El Dios de todo saber

La omnisciencia y la presciencia de Dios · “Oh Señor, tú me has examinado y conocido” (Sal 139:1)

Atributos de Dios
Este capítulo estudia la omnisciencia de Dios y, dentro de ella, su presciencia.
Fecha de publicación

21 de octubre de 2026

Este capítulo estudia la omnisciencia de Dios y, dentro de ella, su presciencia. Parte de dos definiciones: Dios lo conoce todo (lo real y lo posible, el pasado y el futuro, y el corazón), y la presciencia es su conocimiento-amor previo y soberano hacia sus escogidos. El texto ancla es el Salmo 139, leído en sus cuatro estrofas y en su hebreo; lo acompaña una sección expositiva sobre los Salmos que confiesan al Dios que ve, escudriña y cuenta (Sal 1; 7; 11; 17; 33; 38; 44; 56; 69; 90; 94; 103; 105; 113; 147), donde el Salmo 113, el Dios que “se humilla a mirar”, se lee junto al cántico de Ana, que llama al Señor El deot, “el Dios de todo saber” (1 S 2:3). La filología muestra que el verbo yadá no se reduce a tener información: es conocer de cerca, con favor, y por eso puede significar escoger (Gn 18:19; Am 3:2). Se presenta el espectro de términos hebreos y griegos y el Nombre que revela el atributo: El roí, “el Dios que me ve”, que Agar invoca en el desierto (Gn 16:13), junto con El deot, con su eco en “tu Padre que ve en lo secreto” (Mt 6:6) y en el ser “conocidos por Dios”. Siguen una exposición teológica del atributo (nada se le oculta, conoce nuestra condición, saber no es decretar, la presciencia tiene personas por objeto) en diálogo con la tradición, las preguntas que plantean textos como “ya conozco” (Gn 22:12), un encuentro en la historia de Israel (“y los reconoció Dios”, Éx 2:25), la mirada judía (Avot 3:15, la Misná de Rosh Hashaná, el midrash, Rashi, Maimónides y Qumrán) y la lectura de Pablo y de Pedro: la doxología de Romanos 11, la cadena de Romanos 8, “conocidos por Dios” (1 Co 8:3; Gá 4:9), los tesoros del conocimiento en Cristo (Col 2:3) y la presciencia en los discursos y cartas de Pedro (Hch 2:23; 1 P 1:2, 20), que la prueba con los Salmos dichos de antemano por el Espíritu (Sal 2; 16; 69; 109; 110; 118; 34).

Palabras clave: omnisciencia, presciencia, yadá, Salmos, Salmo 139, Salmo 113, El roí, El deot, πρόγνωσις, Pedro, Pablo.

Nota sobre el texto

Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1960. Donde esta escribe “Jehová”, aquí se escribe Señor, que traduce el tetragrama יהוה, leído en la tradición judía como Adonay. El hebreo sigue la BHS; el griego, NA28 y la Septuaginta de Rahlfs-Hanhart. Las fuentes judías se citan desde Sefaria y los textos de Qumrán desde García Martínez (1992) y Vermes (2004); todo lo que es interpretación se marca como precisión. Cuando la numeración hebrea de un salmo difiere de la española, se da entre corchetes.

Premisa: el Dios que todo lo sabe

Partimos de dos definiciones. La primera describe la omnisciencia: Dios lo conoce todo, lo real y lo posible, el pasado y el futuro, y el corazón. La segunda describe la presciencia: el conocimiento-amor previo y soberano de Dios hacia sus escogidos.

No se trata de dos atributos separados. La presciencia es una particularidad de la omnisciencia, la forma que toma el conocimiento infinito de Dios cuando, antes de la creación, se dirige a personas concretas para amarlas. Todo lo que Dios conoce de antemano lo conoce porque lo conoce todo; pero no todo lo que conoce lo “conoce de antemano” en el sentido bíblico de la expresión, que incluye el afecto y la elección.

Figura 1. La presciencia como particularidad de la omnisciencia. Nota. Elaboración propia.

El verso que da unidad a esta obra invita a conocer a Dios: “Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Señor” (Jer 9:24 [9:23]). El hebreo dice הַשְׂכֵּל וְיָדֹעַ אוֹתִי, “entender y conocerme”. Pablo corrige con delicadeza el orden de ese conocimiento: “mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios” (Gá 4:9). Antes de que nosotros lo conociéramos, él nos conoció, y ese es el orden que recorre este capítulo.

En la clasificación de la serie, la omnisciencia es un atributo de identidad: responde a la pregunta “¿quién es Dios?”, junto a la eternidad, la soberanía, la omnipotencia y la omnipresencia. Es, además, incomunicable: el ser humano conoce “en parte” (1 Co 13:12) y recibe de Dios apenas reflejos de su saber.

Texto ancla: el Salmo 139

“Tú me has examinado y conocido”

La RVR1960 titula este salmo “Omnipresencia y omnisciencia de Dios”. Es la confesión más personal que la Escritura hace del conocimiento divino: David no habla de lo que Dios sabe del universo, sino de lo que sabe de él.

יְהוָה חֲקַרְתַּנִי וַתֵּדָע׃ אַתָּה יָדַעְתָּ שִׁבְתִּי וְקוּמִי בַּנְתָּה לְרֵעִי מֵרָחוֹק׃
אָרְחִי וְרִבְעִי זֵרִיתָ וְכָל־דְּרָכַי הִסְכַּנְתָּה׃ כִּי אֵין מִלָּה בִּלְשׁוֹנִי הֵן יְהוָה יָדַעְתָּ כֻלָּהּ

Oh Señor, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, Y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Señor, tú la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, Y sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; Alto es, no lo puedo comprender.

(Sal 139:1–6)

Filología: Sal 139:1–4

חֲקַרְתַּנִי jaqartani חקר “me has examinado”: explorar a fondo, como los espías exploran una tierra (Jue 18:2) o el minero examina la roca (Job 28:3).
וַתֵּדָע vatedá ידע “y (me) conociste”: el resultado del examen. El verbo se repite en los vv. 2, 4, 14 y dos veces en el v. 23.
בַּנְתָּה bantá בין “has entendido”: discernir, distinguir una cosa de otra.
לְרֵעִי lerei רעה “mis pensamientos”: palabra rara, solo aquí y en 139:17, de origen arameo según HALOT.
זֵרִיתָ zerita זרה “has escudriñado”: el verbo de aventar el grano (Rt 3:2). Dios separa el trigo y la paja en el andar y el reposo.
הִסְכַּנְתָּה hiskanta סכן “te son conocidos”: ser familiar, estar acostumbrado a algo.
מִלָּה milá מלל “la palabra” que todavía no llegó a la lengua (v. 4): Dios la conoce entera (כֻלָּהּ).

Precisión

Los significados siguen a HALOT (Koehler y Baumgartner, 2001). El matiz de “aventar” para zará en el v. 3 lo proponen varios intérpretes a partir del uso del verbo en Rut 3:2; otros entienden “medir” o “rodear”.

Los verbos son concretos: sentarse, levantarse, andar, acostarse, hablar. El conocimiento de Dios no flota por encima de la vida humana, sino que entra en sus detalles más ordinarios. Y el salmista no responde con una teoría, sino con asombro: “Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí” (פְּלִאיָה דַעַת מִמֶּנִּי).

Cuatro estrofas

El salmo suele dividirse en cuatro estrofas de unos seis versos cada una:

Versos Tema Contenido
1–6 Me conoces sentarse, levantarse, andar, hablar: nada se le escapa a Dios.
7–12 Estás allí cielo, Seol, alba, extremo del mar, tinieblas: no hay a dónde huir.
13–18 Me formaste el vientre, el embrión, el libro donde estaban escritos los días.
19–24 Examíname lo que el salmista confesó al comienzo, ahora lo pide.

Tabla 1. Estructura del Salmo 139. Nota. Elaboración propia.

El salmo abre y cierra con los mismos dos verbos, jaqar (“examinar”) y yadá (“conocer”). En el v. 1 David confiesa: “tú me has examinado y conocido” (חֲקַרְתַּנִי וַתֵּדָע); en el v. 23 lo pide: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón” (חָקְרֵנִי אֵל וְדַע לְבָבִי). Esa inclusión da al salmo su movimiento interior: la omnisciencia deja de ser una doctrina y se convierte en oración.

Precisión

La división en cuatro estrofas es la usual en los comentarios; la inclusión entre los vv. 1 y 23 es una observación sobre la composición del salmo.

La segunda estrofa (vv. 7–12) habla de la presencia de Dios más que de su conocimiento, y será objeto del estudio de la omnipresencia. Baste notar aquí que ambas perfecciones caminan juntas: Dios conoce todo porque está en todo lugar, y está en todo lugar sin dejar de conocerlo todo. “Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día” (139:12).

Antes de nacer: “en tu libro”

La tercera estrofa remonta el conocimiento de Dios hasta antes del nacimiento:

גָּלְמִי רָאוּ עֵינֶיךָ וְעַל־סִפְרְךָ כֻּלָּם יִכָּתֵבוּ
יָמִים יֻצָּרוּ וְלֹא אֶחָד בָּהֶם

No fue encubierto de ti mi cuerpo, Bien que en oculto fui formado, Y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas Que fueron luego formadas, Sin faltar una de ellas.

(Sal 139:15–16)

Filología: Sal 139:16

גָּלְמִי golmí גלם “mi embrión”: una masa todavía sin forma. Es la única aparición de la palabra en la Biblia.
סִפְרְךָ sifrejá ספר “tu libro”: el registro de Dios (cf. Sal 56:8; Mal 3:16).
יָמִים יֻצָּרוּ yamim yutsaru יצר “días que fueron formados”: el verbo del alfarero que formó al hombre del polvo (Gn 2:7). Dios “formó” los días como formó el cuerpo.

Precisión textual

El final del v. 16 es difícil: la expresión וְלֹא אֶחָד בָּהֶם admite dos lecturas según el texto escrito (ketiv) y el leído (qeré), y “todas aquellas cosas” puede referirse a los miembros del cuerpo o a los días de la vida. La RVR1960 sigue lo primero; muchas versiones modernas leen “los días que me fueron dados”. En ambos casos el sentido central permanece: Dios conoció y dispuso la vida del salmista antes de que esta comenzara.

