del Verbo, ser. El mismo contraste de Jn 8:58.
εἰς τὸν κόλπον τοῦ πατρός κόλπος “en el seno del Padre” (1:18): la intimidad del hijo recostado en el pecho del padre.

Antes de que existiera el mundo no había un Dios aislado, sino comunión. Jesús lo expresa en su oración al Padre:

Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.

(Jn 17:5)

Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.

(Jn 17:24)

ᾗ εἶχον πρὸ τοῦ τὸν κόσμον εἶναι παρὰ σοί, “la gloria que tenía antes que el mundo existiera, junto a ti”; ἠγάπησάς με πρὸ καταβολῆς κόσμου, “me amaste antes de la fundación del mundo”. Antes de la creación había, pues, gloria compartida y amor entre el Padre y el Hijo. Por eso la autosuficiencia de Dios no es la de un ser solitario que crea para procurarse compañía: Dios no creó porque le faltara amor, sino porque el amor que ya existía entre el Padre y el Hijo quiso tener hijos (Jn 17:23–24; Ef 1:4–5).

Precisión

Esta conclusión es lectura cristiana de Jn 17:5, 24: el amor del Padre y el Hijo antes de la fundación del mundo muestra que Dios es amor (1 Jn 4:8) sin necesitar al mundo para amar. El judaísmo, sin esta lectura, afirma con la misma fuerza que Dios no necesita al mundo (Maimónides, Yesodé haTorá 1:3).

La Sabiduría junto a Dios

Proverbios 8 presenta a la Sabiduría hablando de sí misma antes de la creación:

וָאֶהְיֶה אֶצְלוֹ אָמוֹן וָאֶהְיֶה שַׁעֲשֻׁעִים יוֹם יוֹם מְשַׂחֶקֶת לְפָנָיו בְּכָל־עֵת

Cuando formaba los cielos, allí estaba yo; Cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo… Con él estaba yo ordenándolo todo, Y era su delicia de día en día, Teniendo solaz delante de él en todo tiempo.

(Pr 8:27, 30)

La Sabiduría dice וָאֶהְיֶה אֶצְלוֹ (va’ehyeh etsló), “y yo estaba junto a él”, con la misma forma ehyeh de Éx 3:14, y describe ese “antes” como deleite y gozo delante de Dios. Pablo llama a Cristo “sabiduría de Dios” (1 Co 1:24, 30), y en Col 1:15–17 recurre al lenguaje de la Sabiduría de Proverbios 8.

Precisión

Proverbios 8 personifica la sabiduría como un atributo de Dios; en su contexto no es una profecía directa del Mesías. La lectura cristológica es tipológica y fue tratada en el capítulo sobre la sabiduría. Los sabios judíos la leen como la Torá, que Dios “miraba” al crear el mundo (Bereshit Rabá 1:1). La expresión “me poseía” (קָנָנִי, 8:22) se discute (“me adquirió”, “me creó”, “me engendró”) y estuvo en el centro de los debates cristológicos antiguos.

Pablo: Cristo antes de todas las cosas

Pablo no usa la palabra “preexistencia”, pero la supone en sus himnos y en sus fórmulas sobre el Hijo:

El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.

(Col 1:15–17)

Filología: Col 1:15–17

πρωτότοκος πάσης κτίσεως πρωτότοκος “primogénito de toda creación”: rango y herencia del primogénito (Sal 89:27 [89:28]), no primera criatura; el v. 16 explica “porque en él fueron creadas”.
αὐτός ἐστιν πρὸ πάντων πρό “él es antes de todas las cosas”: presente, como el “yo soy” de Jn 8:58.
συνέστηκεν συνίστημι “subsisten, se mantienen unidas”: perfecto. Todo depende de él para seguir existiendo; él no depende de nada.

Lo que Isaías decía del Señor (“el primero”, 44:6) y lo que Maimónides diría del Primer Existente, a quien todo necesita y que no necesita nada, Pablo lo dice de Cristo: es antes de todo y todo subsiste en él. Otros textos suyos suponen la misma realidad:

para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él.