Aquí la omnisciencia toma ya la forma de la presciencia. Dios vio a David antes de que tuviera forma y escribió sus días antes de que llegara el primero. Lo mismo dirá el Señor a Jeremías: “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué” (Jer 1:5). En ambos textos el conocimiento previo no es una observación neutral; es cuidado, propósito y llamado.

“Examíname, oh Dios”

חָקְרֵנִי אֵל וְדַע לְבָבִי בְּחָנֵנִי וְדַע שַׂרְעַפָּי

Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.

(Sal 139:23–24)

Filología: Sal 139:23

חָקְרֵנִי jaqreni חקר “examíname”: el mismo verbo del v. 1, ahora en imperativo.
בְּחָנֵנִי bejaneni בחן “pruébame”: probar como se prueba el metal en el fuego (Zac 13:9).
שַׂרְעַפָּי sarapái שׂרעף “mis pensamientos” inquietos o divididos (cf. Sal 94:19: “la multitud de mis pensamientos”).

Quien sabe que es conocido por entero no tiene dónde esconderse, y por eso deja de intentarlo y se expone. El temor que la omnisciencia podía despertar (“¿a dónde huiré?”, v. 7) acaba convertido en confianza: “guíame en el camino eterno”.

Precisión

El gran rollo de los Salmos de la cueva 11 de Qumrán (11QPsa, 11Q5) incluye el Salmo 139 dentro de su colección (Sanders, 1965). La columna y los versos conservados conviene verificarlos en la Leon Levy Dead Sea Scrolls Digital Library.

Los Salmos: el Dios que ve, escudriña y cuenta

El Salmo 139 no está solo. El salterio es el libro de Israel que más habla del conocimiento de Dios, y casi siempre lo hace en segunda persona: no describe lo que Dios sabe, sino que se lo dice a él en oración. “Tú conoces”, “tú has probado”, “tú has contado”. En los Salmos la omnisciencia no es un tema de discusión, sino el suelo sobre el que se ora. Esta sección recorre los salmos principales en el orden en que aparecen en el libro, desde el primero hasta el que alaba al Dios que cuenta las estrellas, y muestra cómo se sostienen unos a otros. La tabla los reúne antes de exponerlos:

Salmo RVR1960 Qué conoce Dios
1:6 “Señor conoce el camino de los justos” el camino: conocer es cuidar
7:9 [7:10] “el Dios justo prueba la mente y el corazón” lo interior, para juzgar con justicia
11:4 “Sus ojos ven, sus párpados examinan” a los hijos de los hombres
17:3 “Tú has probado mi corazón, me has visitado de noche” lo que el justo es a solas
33:13–15 “Atento está a todas sus obras” a todos los moradores de la tierra
33:11 “El consejo de Señor permanecerá para siempre” su propio propósito, que no cambia
44:21 [44:22] “él conoce los secretos del corazón” lo escondido
56:8 [56:9] “Pon mis lágrimas en tu redoma” las huidas y las lágrimas
69:5 [69:6] “Dios, tú conoces mi insensatez” el pecado propio
90:8 “Nuestros yerros a la luz de tu rostro” el pecado oculto
94:9–11 “El que formó el ojo, ¿No verá?” los pensamientos del hombre
103:14 “él conoce nuestra condición” nuestra fragilidad
105:17 “Envió un varón delante de ellos” el futuro de su pueblo
113:5–6 “Que se humilla a mirar en el cielo y en la tierra” al pobre y a la estéril
139:1–24 “tú me has examinado y conocido” todo: actos, palabras, días
147:4–5 “su entendimiento es infinito” las estrellas, una por una

Tabla 2. El conocimiento de Dios en los Salmos. Nota. Elaboración propia; numeración española [hebrea] donde difiere.

Los dos caminos: el Salmo 1

El salterio se abre con una afirmación sobre el conocimiento de Dios, y esa afirmación marca el tono de todo el libro:

כִּי־יוֹדֵעַ יְהוָה דֶּרֶךְ צַדִּיקִים וְדֶרֶךְ רְשָׁעִים תֹּאבֵד

Porque Señor conoce el camino de los justos; Mas la senda de los malos perecerá.

(Sal 1:6)

La frase no afirma que Dios conozca el camino de los justos e ignore el de los malos; conoce los dos. Pero el paralelismo hebreo revela que “conocer” significa aquí algo más que saber: al camino conocido se opone el camino que “perecerá”. Conocer el camino es guardarlo, sostenerlo y llevarlo a su término. Es el mismo sentido relacional de yadá que reaparecerá en Génesis 18:19 y Amós 3:2, y es la puerta por la que el salterio entra en el tema: el Dios que todo lo sabe conoce de un modo particular a los suyos. Desde el primer salmo, la omnisciencia lleva ya el germen de la presciencia.

Sus ojos ven, sus párpados examinan: los Salmos 7, 11 y 17

Tres salmos de David, nacidos en momentos de acusación y persecución, apelan al Dios que examina. El primero lo hace en medio de una calumnia:

וּבֹחֵן לִבּוֹת וּכְלָיוֹת אֱלֹהִים צַדִּיק

Fenezca ahora la maldad de los inicuos, mas establece tú al justo; Porque el Dios justo prueba la mente y el corazón.

(Sal 7:9 [7:10])

El segundo responde a quienes aconsejan huir al monte como un ave, porque los fundamentos se han destruido (11:1–3). David no huye: el trono de Dios no se ha movido.

יְהוָה בַּשָּׁמַיִם כִּסְאוֹ עֵינָיו יֶחֱזוּ עַפְעַפָּיו יִבְחֲנוּ בְּנֵי אָדָם

Señor está en su santo templo; Señor tiene en el cielo su trono; Sus ojos ven, sus párpados examinan a los hijos de los hombres. Señor prueba al justo; Pero al malo y al que ama la violencia, su alma los aborrece.

(Sal 11:4–5)

El tercero es la oración de un justo que se deja examinar de noche:

בָּחַנְתָּ לִבִּי פָּקַדְתָּ לַּיְלָה צְרַפְתַּנִי בַל־תִּמְצָא

Tú has probado mi corazón, me has visitado de noche; Me has puesto a prueba, y nada inicuo hallaste; He resuelto que mi boca no haga transgresión.

(Sal 17:3)

Filología: Sal 7:9; 11:4; 17:3

בֹּחֵן bojén בחן “el que prueba”: participio, una acción constante. Es el verbo del ensayo de los metales, el mismo de Sal 139:23 (“pruébame”) y Jer 17:10.
לִבּוֹת וּכְלָיוֹת libot uj­layot לב; כליה “corazones y riñones” (RVR1960: “la mente y el corazón”). En la antropología hebrea los riñones son la sede de lo más íntimo: emociones y deseos que nadie ve.
יֶחֱזוּ yejezú חזה “ven”, “contemplan”: el verbo de la visión atenta, del que viene jazón, “visión” profética.
עַפְעַפָּיו afapav עפעף “sus párpados”: una imagen humana para el examen detenido, como quien entrecierra los ojos para mirar mejor.
פָּקַדְתָּ pacadta פקד “visitaste”, “inspeccionaste”: la visita de Dios para revisar y cuidar.
צְרַפְתַּנִי tseraftani צרף “me refinaste”, como el orfebre que funde la plata (Sal 12:6; 66:10).

Precisión

La lectura de los “párpados” como imagen del examen detenido es una explicación usual en los comentarios; el texto solo pone en paralelo “sus ojos ven” y “sus párpados examinan”.

Los tres salmos comparten un mismo movimiento. El justo acusado no busca otro tribunal, sino que apela al Dios que ve lo que sus acusadores no ven. El examen divino, que podría infundir miedo, se vuelve refugio para el inocente y advertencia para el violento. Y ese examen no se practica desde lejos: los ojos que están “en el cielo” (11:4) son los mismos que visitan “de noche” (17:3). Para el Dios que conoce, el trono y la alcoba no están separados.

Desde su morada miró: el Salmo 33

מִמְּכוֹן־שִׁבְתּוֹ הִשְׁגִּיחַ אֶל כָּל־יֹשְׁבֵי הָאָרֶץ
הַיֹּצֵר יַחַד לִבָּם הַמֵּבִין אֶל־כָּל־מַעֲשֵׂיהֶם

Desde los cielos miró Señor; Vio a todos los hijos de los hombres; Desde el lugar de su morada miró Sobre todos los moradores de la tierra. El formó el corazón de todos ellos; Atento está a todas sus obras.

(Sal 33:13–15)

Filología: Sal 33:14–15

הִשְׁגִּיחַ hishguíaj שׁגח “miró” con atención. La raíz aparece solo tres veces en la Biblia (Sal 33:14; Cnt 2:9; Is 14:16). De ella el hebreo posterior formó hashgajá, la palabra judía para “providencia”.
הַיֹּצֵר יַחַד לִבָּם יצר “el que formó el corazón de todos ellos”: el que hizo el corazón lo conoce.
הַמֵּבִין hamevín בין “atento está”, el que entiende y discierne.

El argumento del salmo es el de un artesano: quien formó el corazón de cada hombre (yotser, el verbo del alfarero de Gn 2:7) entiende cada obra que de ese corazón procede. Pero unos versos antes el mismo salmo coloca otra cosa junto a esa mirada universal:

עֲצַת יְהוָה לְעוֹלָם תַּעֲמֹד מַחְשְׁבוֹת לִבּוֹ לְדֹר וָדֹר

Señor hace nulo el consejo de las naciones, Y frustra las maquinaciones de los pueblos. El consejo de Señor permanecerá para siempre; Los pensamientos de su corazón por todas las generaciones.

(Sal 33:10–11)

Dios conoce los planes de las naciones y los anula; su propio consejo (עֲצַת יְהוָה) permanece. El salmo reúne así lo que Isaías dirá con más fuerza (“mi consejo permanecerá”, Is 46:10) y lo que Pedro predicará en Pentecostés: el saber de Dios sobre el futuro va unido a su propósito. Y termina con una mirada de favor: “He aquí el ojo de Señor sobre los que le temen, Sobre los que esperan en su misericordia” (33:18). El ojo que ve a todos descansa de un modo particular sobre quienes esperan en él.

Ningún secreto: los Salmos 44, 69 y 38

En otros salmos la omnisciencia aparece en la confesión. El Salmo 44 la esgrime como argumento de un pueblo que sufre sin haber abandonado a su Dios: “Si nos hubiésemos olvidado del nombre de nuestro Dios, O alzado nuestras manos a dios ajeno, ¿No demandaría Dios esto? Porque él conoce los secretos del corazón” (Sal 44:20–21 [44:21–22]). La expresión hebrea es תַּעֲלֻמוֹת לֵב (taalumot lev), “las cosas escondidas del corazón”, de la raíz עלם, “ocultar”. Quien escribe sabe que no podría engañar a Dios, y precisamente por eso apela a él.

El Salmo 69 hace la confesión opuesta, la del pecador: “Dios, tú conoces mi insensatez, Y mis pecados no te son ocultos” (Sal 69:5 [69:6]). Y el Salmo 38, en medio del dolor, convierte ese mismo saber en descanso: “Señor, delante de ti están todos mis deseos, Y mi suspiro no te es oculto” (Sal 38:9 [38:10]). Conviene notar que este último verso no usa el Nombre sino אֲדֹנָי (Adonay), “Señor”: el que conoce el suspiro es el Señor soberano. Inocencia, culpa y dolor se dicen delante del mismo Dios, porque nada de eso le está escondido. Moisés, en el Salmo 90, lo resume como oración comunitaria: “Pusiste nuestras maldades delante de ti, Nuestros yerros a la luz de tu rostro” (90:8). Pink (2020, p. 16) llama “solemne” a este verso, porque nadie puede rechazar a Dios sin estar ya a la luz de su rostro.

El que formó el ojo: el Salmo 94

El Salmo 94 responde a quienes afirman que Dios no ve:

הֲנֹטַע אֹזֶן הֲלֹא יִשְׁמָע אִם־יֹצֵר עַיִן הֲלֹא יַבִּיט
הֲיֹסֵר גּוֹיִם הֲלֹא יוֹכִיחַ הַמְלַמֵּד אָדָם דָּעַת

Y dijeron: No verá JAH, Ni entenderá el Dios de Jacob. Entended, necios del pueblo; Y vosotros, fatuos, ¿cuándo seréis sabios? El que hizo el oído, ¿No oirá? El que formó el ojo, ¿No verá? El que castiga a las naciones, ¿No reprenderá? ¿No sabrá el que enseña al hombre la ciencia? Señor conoce los pensamientos de los hombres, Que son vanidad.

(Sal 94:7–11)

El argumento va del Creador a su obra. Quien diseñó el oído no puede ser sordo; quien formó el ojo no puede ser ciego; quien “enseña al hombre dáat” (conocimiento) no puede ignorar. Todo saber humano es prestado. “No verá Jah” es la teología del impío (cf. Sal 10:11), y el salmo la llama necedad. Unos versos después el mismo salmo saca la consecuencia para Israel: “Porque no abandonará Señor a su pueblo, Ni desamparará su heredad” (94:14). Pablo citará ese verso cuando hable de la presciencia de Dios sobre Israel (Ro 11:1–2).

Conoce nuestra condición: el Salmo 103

כְּרַחֵם אָב עַל־בָּנִים רִחַם יְהוָה עַל־יְרֵאָיו
כִּי־הוּא יָדַע יִצְרֵנוּ זָכוּר כִּי־עָפָר אֲנָחְנוּ

Como el padre se compadece de los hijos, Se compadece Señor de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición; Se acuerda de que somos polvo.

(Sal 103:13–14)

Filología: Sal 103:14

יָדַע yadá ידע “conoce”: el verbo central del atributo.
יִצְרֵנוּ yitsrenu יצר “nuestra condición”, literalmente “nuestra hechura”, “cómo estamos formados”. Es la raíz del alfarero que formó al hombre del polvo (Gn 2:7), la de Sal 33:15 (“el formó el corazón”) y la de Sal 139:16 (“días que fueron formados”).
עָפָר afar — “polvo”: la materia de Gn 2:7 y de Gn 3:19, “pues polvo eres”.

David une aquí dos verbos que en hebreo son vecinos: Dios “conoce” y Dios “se acuerda”. Quien conoce cómo nos formó no espera de nosotros lo que el polvo no puede dar. Su saber es el de un padre: no un registro de faltas, sino una compasión informada. Pink (2020, p. 16) toma este verso como consuelo para los tiempos de “cansancio y debilidad”. El Salmo 103 muestra que la omnisciencia no compite con la misericordia, sino que la vuelve exacta: Dios se compadece porque sabe.

Precisión

El Talmud lee los cinco “Bendice, alma mía” de los Salmos 103 y 104 como dichos del alma frente a Dios, y compara: así como el Santo, bendito sea, llena el mundo, el alma llena el cuerpo; así como él ve y no es visto, el alma ve y no es vista (Berajot 10a). La omnisciencia aparece allí en la fórmula “ve y no es visto”. Traducción y paráfrasis propias; conviene cotejar el texto en Sefaria.

Se humilla a mirar: el Salmo 113

El Salmo 113 abre el Hallel, los salmos de alabanza (113–118) que Israel cantaba en las fiestas. Su centro es una pregunta y una imagen del conocimiento de Dios:

מִי כַּיהוָה אֱלֹהֵינוּ הַמַּגְבִּיהִי לָשָׁבֶת
הַמַּשְׁפִּילִי לִרְאוֹת בַּשָּׁמַיִם וּבָאָרֶץ

Excelso sobre todas las naciones es Señor, Sobre los cielos su gloria. ¿Quién como Señor nuestro Dios, Que se sienta en las alturas, Que se humilla a mirar En el cielo y en la tierra? El levanta del polvo al pobre, Y al menesteroso alza del muladar, Para hacerlos sentar con los príncipes, Con los príncipes de su pueblo. El hace habitar en familia a la estéril, Que se goza en ser madre de hijos. Aleluya.

(Sal 113:4–9)

Filología: Sal 113:5–9

הַמַּגְבִּיהִי לָשָׁבֶת גבה “el que se eleva para sentarse”: el trono más alto.
הַמַּשְׁפִּילִי לִרְאוֹת שׁפל; ראה “el que se abaja para ver”. Los dos participios forman un contraste: el más alto es el que más se inclina. El verbo de ver es el de El roí (Gn 16:13).
מְקִימִי מֵעָפָר דָּל קום “el que levanta del polvo al pobre”: casi palabra por palabra el cántico de Ana (1 S 2:8).
עֲקֶרֶת הַבַּיִת עקר “la estéril de la casa”, a la que Dios hace “madre gozosa de hijos” (אֵם־הַבָּנִים שְׂמֵחָה).

El salmo pone la grandeza y la mirada de Dios en un mismo movimiento. El Señor está “sobre los cielos”, pero no se queda allí: “se humilla a mirar”. Su conocimiento no es el de un observador distante, sino el de quien se inclina hasta el polvo y el muladar, y mira para actuar: levanta al pobre, sienta al menesteroso con los príncipes, da hijos a la estéril. Rashi observa que los participios de estos versos llevan una yod que la gramática no exige (magbihí, mashpilí, meqimí, lehoshibí, moshibí), como si el poeta subrayara cada acción de Dios.

El salmo tiene, además, una deuda visible con el cántico de Ana. Su v. 7 repite el verso de 1 S 2:8: “El levanta del polvo al pobre, Y del muladar exalta al menesteroso” (מֵקִים מֵעָפָר דָּל מֵאַשְׁפֹּת יָרִים אֶבְיוֹן), y su v. 9 canta lo que Ana vivió, la estéril hecha madre. El mismo cántico que llama al Señor El deot, “el Dios de todo saber” (1 S 2:3), y que se estudia enseguida, resuena en el salmo que dice de ese Dios que “se humilla a mirar”. Por eso el Salmo 113 completa al 139: el 139 confiesa que Dios lo sabe todo; el 113 muestra hacia dónde mira primero el que lo sabe todo.

Precisión

La Misná discute hasta dónde se canta el Hallel en la noche de Pascua: la escuela de Shamai dice “hasta ‘madre gozosa de hijos’” (Sal 113:9), y la de Hilel, “hasta ‘el pedernal en fuente de aguas’” (Sal 114:8) (Pesajim 10:6). El Talmud enseña que “en todo lugar donde encuentras la grandeza del Santo, bendito sea, allí encuentras su humildad” (Meguilá 31a), y lo prueba con Dt 10:17–18, Is 57:15 y Sal 68:4–5; la aplicación al Salmo 113 es propia. Rashi a Sal 113:5, según Sefaria. Que el “himno” de Mt 26:30 fuera el Hallel es una lectura frecuente, no explícita en el texto.

Cuenta las estrellas y guarda las lágrimas: los Salmos 147 y 56

מוֹנֶה מִסְפָּר לַכּוֹכָבִים לְכֻלָּם שֵׁמוֹת יִקְרָא
גָּדוֹל אֲדוֹנֵינוּ וְרַב־כֹּחַ לִתְבוּנָתוֹ אֵין מִסְפָּר

El sana a los quebrantados de corazón, Y venda sus heridas. El cuenta el número de las estrellas; A todas ellas llama por sus nombres. Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; Y su entendimiento es infinito.

(Sal 147:3–5)

Filología: Sal 147:4–5

מוֹנֶה מִסְפָּר moné mispar מנה; ספר “el que cuenta el número” de las estrellas.
לְכֻלָּם שֵׁמוֹת יִקְרָא קרא “a todas ellas llama por nombres”: conocer por nombre es conocer a cada una (cf. Is 40:26).
לִתְבוּנָתוֹ אֵין מִסְפָּר בין “de su entendimiento no hay número” (RVR1960: “es infinito”).

El juego de palabras es deliberado: el que da “número” (mispar) a las estrellas tiene un entendimiento “sin número” (ein mispar). El que cuenta no puede ser contado. Pero el salmo no empieza por las estrellas, sino por las heridas: “El sana a los quebrantados de corazón” (147:3). El mismo conocimiento que nombra las estrellas venda las heridas de un corazón roto. Pink (2020, p. 17) parte de este verso para afirmar que el saber de Dios abarca el pasado, el presente y el futuro, “desde el más mínimo hasta el mayor” de los eventos. El verbo de contar reaparece en otro salmo, esta vez en boca de un fugitivo:

Mis huidas tú has contado; Pon mis lágrimas en tu redoma; ¿No están ellas en tu libro?

(Sal 56:8 [56:9])

Filología: Sal 56:8 (56:9 en hebreo)

נֹדִי סָפַרְתָּה nodí safarta ספר “mi andar errante lo contaste”: el verbo de contar, de la misma raíz que “libro”.
בְנֹאדֶךָ venodeja נאד “en tu odre” (“redoma”). Juego de palabras con נֹד (nod), “huida”: las huidas se guardan en el odre de Dios.
בְּסִפְרָתֶךָ besifrateja ספר “en tu libro”, “en tu registro”.