(1 Co 8:6)

En 1 Co 8:6 Pablo toma el Shemá (Dt 6:4: “el Señor nuestro Dios, el Señor uno es”) y lo reparte entre “un Dios, el Padre” y “un Señor, Jesucristo”: del Padre proceden todas las cosas; por medio del Señor existen todas las cosas. Con ello Pablo sitúa a Jesús del lado del Creador, antes de toda criatura.

Precisión

La lectura de 1 Co 8:6 como un Shemá que incluye a Jesús en la identidad del único Dios es de Bauckham (2008) y Wright (2013). Dunn (1998) es más cauto respecto de la preexistencia en algunos textos (por ejemplo, Gá 4:4, donde “enviar” podría decirse también de un profeta), pero la reconoce en la tradición que Pablo recibe. La autoría de Colosenses se discute; Flp 2:6, 2 Co 8:9 y 1 Co 8:6 están en cartas indiscutidas.

Pablo en el Areópago: el Dios que no necesita nada

Pablo predica a los atenienses, que tienen templos y altares para todos los dioses, y les anuncia al “Dios no conocido”:

El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas… Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos.

(Hch 17:24–25, 28)

Filología: Hch 17:25

θεραπεύεται θεραπεύω “es servido, atendido”: la palabra del cuidado de los dioses en el templo (vestirlos, alimentarlos).
προσδεόμενός τινος προσδέομαι “como si necesitase algo además”: única vez en el NT. A Dios no le falta nada que se le pueda añadir.
αὐτὸς διδοὺς πᾶσι ζωήν δίδωμι “él es quien da a todos vida”: la dirección es siempre de Dios hacia la criatura.

Es el sermón de Isaías 46 predicado a los griegos: los ídolos necesitan manos humanas, mientras que el Dios verdadero es quien da las manos, la vida y el aliento. Pablo, judío formado en las Escrituras, habla aquí con la voz del profeta del exilio.

“¿Quién le dio a él primero?”

Pablo cierra los capítulos 9–11 de Romanos, su gran reflexión sobre Israel, con una doxología tejida de citas del Antiguo Testamento:

¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.

(Ro 11:33–36)

Job 41:11 [41:3] TM מִי הִקְדִּימַנִי וַאֲשַׁלֵּם: “¿quién se me adelantó, para que yo le pague?”
Job 41:3 LXX ἢ τίς ἀντιστήσεταί μοι καὶ ὑπομενεῖ;: “¿o quién se me opondrá y resistirá?” (otro sentido)
Ro 11:35 ἢ τίς προέδωκεν αὐτῷ, καὶ ἀνταποδοθήσεται αὐτῷ;: “¿o quién le dio primero, y le será devuelto?”
Ro 11:34 “¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?” = Is 40:13 LXX

Tabla 4. Job 41 en el texto masorético, la Septuaginta y Romanos.

En Ro 11:35 Pablo sigue el sentido del hebreo y no el de la Septuaginta: προέδωκεν, “dio antes”, traduce con exactitud הִקְדִּימַנִי, “se me adelantó”. Nadie llega antes que Dios. La conclusión, ἐξ αὐτοῦ καὶ δι᾽ αὐτοῦ καὶ εἰς αὐτὸν τὰ πάντα, lo abarca todo: todas las cosas vienen de él, que es su origen; existen por él, que las sostiene, y van hacia él, que es su fin. Es la aseidad en una línea, convertida en alabanza.

Precisión

Que Ro 11:35 depende del texto hebreo de Job y Ro 11:34 de Is 40:13 LXX es la posición de los comentarios (Moo, 1996). La lectura de la doxología como síntesis de la aseidad es de esta serie, en la línea de Pink (2020, cap. 1).

Elegidos en él antes de la fundación del mundo

La presciencia de Dios, en Pablo, tiene un centro: Cristo.

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad.

(Ef 1:3–5)

quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos.

(2 Ti 1:9)

“Antes de la fundación del mundo” (πρὸ καταβολῆς κόσμου) aparece tres veces en el Nuevo Testamento, y las tres veces habla de Cristo: el Padre lo amó (Jn 17:24), nos escogió en él (Ef 1:4) y él fue “destinado” como Cordero (προεγνωσμένου, literalmente “conocido de antemano”, 1 P 1:20). El amor del Padre al Hijo antes de la creación es el lugar donde Dios pensó en nosotros.