David escribió este salmo cuando los filisteos lo prendieron en Gat (título del salmo; cf. 1 S 21:10–15). Dios lleva la cuenta del universo y también la de las lágrimas de un hombre que huye. La grandeza y la ternura son un mismo conocimiento.

El cántico de Ana: El deot

Fuera del salterio, pero también en un poema, aparece el título más preciso que la Biblia hebrea da al Dios que todo lo sabe:

כִּי אֵל דֵּעוֹת יְהוָה וְלוֹ נִתְכְּנוּ עֲלִלוֹת

No multipliquéis palabras de grandeza y altanería; Cesen las palabras arrogantes de vuestra boca; Porque el Dios de todo saber es Señor, Y a él toca el pesar las acciones.

(1 S 2:3)

Filología: 1 S 2:3

אֵל דֵּעוֹת El deot ידע “Dios de conocimientos”: el plural expresa plenitud. La LXX traduce θεὸς γνώσεων.
נִתְכְּנוּ nitkenu תכן “son pesadas”, medidas en la balanza. Dios no solo conoce las acciones: las evalúa.

Precisión textual

El texto escrito (ketiv) dice וְלֹא, “y no (son pesadas)”; el texto leído (qeré) dice וְלוֹ, “y por él (son pesadas)”. La RVR1960 sigue el qeré: “y a él toca el pesar las acciones”.

Ana, una mujer estéril humillada por su rival, canta que el Señor es El deot. El conocimiento de Dios se presenta aquí a la vez como consuelo del humilde y advertencia al arrogante: Dios conoce lo que pasó en Silo y pesa las palabras altivas. Qumrán retomará este título, como se verá más adelante.

Los Salmos que miran hacia adelante

El salterio confiesa también que Dios conoce de antemano. El Salmo 139 lo dice de una vida: “en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas” (139:16). El Salmo 105 lo dice de la historia de Israel, al recordar a José:

שָׁלַח לִפְנֵיהֶם אִישׁ לְעֶבֶד נִמְכַּר יוֹסֵף

Trajo hambre sobre la tierra, Y quebrantó todo sustento de pan. Envió un varón delante de ellos; A José, que fue vendido por siervo. Afligieron sus pies con grillos; En cárcel fue puesta su persona. Hasta la hora que se cumplió su palabra, El dicho de Señor le probó.

(Sal 105:16–19)

Lo que los hermanos de José hicieron por envidia, Dios lo había visto antes del hambre, y envió “delante” al que habría de salvarlos. Es lo que José mismo dijo a sus hermanos: “Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien” (Gn 50:20). El salmo une, como lo hará Pedro, el pecado de los hombres y el propósito previo de Dios.

Hay, por último, salmos que la fe de Israel y la de los apóstoles leyeron como palabra dicha de antemano sobre el Mesías: el Salmo 2 (“Mi hijo eres tú”), el 16 (“no dejarás mi alma en el Seol”), el 110 (“Siéntate a mi diestra”) y el 118 (“La piedra que desecharon los edificadores”). El Nuevo Testamento los cita como prueba de que Dios sabía y había dicho lo que haría en Cristo: “era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos” (Lc 24:44). Pink (2020, p. 18) ve en estas profecías cumplidas la ilustración más clara del conocimiento perfecto de Dios. Pedro será el apóstol que más las use, como se verá en la sección dedicada a Cristo.

Figura 2. Lo que los Salmos confiesan del conocimiento de Dios. Nota. Elaboración propia.

La palabra: conocer de cerca

Yadá en lo concreto

El hebreo carece de una palabra técnica para “omnisciencia”. La expresa con verbos concretos, y el principal de ellos es יָדַע (yadá), “conocer, saber”. La raíz aparece unas 940 veces en el Antiguo Testamento, y sus usos revelan que no se reduce a poseer información:

Texto Uso de ידע Matiz
Gn 4:1 “Conoció Adán a su mujer Eva” intimidad conyugal
Gn 18:19 “Porque yo sé” (יְדַעְתִּיו, “lo he conocido”) elección con propósito
Éx 2:25 “y los reconoció Dios” (וַיֵּדַע) compasión ante el sufrimiento
Éx 33:17 “te he conocido por tu nombre” favor personal
Jer 1:5 “Antes que te formase en el vientre te conocí” conocimiento previo y llamado
Am 3:2 “A vosotros solamente he conocido” elección del pacto
Os 13:5 “Yo te conocí en el desierto” cuidado en la prueba
Sal 1:6 “Señor conoce el camino de los justos” aprobación y protección

Tabla 3. Usos de yadá con matiz relacional. Nota. Elaboración propia.

El texto decisivo es Amós 3:2: “A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra”. La frase no puede querer decir “solo de vosotros tengo información”, porque el mismo libro afirma que Dios conoce a todas las naciones (Am 9:7); quiere decir “solo a vosotros escogí”. Cuando Dios es el sujeto, yadá significa con frecuencia conocer con favor, escoger, amar.

Precisión

El conteo es propio, con la RVR1960 etiquetada con números Strong (H3045: 938 apariciones en 872 versículos); conviene verificarlo en e-Sword. El sentido de cada uso lo fija el contexto, no la etimología: Carson (2013) advierte contra la “falacia de la raíz”, que proyecta sobre cada texto el supuesto sentido original de una palabra. Aquí el argumento no es que yadá “siempre” signifique amar, sino que en ciertos contextos, con Dios como sujeto, lo significa.

“Yo lo he conocido”: Génesis 18:19

כִּי יְדַעְתִּיו לְמַעַן אֲשֶׁר יְצַוֶּה אֶת־בָּנָיו וְאֶת־בֵּיתוֹ אַחֲרָיו

Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Señor, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Señor sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.

(Gn 18:19)

Filología: Gn 18:19

יְדַעְתִּיו yedativ ידע “lo he conocido”: perfecto con sufijo de objeto (“a él”), no “sé que”.
לְמַעַן אֲשֶׁר lemaan asher — “para que”: indica propósito. La obediencia de Abraham es el fruto, no la causa, del conocimiento de Dios.

La RVR1960 traduce “yo sé que mandará”, en la línea de la lectura que también recoge el Targum. Rashi la discute: si se entendiera “sé que mandará”, la expresión “para que” no encajaría en la frase. Por eso explica yedativ como leshón jibá, “expresión de cariño”, “porque el que ama a una persona la acerca, la conoce y la reconoce”.

Precisión

Rashi a Gn 18:19, según Sefaria; la traducción del comentario es propia. Rashi compara este uso con modá (“pariente”) en Rut 2:1.

La familia del conocer

Junto a yadá, el hebreo dispone de otros verbos para hablar del conocimiento de Dios, y cada uno aporta su matiz: Dios ve, escudriña, prueba, discierne, vigila.

Término Veces Sentido y RVR1960 Textos
יָדַע yadá 938 conocer, saber; “reconocer” Gn 18:19; Sal 139:1
דַּעַת dáat 93 conocimiento; “ciencia”, “sabiduría” Sal 94:10; 139:6
דֵּעָה deá 6 saber; “Dios de todo saber” 1 S 2:3; Is 11:9
תְּמִים דֵּעִים 1 “el Perfecto en sabiduría” Job 37:16
חָקַר jaqar 26 examinar, escudriñar Sal 139:1, 23; Jer 17:10
בָּחַן bajan 29 probar (como al metal) Sal 7:9 [7:10]; 139:23
בִּין; תְּבוּנָה 168; 42 entender; entendimiento Sal 139:2; 147:5
רָאָה raá — ver; “proveer” (Gn 22:8, 14) Gn 16:13; Éx 3:7
שָׁגַח shagaj 3 mirar con atención Sal 33:14
צָפָה tsafá 35 vigilar; “mirando” Pr 15:3

Tabla 4. Espectro hebreo del conocimiento de Dios. Nota. Conteos propios con la RVR1960-Strong (H3045, H1847, H2713, H974, H995, H8394, H7688, H6822); deá según los léxicos (1 S 2:3; Job 36:4; Sal 73:11; Is 11:9; 28:9; Jer 3:15). Raá se usa más de mil veces y no se cuenta. Verificar en e-Sword.

Dos expresiones piden especial atención. La primera, תְּמִים דֵּעִים (temim deím, Job 37:16), “perfecto en conocimientos”, es lo más próximo a un término técnico para la omnisciencia que ofrece la Biblia hebrea. La segunda, אֵל רֳאִי (El roí, Gn 16:13), “Dios que me ve”, es el nombre que le da Agar, una esclava egipcia, en el desierto: un nombre de Dios nacido de la experiencia de haber sido vista por él, que se estudia en la sección 5.

El espectro griego

Término NA27 Sentido Textos
γινώσκω 222 conocer 1 Co 8:3; Gá 4:9; 2 Ti 2:19
γνῶσις 29 conocimiento Ro 11:33; Col 2:3
προγινώσκω 5 conocer de antemano Hch 26:5; Ro 8:29; 11:2; 1 P 1:20; 2 P 3:17
πρόγνωσις 2 presciencia Hch 2:23; 1 P 1:2
καρδιογνώστης 2 “conocedor de corazones” Hch 1:24; 15:8
ἐραυνάω 6 escudriñar Ro 8:27; 1 Co 2:10; Ap 2:23
ἀνεξεραύνητος 1 insondable Ro 11:33
ἀνεξιχνίαστος 2 sin huella, inescrutable Ro 11:33; Ef 3:8

Tabla 5. Espectro griego. Nota. Conteo propio con el NA27 etiquetado con números Strong (G1097, G1108, G4267, G4268, G2589, G2045, G419, G421).

“Presciencia” en la RVR1960

La palabra “presciencia” figura una sola vez en la RVR1960 (1 P 1:2); las demás apariciones del grupo πρόγνωσις/προγινώσκω se vierten mediante paráfrasis:

Texto Griego RVR1960 Objeto
Hch 2:23 προγνώσει “anticipado conocimiento” Jesús (“a éste”)
Hch 26:5 προγινώσκοντες “saben… desde el principio” los judíos conocían a Pablo
Ro 8:29 προέγνω “a los que antes conoció” los creyentes
Ro 11:2 προέγνω “al cual desde antes conoció” Israel
1 P 1:2 πρόγνωσιν “la presciencia de Dios Padre” los elegidos de la dispersión
1 P 1:20 προεγνωσμένου “ya destinado desde antes” Cristo, el Cordero
2 P 3:17 προγινώσκοντες “sabiéndolo de antemano” los creyentes, avisados

Tabla 6. El grupo πρόγνωσις en el Nuevo Testamento. Nota. Elaboración propia.

Cuando el sujeto es Dios (cinco de los siete textos), el objeto es siempre una persona o un pueblo: Cristo, Israel, los escogidos; nunca un acto ni una decisión humana. Esta observación, que también subraya Pink (2020, pp. 23–24), se desarrollará en la sección de teología.

Del hebreo a Pablo

Un solo texto permite seguir el camino que va del hebreo al griego de Pablo. Durante la rebelión de Coré, Moisés anuncia que Dios distinguirá a los suyos:

בֹּקֶר וְיֹדַע יְהוָה אֶת־אֲשֶׁר־לוֹ וְאֶת־הַקָּדוֹשׁ וְהִקְרִיב אֵלָיו

y habló a Coré y a todo su séquito, diciendo: Mañana mostrará Señor quién es suyo, y quién es santo, y hará que se acerque a él; al que él escogiere, él lo acercará a sí.

(Nm 16:5)

Figura 3. De Números a la carta a Timoteo. Nota. Elaboración propia.

El texto masorético vocaliza “hará saber” (veyoda), mientras que la Septuaginta leyó las mismas consonantes como “conoció” (veyadá). Pablo toma la frase de la LXX y la estampa como un sello sobre el fundamento de Dios: aunque haya falsos maestros que trastornan la fe de algunos, “el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos” (2 Ti 2:19).

Precisión

La autoría paulina de las cartas pastorales se discute en la investigación. La misma idea, “ser conocido por Dios”, aparece en cartas indiscutidas de Pablo (1 Co 8:3; Gá 4:9).

El Nombre que revela la omnisciencia

El Roí: “el Dios que me ve”

El primer nombre de Dios ligado a su conocimiento no nace en el templo ni en boca de un profeta, sino en el desierto y en labios de una esclava extranjera. Agar, la sierva egipcia de Sarai, había sido entregada a Abram para darle un hijo; al concebir, miró con desprecio a su señora, y Sarai la afligió hasta que “ella huyó de su presencia” (Gn 16:6). Embarazada y sola, tomó el camino de Shur, que lleva a Egipto. Allí, “junto a una fuente de agua en el desierto” (16:7), la encontró el ángel del Señor, que aparece aquí por primera vez en la Biblia. Sus primeras palabras son una pregunta que no necesita hacer: “Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde vienes tú, y a dónde vas?” (16:8). Dios sabe su nombre, su condición y su camino, y le anuncia cómo se llamará el hijo: Ismael, “Dios oye”, “porque Señor ha oído tu aflicción” (16:11). Ella responde entonces dando un nombre a Dios:

וַתִּקְרָא שֵׁם־יְהוָה הַדֹּבֵר אֵלֶיהָ אַתָּה אֵל רֳאִי
כִּי אָמְרָה הֲגַם הֲלֹם רָאִיתִי אַחֲרֵי רֹאִי

Entonces llamó el nombre de Señor que con ella hablaba: Tú eres Dios que ve; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve? Por lo cual llamó al pozo: Pozo del Viviente-que-me-ve. He aquí está entre Cades y Bered.

(Gn 16:13–14)

Filología: Gn 16:13–14

וַתִּקְרָא שֵׁם־יְהוָה קרא “y llamó (invocó) el nombre del Señor”. El sujeto es una mujer: es ella quien da a Dios un nombre a partir de lo que vivió con él.
אֵל רֳאִי El roí ראה “Dios de la visión” o “Dios que me ve”. La vocal breve (jatef qamets) indica un sustantivo, “visión”, con sufijo de primera persona; por eso puede leerse “Dios de mi visión”, es decir, el Dios que me mira. La LXX traduce σὺ ὁ θεὸς ὁ ἐπιδών με, “tú eres el Dios que me miró”.
הֲגַם הֲלֹם רָאִיתִי אַחֲרֵי רֹאִי ראה “¿También aquí he visto después del que me ve?”: la frase repite la raíz tres veces en el versículo. El que ve a Agar se deja ver por ella.
בְּאֵר לַחַי רֹאִי Beer lajai roí חיה; ראה “pozo del Viviente que me ve”. El lugar conserva el nombre: junto a ese pozo vivirá después Isaac (Gn 24:62; 25:11).

Precisión textual

La segunda mitad de Gn 16:13 es difícil en hebreo, y las traducciones antiguas la entienden de modos distintos; la RVR1960 da una lectura posible. El Targum Ónkelos traduce el nombre como אַתְּ הוּא אֱלָהָא דְחָזֵי כֹלָּא, “tú eres el Dios que lo ve todo”: la mirada que Agar experimentó en su caso se confiesa como mirada universal. Rashi explica que רֳאִי lleva jatef qamets “porque es un sustantivo”, y lo glosa אֱלוֹהַּ הָרְאִיָּה, “el Dios de la visión”, שֶׁרוֹאֶה בְעֶלְבּוֹן שֶׁל עֲלוּבִין, “que ve la humillación de los humillados”. Targum y Rashi según Sefaria; traducción propia.

El nombre es breve, pero condensa mucho de la omnisciencia. Agar no confiesa una idea general (“Dios lo sabe todo”), sino una experiencia personal: “Dios me ve”. En la casa de Abram nadie la veía sino como un instrumento, y en el desierto nadie la buscaba; Dios, en cambio, sabía dónde estaba, de dónde venía y a dónde iba. Por primera vez con nombre propio, la omnisciencia se presenta como la mirada que encuentra a quien nadie ve. De ahí que el nombre vaya unido a otro: el hijo se llamará Ismael, “Dios oye” (16:11). El Dios que ve es el mismo que oye, y su conocer no es la distancia del que observa, sino la cercanía del que interviene.

El deot: “el Dios de todo saber”

También el segundo nombre sale de labios de una mujer afligida, y también en un tiempo oscuro. En los días de los jueces, Ana, estéril y humillada año tras año por Penina, oraba en Silo con tanta angustia que “solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria” (1 S 1:13). El sacerdote vio los labios y se equivocó; Dios vio el corazón. En su voto, Ana había empleado el verbo de Agar: “si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva” (1 S 1:11), en hebreo אִם־רָאֹה תִרְאֶה בָּעֳנִי אֲמָתֶךָ, “si de veras mirares la aflicción de tu sierva”. Dios miró, Samuel nació, y cuando Ana lo llevó a la casa del Señor en Silo (1:24), cantó:

כִּי אֵל דֵּעוֹת יְהוָה וְלוֹ נִתְכְּנוּ עֲלִלוֹת

Porque el Dios de todo saber es Señor, Y a él toca el pesar las acciones.

(1 S 2:3b)

La filología del título y la nota de ketiv y qeré (“y no” / “y a él”) se estudiaron en la sección 3.9. Basta recordar que אֵל דֵּעוֹת (El deot) emplea la raíz ידע en plural, “Dios de conocimientos”, y que la Septuaginta lo traduce θεὸς γνώσεων. Lo que el contexto añade es el momento en que el nombre se revela. Ana lo canta frente a los arrogantes (“Cesen las palabras arrogantes de vuestra boca”, 2:3a), y el cántico entero anuncia una inversión: el Señor “abate, y enaltece” (2:7). Porque el Dios que sabe todo pesa las acciones, el humilde puede descansar y el soberbio debe callar. El mismo libro lo dirá en la unción de David: “pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Señor mira el corazón” (1 S 16:7).

Los dos nombres forman un par. El roí se construye con la raíz de ver (ראה); El deot, con la de conocer (ידע). Ambos los pronuncian mujeres a las que nadie veía, una esclava egipcia en el desierto y una mujer estéril en el santuario, y ambos brotan de la misma palabra, “aflicción” (עֳנִי): “Señor ha oído tu aflicción” (Gn 16:11), “si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva” (1 S 1:11). En la Biblia, el Dios que lo sabe todo se da a conocer primero a los humillados.

El eco en el Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento recoge ese hilo. María, otra sierva, canta con las palabras de Ana: “Porque ha mirado la bajeza de su sierva” (Lc 1:48). El griego ἐπέβλεψεν ἐπὶ τὴν ταπείνωσιν τῆς δούλης αὐτοῦ es casi la frase de la Septuaginta en el voto de Ana (ἐπὶ τὴν ταπείνωσιν τῆς δούλης σου, 1 S 1:11), y ταπείνωσις es también la palabra con que la LXX traduce la “aflicción” de Agar (Gn 16:11). Jesús, por su parte, enseña a orar al mismo Dios que ve lo que nadie ve:

Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

(Mt 6:6)

“Tu Padre que ve en lo secreto” (ὁ πατήρ σου ὁ βλέπων ἐν τῷ κρυπτῷ, Mt 6:4, 6, 18) es el El roí de Agar dicho en la intimidad de la oración. Pablo retoma la fórmula del Dios que escudriña: “el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu” (Ro 8:27), y lo hace, como Ana, para consolar a quien no sabe qué decir. Y avanza un paso más: lo decisivo no es que conozcamos a Dios, sino que él nos conozca. “Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él” (1 Co 8:3); “mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios” (Gá 4:9). Estos textos se estudiarán en la sección dedicada a Cristo y a Pablo. La carta a los Hebreos, por último, expresa el alcance de esa mirada: “todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (He 4:13).

Precisión

Es una lectura propia que en Gálatas 4 conviven dos ecos de Agar: Pablo la usa como figura del pacto que da hijos para esclavitud (Gá 4:24–25), y en el mismo capítulo llama a gentiles, antes esclavos, “conocidos por Dios” (4:9). El Dios que vio a la esclava egipcia es el mismo que conoce a los que estaban lejos. La relación es temática, no una cita.