Precisión

La unión de Jn 17:24, Ef 1:4 y 1 P 1:20 por la fórmula común es una lectura propia de esta serie. La autoría de Efesios y de 2 Timoteo se discute; Ro 8:29 (“a los que antes conoció”) afirma la presciencia en una carta indiscutida. 1 Pedro no es de Pablo, y se cita por la fórmula.

Vida en sí mismo

Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo.

(Jn 5:26)

ζωὴν ἔχει ἐν ἑαυτῷ, “tiene vida en sí mismo”: es la definición de la aseidad en labios de Jesús. Ninguna criatura tiene vida en sí misma; la recibe y la pierde (Ec 12:7). El Padre la tiene, y la ha dado al Hijo para que también la tenga “en sí mismo”. Por eso Jesús puede decir “Yo soy la resurrección y la vida” (Jn 11:25), y Pablo puede llamar a Cristo “nuestra vida” (Col 3:4). Lo que Éx 3:14 reveló en la zarza, Jn 1:14 lo muestra en carne: “vimos su gloria”.

Aplicación: un atributo incomunicable

La preexistencia es solo de Dios: ninguna criatura existe antes de todo, por sí misma ni sin necesitar nada. Por eso lo que este atributo produce en el creyente no es imitación, sino una forma de vivir delante de él.

  1. Adorar sin creer que le hacemos un favor. Dios no es “honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo” (Hch 17:25). La adoración no le añade nada a él; es a nosotros a quienes devuelve a nuestro lugar: “Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos” (Lc 17:10).

  2. Depender sin vergüenza. “En él vivimos, y nos movemos, y somos” (Hch 17:28). La autosuficiencia pertenece a Dios; la del ser humano es una ilusión, como Jesús advirtió a sus discípulos: “separados de mí nada podéis hacer” (Jn 15:5).

  3. Dejar los dioses que hay que cargar. Todo lo que necesita que nosotros lo sostengamos para seguir en pie, sea dinero, prestigio o control, funciona como Bel y Nebo (Is 46:1–2). El Dios verdadero, en cambio, dice: “yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré” (46:4).

  4. Descansar en lo que nos precede. Antes de que existiéramos, Dios ya nos conocía (Jer 1:5) y ya nos había escogido en Cristo (Ef 1:4). La vida del creyente no comenzó en su propia decisión, sino en el amor del Padre al Hijo “desde antes de la fundación del mundo” (Jn 17:24).

  5. Conocer con humildad. “Las cosas secretas pertenecen a Señor nuestro Dios” (Dt 29:29). Del “antes” de Dios sabemos lo que él quiso revelar, y eso basta para confiar.

La pregunta que deja el atributo es personal: si cada uno carga a sus dioses o deja que Dios lo cargue.

Síntesis

Antes de que existiera algo, Dios era: “desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios” (Sal 90:2). Existe por sí mismo (“YO SOY EL QUE SOY”, Éx 3:14), no depende de nada (Sal 50:12) y nadie le dio primero (Job 41:11). Su conocimiento y su designio son anteriores a la creación (Is 46:10; Jer 1:5). Israel lo confesó como ani hu frente a los dioses que hay que cargar, y el judaísmo lo llamó el Primer Existente. Jesús dijo “antes que Abraham fuese, yo soy” (Jn 8:58), y Pablo lo vio “antes de todas las cosas” (Col 1:17): antes de la creación, el Padre y el Hijo ya vivían en gloria y amor (Jn 17:5, 24).

Mirada Aporte al atributo
Hebrea Ehyeh asher ehyeh (Éx 3:14); ani hu; béterem, miqqédem; “el primero y el postrero”; Job 41:11; Is 46: Dios carga, los ídolos son cargados.
Judía “Solo el Santo y su Nombre” (PRE 3); “yo fui, yo soy, yo seré” (Shemot Rabá 3:6); Ehyeh como presencia (Berajot 9b; Rashi); el Primer Existente (Maimónides); Adon Olam; 1QS 3:15.
Teológica Antes de crear, Dios era completo y sin necesidad; creó libremente; nada le añade; su presciencia mira a personas y descansa en su propósito.
Paulina Cristo antes de todas las cosas (Col 1:17); “siendo rico” (2 Co 8:9); 1 Co 8:6; Hch 17:25; Ro 11:35–36; elegidos en él antes de la fundación del mundo (Ef 1:4).

Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Señor, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Señor.

(Jer 9:24 [9:23])

“Que yo soy Señor”: conocer a Dios comienza por saber que él es antes que nosotros y sin nosotros, y que, aun así, decidió darse a conocer.

Compendio bíblico

Gn 1:1 “En el principio creó Dios” Jn 1:1–3 “En el principio era el Verbo”
Éx 3:14 “YO SOY EL QUE SOY” Jn 1:18 “que está en el seno del Padre”
Dt 32:39 “Ved ahora que yo, yo soy” Jn 5:26 “tiene vida en sí mismo”
Dt 33:27 “El eterno Dios es tu refugio” Jn 8:58 “Antes que Abraham fuese, yo soy”
Neh 9:5–6 “desde la eternidad hasta la eternidad” Jn 17:5 “la gloria que tuve contigo”
Job 41:11 “¿Quién me ha dado a mí primero?” Jn 17:24 “me has amado desde antes”
Sal 50:12 “Si yo tuviese hambre” Hch 17:24–25 “como si necesitase de algo”
Sal 90:2 “tú eres Dios” Ro 11:35–36 “¿quién le dio a él primero?”
Sal 93:2 “Tú eres eternamente” 1 Co 8:6 “un Señor, Jesucristo”
Pr 8:22–31 “allí estaba yo” 2 Co 8:9 “siendo rico”
Is 40:15–18 “como la gota de agua” Flp 2:6 “siendo en forma de Dios”
Is 43:10 “antes de mí no fue formado dios” Col 1:17 “él es antes de todas las cosas”
Is 44:6 “Yo soy el primero” Ef 1:4 “antes de la fundación del mundo”
Is 46:4 “yo llevaré, yo soportaré” 2 Ti 1:9 “antes de los tiempos de los siglos”
Is 46:10 “anuncio lo por venir desde el principio” 1 P 1:20 “ya destinado desde antes”
Jer 1:5 “Antes que te formase… te conocí” Ap 1:8 “el que es y que era”
Mi 5:2 “sus salidas son desde el principio” Ap 4:11 “por tu voluntad existen”
Hab 1:12 “¿No eres tú desde el principio?” Ap 22:13 “el primero y el último”

Tabla 5. Compendio bíblico de la preexistencia. Nota. Textos de la RVR1960.

Glosario

(אֲדוֹן עוֹלָם). “Señor del mundo”: himno litúrgico que confiesa al Dios que reinó antes de toda criatura.

(אֲנִי הוּא). “Yo (soy) él”: fórmula de Dios en Dt 32:39 e Isaías 40–48; en la LXX, ἐγώ εἰμι.

(latín a se). Existencia por sí mismo, sin causa ni dependencia.

(בְּטֶרֶם). “Antes que” (Sal 90:2; Jer 1:5).

(ἐγώ εἰμι). “Yo soy”; absoluto en Jn 8:58.

(אֶהְיֶה). “Soy, seré, estaré”: forma del verbo hayá en Éx 3:12, 14.

(הָיָה). Ser, existir, llegar a ser, estar presente.

(הִקְדִּים). Adelantarse, dar primero (Job 41:11).

(κόλπος). Seno, regazo: “en el seno del Padre” (Jn 1:18).

(מָצוּי רִאשׁוֹן). “Primer Existente” (Maimónides).

(מִקֶּדֶם). Desde el principio, desde la antigüedad (Hab 1:12).

(πρὸ καταβολῆς κόσμου). “Antes de la fundación del mundo” (Jn 17:24; Ef 1:4; 1 P 1:20).

(πρόγνωσις). Presciencia, “anticipado conocimiento” (Hch 2:23; 1 P 1:2).

(προσδέομαι). Necesitar algo además (Hch 17:25).

(קֶדֶם). Lo que está delante: el oriente; lo antiguo.

(רִאשׁוֹן). Primero (Is 44:6).

(συνέστηκεν). “Subsisten, se mantienen unidas” (Col 1:17).

(יָצַר). Formar, como el alfarero (Gn 2:7; Is 43:10; Jer 1:5).

Referencias 26

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