Nombres y títulos del Dios que sabe

Nombre o título Hebreo / griego Texto Qué revela
El roí, “Dios que ve” אֵל רֳאִי; ὁ θεὸς ὁ ἐπιδών με Gn 16:13 la mirada que encuentra al que nadie ve
“el Viviente que me ve” בְּאֵר לַחַי רֹאִי Gn 16:14; 25:11 un lugar que guarda la memoria de esa mirada
El deot, “Dios de todo saber” אֵל דֵּעוֹת; θεὸς γνώσεων 1 S 2:3 el saber pleno que pesa las acciones
“el Perfecto en sabiduría” תְּמִים דֵּעִים Job 37:16 un conocimiento sin falta
“que escudriño la mente” חֹקֵר לֵב בֹּחֵן כְּלָיֹות Jer 17:10 el examen del interior
“que ha mirado la bajeza de su sierva” ἐπέβλεψεν ἐπὶ τὴν ταπείνωσιν Lc 1:48 la mirada que enaltece al humilde
“tu Padre que ve en lo secreto” ὁ βλέπων ἐν τῷ κρυπτῷ Mt 6:4, 6, 18 la oración escondida, vista y recompensada
“el que escudriña los corazones” ὁ ἐραυνῶν τὰς καρδίας Ro 8:27 el que entiende la oración sin palabras
“conocido por él” ἔγνωσται ὑπ’ αὐτοῦ 1 Co 8:3; Gá 4:9 el ser conocido antecede al conocer

Tabla 7. Nombres y títulos que revelan el conocimiento de Dios. Nota. Elaboración propia; textos en la RVR1960, hebreo de la BHS, griego de la LXX y del NA28.

Precisión

El Nombre que revela el atributo es, en esta serie, El roí (Gn 16:13), y su forma de confesión es El deot (1 S 2:3). El primero dice “Dios me ve”; el segundo, “Dios lo sabe todo”. La Biblia comienza por el primero: la omnisciencia se conoce ante todo como mirada personal, y solo después se confiesa como saber sin límites.

Definición

Qué conoce Dios

La definición de partida (Dios lo conoce todo: lo real, lo posible, el pasado, el futuro y el corazón) no es una suma de ideas filosóficas, sino la síntesis de lo que la Escritura ya ha mostrado. Dios conoce lo real, todo lo que existe, desde las estrellas que cuenta y llama por nombre (Sal 147:4) hasta el pajarillo que cae a tierra y los cabellos de la cabeza, “todos contados” (Mt 10:29–30). Conoce lo posible, lo que habría ocurrido si las circunstancias hubieran sido otras, como enseña el episodio de Keila que se expone más abajo. Conoce el pasado y el futuro, porque es el Dios “que anuncio lo por venir desde el principio” (Is 46:10). Y conoce el corazón, los pensamientos y las intenciones, aun la palabra que todavía no llegó a la lengua (Sal 139:4), porque “sólo tú conoces el corazón de todos los hijos de los hombres” (1 R 8:39; cf. Jer 17:10). Estos cuatro ámbitos no se suman como partidas de un inventario; forman un solo conocimiento que abarca el tiempo, la posibilidad y la intimidad. Isaías lo pone en boca de Dios como prueba de que solo él es Dios:

מַגִּיד מֵרֵאשִׁית אַחֲרִית וּמִקֶּדֶם אֲשֶׁר לֹא־נַעֲשׂוּ
אֹמֵר עֲצָתִי תָקוּם וְכָל־חֶפְצִי אֶעֱשֶׂה

Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero.

(Is 46:9–10)

Filología: Is 46:10

מַגִּיד מֵרֵאשִׁית אַחֲרִית נגד “que anuncia desde el principio el final”: reshit (principio) y ajarit (final) enmarcan toda la historia.
עֲצָתִי תָקוּם atsatí taqum יעץ “mi consejo permanecerá”: el conocimiento del futuro va unido al propósito de Dios.

En Isaías, conocer el futuro es justamente lo que distingue al Señor de los ídolos: “Traigan, anúnciennos lo que ha de venir… Dadnos nuevas para que sepamos que vosotros sois dioses” (Is 41:22–23). Los ídolos son incapaces de predecir, mientras que el Señor anuncia “cosas nuevas” antes de que “salgan a luz” (42:9).

Lo que habría pasado: Keila

Un episodio de la vida de David revela que Dios conoce también lo que sería si las cosas fueran de otra manera:

Y dijo David: Señor Dios de Israel, tu siervo tiene entendido que Saúl trata de venir contra Keila, a destruir la ciudad por causa mía. ¿Me entregarán los vecinos de Keila en sus manos? ¿Descenderá Saúl, como ha oído tu siervo? Señor Dios de Israel, te ruego que lo declares a tu siervo. Y Señor dijo: Sí, descenderá. Dijo luego David: ¿Me entregarán los vecinos de Keila a mí y a mis hombres en manos de Saúl? Y Señor respondió: Os entregarán. David entonces se levantó con sus hombres, que eran como seiscientos, y salieron de Keila, y anduvieron de un lugar a otro. Y vino a Saúl la nueva de que David se había escapado de Keila, y desistió de salir.

(1 S 23:10–13)

Dios responde con lo que iba a ocurrir si David se quedaba. Pero David se fue, Saúl no descendió y los de Keila no tuvieron que entregarlo. Del mismo modo habla Jesús de Tiro, Sidón y Sodoma: “si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido” (Mt 11:21; cf. 11:23).

Precisión

La teología llama a este conocimiento el de los “futuros condicionales”. Cómo se relaciona con el decreto de Dios es materia de debate entre los teólogos; el texto bíblico solo afirma que Dios lo conoce.

Cómo conoce Dios

La Escritura describe, además, la forma en que Dios conoce:

Rasgo Qué significa Texto
No aprendido nadie le enseñó ni le aconsejó Is 40:13–14; Ro 11:34
Completo “todas las cosas están desnudas y abiertas a sus ojos” He 4:13; 1 Jn 3:20
Inmediato conoce la palabra antes de que llegue a la lengua Sal 139:4
Eterno lo conoce todo “desde tiempos antiguos” Hch 15:18; Is 46:10
Infalible nunca se equivoca ni olvida Sal 147:5; Is 49:15
Personal conoce por nombre Éx 33:17; Jn 10:14
No causal por sí solo saber no es hacer: la causa es su voluntad Hch 2:23; Ef 1:11

Tabla 8. Rasgos del conocimiento de Dios. Nota. Elaboración propia.

Precisión textual

En Hch 15:18 la RVR1960 sigue el texto bizantino: “Dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos”. El texto crítico (NA28) es más breve: γνωστὰ ἀπ᾽ αἰῶνος, “conocidas desde la eternidad”, unido al final del v. 17.

Omnisciencia: la perfección eterna por la cual Dios se conoce a sí mismo y conoce todas las cosas, reales y posibles, pasadas, presentes y futuras, junto con los pensamientos del corazón, en un solo acto perfecto, sin aprender ni olvidar (Sal 139:1–6; 147:5; Is 46:10; He 4:13).

La presciencia, particularidad de la omnisciencia

Si Dios lo conoce todo, conoce también lo que aún no ha ocurrido. La presciencia descansa, pues, en la omnisciencia: no es un segundo saber añadido al primero, sino el mismo conocimiento infinito mirado desde el tiempo de las criaturas. Para Dios no hay un “antes” que deba esperar; para nosotros, en cambio, lo que él sabe de lo que vendrá es saber previo. Por eso la Escritura puede decir a la vez que Dios “anuncia lo por venir desde el principio” (Is 46:10) y que conoció a Jeremías “antes” de formarlo (Jer 1:5).

La Biblia, sin embargo, emplea la palabra con un matiz más preciso. Cuando dice que Dios “conoció de antemano”, no se limita a afirmar que tuviera información sobre el futuro: el verbo arrastra todo el peso del yadá hebreo, que con Dios por sujeto significa conocer con favor, escoger, amar. Pink (2020, pp. 21–22) insiste en que el sentido no lo fija el diccionario sino el uso de la Escritura, y que “conocer”, dicho de Dios, “a menudo significa mirar con favor, denotando, no una mera cognición, sino un afecto por el objeto mirado”. De ahí la segunda definición de este capítulo: la presciencia es el conocimiento-amor previo y soberano de Dios hacia sus escogidos. Todo lo que Dios conoce de antemano lo conoce porque lo conoce todo; pero, en el lenguaje bíblico, “conocer de antemano” se dice de aquellos sobre quienes Dios puso su amor. La omnisciencia es el círculo amplio; la presciencia, el centro de ese círculo donde el saber se vuelve elección.

La palabra aparece por primera vez en labios de Pedro, en Pentecostés:

Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole.

(Hch 2:22–23)

Filología: Hch 2:23

τῇ ὡρισμένῃ βουλῇ ὁρίζω “por el consejo determinado”: el propósito fijado, delimitado.
καὶ προγνώσει προγινώσκω “y la presciencia”: un solo artículo (τῇ) introduce los dos sustantivos.
ἔκδοτον ἐκδίδωμι “entregado”: adjetivo verbal; Jesús fue dado, no tomado por sorpresa.

Pedro reúne en una misma frase el consejo y la presciencia de Dios y la culpa de los hombres. Y el orden no es indiferente: primero el propósito, luego el conocimiento previo. Pablo procede igual en Ro 8:28–29: los que son llamados “conforme a su propósito” son los que “antes conoció”.

Precisión

Que el único artículo una “consejo” y “presciencia” como una sola realidad es una observación gramatical frecuente en los comentarios; su peso teológico se discute.

Presciencia: el conocimiento-amor previo y soberano por el cual Dios, desde antes de la fundación del mundo, puso su mirada y su favor sobre personas (Cristo, Israel, los escogidos) según su propósito (Hch 2:23; Ro 8:29; 11:2; 1 P 1:2, 20).

Teología: el Dios que conoce y que conoce de antemano

Nada se le oculta

La Escritura no presenta la omnisciencia como un cúmulo de datos, sino como la mirada de Dios sobre todo cuanto existe. “Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; y su entendimiento es infinito” (Sal 147:5). La carta a los Hebreos lo afirma sin dejar resquicio: “no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (He 4:13). Dios conoce “todo lo posible, todo lo real”; “nada escapa a su atención, nada se le puede ocultar, nada se le olvida” (Pink, 2020, pp. 15–19).

Esa verdad tiene un lado solemne, y la historia bíblica lo ilustra con una serie de intentos fallidos de esconderse. Los árboles del huerto no ocultaron a Adán y Eva. Ningún ojo humano vio a Caín, pero la sangre de Abel clamó desde la tierra. Acán enterró el oro bajo su tienda, y David intentó cubrir su pecado hasta que Natán le dijo: “Tú eres aquel hombre” (2 S 12:7). La advertencia de Moisés condensa esa experiencia: “sabed que vuestro pecado os alcanzará” (Nm 32:23). El Salmo 90, atribuido a Moisés, lo confiesa como oración:

Pusiste nuestras maldades delante de ti, Nuestros yerros a la luz de tu rostro.

(Sal 90:8)

El Dios que conoce nuestra condición

La misma mirada que descubre el pecado sostiene al creyente. En la perplejidad, este dice con Job: “Mas él conoce mi camino; Me probará, y saldré como oro” (Job 23:10). Job no entiende lo que le sucede, pero sabe que Dios lo entiende, y eso le basta para esperar. En la debilidad, recuerda que “él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo” (Sal 103:14): el conocimiento de Dios no es frío, sino compasivo, como el de un padre que conoce la fragilidad de sus hijos. En el fracaso, responde como Pedro tras negar al Señor: “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo” (Jn 21:17). Pedro apela a la omnisciencia precisamente cuando sus palabras ya no merecen crédito.

De esa misma mirada nace el ánimo para orar. Ninguna petición se pierde entre millones, porque “una Mente infinita es tan capaz de prestar la misma atención a millones como si solamente un individuo estuviese buscando su atención” (Pink, 2020, p. 17). La falta de palabras tampoco impide la oración: “antes que clamen, responderé yo” (Is 65:24). Jesús enseña a sus discípulos con idéntica lógica: “vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis” (Mt 6:8). La oración no informa a Dios: descansa en que él ya sabe.

Saber y decretar

Dios conoce el futuro porque el futuro depende de él: “que anuncio lo por venir desde el principio… mi consejo permanecerá” (Is 46:10). Pero el saber, por sí solo, no es causa de nada; como observa Pink, “la causa de todas las cosas es la voluntad de Dios” (Pink, 2020, p. 18). Al hablar de la cruz, Pedro pone ambos en el orden correcto: Jesús fue entregado “por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios” (Hch 2:23). Primero el consejo, luego el conocimiento previo; y, junto a ambos, la plena culpa de quienes lo crucificaron. Contemplada a fondo, esta verdad desemboca en adoración: Dios previó cada una de nuestras caídas y, “sin embargo, fijó su corazón sobre mí” (Pink, 2020, p. 19).

Conocer de antemano: personas, no actos

El sentido de una palabra bíblica lo fija su uso en la Escritura, no el diccionario (Pink, 2020, pp. 20–25). Cuando “conocer” tiene a Dios por sujeto, con frecuencia significa “mirar con favor”, amar o designar: Dios conoce a Moisés “por su nombre” (Éx 33:17), conoce a Jeremías antes de formarlo (Jer 1:5), y dice a Israel: “A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra” (Am 3:2). En sentido inverso, Jesús dirá a los hacedores de maldad: “Nunca os conocí” (Mt 7:23). Pablo recoge ese uso: “Conoce el Señor a los que son suyos” (2 Ti 2:19; cf. 1 Co 8:3).

Los textos de la presciencia siguen la misma regla (Hch 2:23; Ro 8:29; 11:2; 1 P 1:2): en todos, el objeto es una persona y no un acto. “Se dice que Dios previamente conoce a las personas, no las acciones de esas personas” (Pink, 2020, p. 23). Por eso la presciencia descansa en el propósito de Dios, y no a la inversa: “Dios previamente conoce lo que será porque Él ha decretado lo que será” (p. 24). La cadena de Romanos 8 lo deja ver: los llamados “conforme a su propósito” (8:28) son los que él “antes conoció”.

Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.

(Ro 8:29)

Pedro lleva la regla a su cumbre en un texto que Pink no menciona, 1 P 1:20: allí el objeto de la presciencia es Cristo mismo, “ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros”. El texto confirma la regla, pues también allí la presciencia se dirige a una persona: a la Persona en quien Dios conoce y ama a todos los suyos.

Saber eterno y voluntad libre

La reflexión sobre la omnisciencia tiene una larga historia, que casi siempre gira en torno a una misma pregunta: cómo el saber eterno de Dios se relaciona con las decisiones de sus criaturas. Agustín respondió que el conocimiento previo de Dios no quita a la voluntad su carácter de voluntad, porque Dios conoce de antemano también nuestras elecciones como elecciones. Boecio fue más allá: Dios no “prevé” como quien mira hacia un futuro que aún no ve, sino que lo contempla todo en un presente eterno, del mismo modo que nuestra mirada sobre algo que ocurre ahora no lo obliga a ocurrir. Charnock, Berkhof y Grudem sostuvieron que Dios conoce todo porque se conoce perfectamente a sí mismo como causa de todo, en un solo acto simple y eterno; y la exégesis de Romanos, con Moo, ha mostrado que el “conocer de antemano” de Pablo tiene el sentido hebreo de escoger y amar. La tabla reúne estas voces en paráfrasis propia:

Autor Aporte
Agustín, La ciudad de Dios V.9–10 Dios conoce de antemano todas las cosas, también nuestras voluntades; que las conozca no les quita ser voluntades.
Boecio, La consolación de la filosofía V, prosa 6 Dios vive en un eterno presente: su saber es más “providencia” que “previsión”; ve lo futuro como nosotros vemos lo presente, sin forzarlo.
Charnock (1682/1996) Dios se conoce perfectamente a sí mismo y, conociéndose como causa de todo, conoce todo lo que puede hacer y lo que hará.
Berkhof (1938) el conocimiento de Dios es arquetípico (el nuestro es copia), inmediato, simultáneo y completo.
Grudem (2007) Dios se conoce plenamente a sí mismo y conoce todas las cosas reales y posibles en un acto simple y eterno.
Moo (1996) en Ro 8:29, προέγνω tiene el sentido del “conocer” hebreo: escoger y amar de antemano.

Tabla 9. La omnisciencia en la tradición. Nota. Paráfrasis propias; no se indican páginas.

Un debate abierto

La presciencia ha dividido a los teólogos, y la división depende de lo que se entienda por su objeto. Una primera lectura la entiende como el amor y la elección previos de personas, según el propósito de Dios. Una segunda la concibe como el conocimiento previo de quiénes creerán, de modo que la elección sigue a la fe prevista. El llamado teísmo abierto va más lejos y sostiene que las decisiones libres futuras todavía no existen para ser conocidas. Pink (2020, pp. 20–21) dedica su exposición a refutar la segunda lectura, porque a su juicio hace descansar los decretos de Dios en lo que él descubre en la criatura. La tabla presenta las tres lecturas con sus defensores:

Lectura Qué entiende por presciencia Defensores
Elección previa de personas amor y elección previos de personas, según el propósito de Dios Pink (2020); Berkhof (1938); Moo (1996)
Fe prevista conocimiento previo de quiénes creerán; la elección sigue a esa fe prevista Olson (2006)
Teísmo abierto Dios conoce todo lo que puede conocerse, pero las decisiones libres futuras todavía no existen para ser conocidas Pinnock et al. (1994); Boyd (2000)

Tabla 10. Lecturas de la presciencia. Nota. Elaboración propia.

Este estudio adopta la primera lectura, porque la sostienen el uso hebreo de yadá (Gn 18:19; Am 3:2) y los objetos personales de προγινώσκω. El teísmo abierto, por su parte, choca con textos como Is 46:10, Sal 139:16 y Hch 2:23: Dios anunció acciones libres, como la traición y la cruz, siglos antes de que ocurrieran.

Precisión

Las posturas se presentan con sus defensores; la valoración es propia de la serie.

Preguntas que plantea la Escritura

“Ya conozco”: ¿Dios aprende?

Algunos textos parecen sugerir que Dios averigua o descubre:

Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único.

(Gn 22:12)

descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, lo sabré.

(Gn 18:21)

La Escritura habla de Dios a la medida humana: Dios “desciende” (Gn 11:5; 18:21) y pregunta “¿Dónde estás tú?” (Gn 3:9) o “¿Dónde está Abel tu hermano?” (Gn 4:9). Con esas preguntas no busca información, sino una confesión. Y el mismo Génesis que dice “descenderé y veré” ha afirmado poco antes, con el mismo verbo, que Dios “conoció” a Abraham con un propósito (18:19).

En esa misma clave leyó la tradición judía estos textos. Sobre “ya conozco” (Gn 22:12), Rashi comenta: “desde ahora tengo qué responder al Satán y a las naciones”. El saber de Dios se vuelve público, y la prueba muestra a otros lo que Dios ya sabía. Ramban, en su comentario a Gn 22:1, explica que la prueba recibe ese nombre desde la perspectiva del que es probado: Dios prueba al justo del que sabe que hará su voluntad, para que su obediencia pase de la intención al hecho y reciba recompensa por la obra, no solo por el buen corazón.

Precisión

Interpretaciones rabínicas según Sefaria (Rashi a Gn 22:12; Ramban a Gn 22:1), en traducción y paráfrasis propias.

Saber de antemano no es obligar

La segunda pregunta es si la presciencia anula la libertad y la responsabilidad. Los textos sostienen ambas verdades sin disolver el misterio:

Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera.

(Hch 4:27–28)

Unos mismos hechos son a la vez el cumplimiento del consejo de Dios y el pecado de Herodes, de Pilato y del pueblo. La iglesia de Jerusalén ora con esa doble certeza, sin intentar reducir una a la otra, y la tradición judía hará lo mismo con una fórmula breve, como se verá en la sección siguiente.

Un encuentro en la historia de Israel: “y los reconoció Dios”

El clamor en Egipto

El encuentro elegido para este atributo se sitúa al comienzo del Éxodo. Israel lleva generaciones en Egipto, y la servidumbre se ha vuelto insoportable:

וַיַּרְא אֱלֹהִים אֶת־בְּנֵי יִשְׂרָאֵל וַיֵּדַע אֱלֹהִים

Aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre. Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los hijos de Israel, y los reconoció Dios.

(Éx 2:23–25)

Filología: Éx 2:24–25

וַיִּשְׁמַע vayishmá שׁמע “y oyó” el gemido.
וַיִּזְכֹּר vayizkor זכר “y se acordó” del pacto: no recuperó un dato olvidado, sino que actuó según su promesa.
וַיַּרְא vayar ראה “y miró”.
וַיֵּדַע vayedá ידע “y conoció” (RVR1960: “los reconoció”). En hebreo el verbo queda sin complemento: “y supo Dios”.

Cuatro verbos de Dios cierran el capítulo: oyó, se acordó, miró y conoció. El último queda abierto en hebreo, como si el narrador dejara al lector la tarea de completar qué supo Dios. La respuesta llega en la zarza ardiente:

רָאֹה רָאִיתִי אֶת־עֳנִי עַמִּי אֲשֶׁר בְּמִצְרָיִם
וְאֶת־צַעֲקָתָם שָׁמַעְתִּי מִפְּנֵי נֹגְשָׂיו כִּי יָדַעְתִּי אֶת־מַכְאֹבָיו

Dijo luego Señor: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias, y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha.

(Éx 3:7–8)

“He conocido sus angustias” (כִּי יָדַעְתִּי אֶת־מַכְאֹבָיו): el conocimiento de Dios no es un registro frío del sufrimiento, sino una forma de compadecerse, y desemboca en la acción: “he descendido para librarlos”.

Lo sabido antes y lo cumplido en el mismo día

Este conocimiento tiene una historia previa. Siglos antes, Dios había anunciado a Abram lo que sucedería:

Entonces Señor dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años. Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza.

(Gn 15:13–14)

El narrador del Éxodo, por su parte, subraya la exactitud del cumplimiento:

El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto fue cuatrocientos treinta años. Y pasados los cuatrocientos treinta años, en el mismo día todas las huestes de Señor salieron de la tierra de Egipto.

(Éx 12:40–41)

Figura 4. Presciencia, omnisciencia compasiva y cumplimiento en el Éxodo. Nota. Elaboración propia.

Dios conocía el sufrimiento de Israel antes de que comenzara (Gn 15) y lo conoció mientras ocurría (Éx 3). Saberlo de antemano no lo volvió indiferente: llegada la hora, oyó, se acordó, miró, conoció y descendió.

Precisión

La elección de este encuentro es propia de la serie y conviene confirmarla. La relación entre los cuatrocientos años de Gn 15:13 y los cuatrocientos treinta de Éx 12:40 se explica de varias maneras (cifra redonda, distintos puntos de partida); Pablo cuenta cuatrocientos treinta años desde la promesa hasta la ley (Gá 3:17).

La omnisciencia en el judaísmo

“Todo está previsto, y la libertad está dada”

La fórmula judía más conocida sobre la presciencia se encuentra en la Misná:

הַכֹּל צָפוּי וְהָרְשׁוּת נְתוּנָה
וּבְטוֹב הָעוֹלָם נִדּוֹן וְהַכֹּל לְפִי רֹב הַמַּעֲשֶׂה

Todo está previsto, y la libertad está dada; el mundo es juzgado con bondad, y todo según la mayoría de las obras.

(Misná, Avot 3:15)

Filología: Avot 3:15

צָפוּי tsafuy צפה “previsto”, “observado”: la raíz de “los ojos del Señor están en todo lugar, mirando” (צֹפוֹת, Pr 15:3).
הָרְשׁוּת harshut רשׁה “el permiso”, “la autorización”: la libertad de elegir.

El contexto de la Misná permite atribuir el dicho a Rabí Aquiba (siglo ii). La sentencia coloca lado a lado lo que la filosofía tiende a separar, presciencia y libertad, y no las reconcilia mediante una teoría: las afirma juntas, como hace Pedro en Hch 2:23.

En otro lugar del mismo tratado, Rabí (Yehudá ha-Nasí) aconseja: “Sabe qué hay sobre ti: un ojo que ve y un oído que oye (עַיִן רוֹאָה וְאֹזֶן שׁוֹמַעַת), y todas tus obras se escriben en un libro” (Avot 2:1). Es la ética de los Salmos 139 y 56: vivir delante del que ve y lleva registro.

Precisión

Misná según Sefaria, traducción propia. La atribución a Aquiba se deduce del contexto (Avot 3:13–15).

Rosh Hashaná: todos pasan delante de él

La Misná describe el juicio del Año Nuevo valiéndose de un verso del Salmo 33:

בְּרֹאשׁ הַשָּׁנָה כָּל בָּאֵי הָעוֹלָם עוֹבְרִין לְפָנָיו כִּבְנֵי מָרוֹן

En Rosh Hashaná todos los que vienen al mundo pasan delante de él como benei marón, como está dicho: “El formó el corazón de todos ellos; Atento está a todas sus obras” (Sal 33:15).

(Misná, Rosh Hashaná 1:2)

La expresión benei marón es oscura. El Talmud propone que alude a las ovejas que cruzan una a una la puerta estrecha del corral para ser contadas, o a soldados que desfilan en fila (Rosh Hashaná 18a). Sea cual fuere la lectura, la imagen es la misma: Dios ve a cada persona en particular, no a una multitud anónima. Y el Salmo 33 da la razón: el que formó el corazón conoce las obras.

La liturgia del Año Nuevo despliega el tema en la sección llamada Zijronot (“Recordaciones”), que confiesa ante Dios: “No hay olvido delante del trono de tu gloria, ni hay nada escondido ante tus ojos” (אֵין שִׁכְחָה לִפְנֵי כִסֵּא כְבוֹדֶךָ).

Precisión

La explicación de benei marón es la del Talmud de Babilonia. El texto de Zijronot se toma del majzor tradicional (cf. Elbogen, 1993); conviene cotejarlo con un majzor impreso.

Dios vio justos e impíos antes de crear

Un midrash sobre la creación del hombre enlaza la presciencia con la misericordia:

רָאָה צַדִּיקִים וּרְשָׁעִים יוֹצְאִים מִמֶּנּוּ

Dijo Rabí Berejiá: Cuando el Santo, bendito sea, vino a crear al primer hombre, vio justos e impíos que saldrían de él. Dijo: si lo creo, saldrán impíos de él; si no lo creo, ¿cómo saldrán justos de él? ¿Qué hizo? Apartó de su rostro el camino de los impíos, asoció a sí la medida de la misericordia, y lo creó.

(Bereshit Rabá 8:4)

El midrash se apoya en Sal 1:6: “Señor conoce el camino de los justos; mas la senda de los malos perecerá”. Prever el mal no detuvo la creación: Dios creó sabiendo, y creó con misericordia. El estudio de la misericordia (capítulo 14) mostró que la tradición judía asocia el nombre Señor a la medida de la misericordia; aquí esa medida se une a la presciencia.

Precisión

Midrash según Sefaria, traducción propia y abreviada. El paralelo con 1 P 1:20 (el Cordero conocido antes de la fundación del mundo, ver más adelante) es una lectura propia.

Maimónides: él y su saber son uno

Maimónides formula la pregunta sin rodeos en las leyes del arrepentimiento: si Dios sabe todo lo que será, ¿cómo puede el hombre elegir? Su respuesta (Mishné Torá, Hiljot Teshuvá 5:5) es que Dios no conoce con un saber externo a él, como los hombres, “que son ellos y su saber dos”; en Dios, él y su saber son uno. Por eso “no hay fuerza en el hombre para alcanzar” cómo conoce Dios, como no puede ver su rostro (Éx 33:20). Y lo respalda con Isaías:

כִּי לֹא מַחְשְׁבוֹתַי מַחְשְׁבוֹתֵיכֶם וְלֹא דַרְכֵיכֶם דְּרָכָי

Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Señor.

(Is 55:8)

Su conclusión es que el hombre responde de sus obras, aunque no pueda comprender cómo se armoniza esa responsabilidad con el conocimiento divino. En la Guía de perplejos (III:17–21) trata la providencia, hashgajá, la palabra formada a partir del verbo del Sal 33:14. En el siglo xiv, Gersónides sostuvo que Dios conoce a los particulares solo como parte del orden general del mundo; fue una postura minoritaria y muy discutida dentro del judaísmo.

Precisión

Mishné Torá según Sefaria, en paráfrasis propia; la postura de Gersónides se menciona como dato histórico.

Rashi, el Talmud y el Targum

Otras tres voces completan la mirada judía. Rashi, como ya se vio, lee el “yo lo he conocido” de Gn 18:19 como leshón jibá, expresión de cariño. El Talmud recoge un dicho de Rabí Janina que limita y a la vez confirma la soberanía divina: “Todo está en manos del Cielo, excepto el temor del Cielo”, con apoyo en Dt 10:12 (“¿qué pide Señor tu Dios de ti, sino que temas…?”; Berajot 33b). Y el Targum arameo del Salmo 139 amplía el v. 4 para disipar toda duda: “tú, Señor, conoces todos los pensamientos de mi corazón”.

Qumrán: el Dios del conocimiento

Los textos de Qumrán recogen el título del cántico de Ana. La Regla de la Comunidad lo emplea en su instrucción sobre los dos espíritus:

Del Dios del conocimiento procede todo lo que es y lo que será; antes de que existieran estableció todo su designio.

(1QS III:15)

La expresión אל הדעות (“Dios del conocimiento”) es la de 1 S 2:3. Bakker (2014) ha mostrado que varios textos de Qumrán interpretan ese título del cántico de Ana como una reflexión sobre la presciencia divina, nacida del estudio de la Escritura. Qumrán reúne así los dos temas de este capítulo: el El deot de Ana y el conocimiento de Dios antes de la creación.

Precisión

1QS III:15 se cita según las traducciones de García Martínez (1992) y Vermes (2004), con redacción adaptada; la transcripción hebrea conviene cotejarla en la edición.

La omnisciencia en Cristo, leída con Pablo

“¡Oh profundidad!”

Al cabo de tres capítulos sobre el lugar de Israel en el plan de Dios (Ro 9–11), Pablo no cierra con una explicación, sino con una doxología:

¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.

(Ro 11:33–36)

Filología: Ro 11:33–34

γνώσεως θεοῦ γινώσκω “de la ciencia de Dios”: su conocimiento.
ἀνεξεραύνητα ἐραυνάω “insondables”: que no se pueden escudriñar. Es el verbo con que el Espíritu “escudriña” lo profundo de Dios (1 Co 2:10).
ἀνεξιχνίαστοι ἴχνος “inescrutables”: caminos que no dejan huella que se pueda seguir.
τίς γὰρ ἔγνω νοῦν κυρίου — cita de Is 40:13 según la LXX: nadie le enseñó a Dios lo que sabe.

Pablo, el judío formado en las Escrituras, concluye su argumento más arduo del mismo modo que el Salmo 139: “Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender” (Sal 139:6). El conocimiento de Dios no es un problema por resolver, sino una profundidad ante la cual se adora.

El que escudriña los corazones

Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.

(Ro 8:26–27)

“El que escudriña los corazones” (ὁ ἐραυνῶν τὰς καρδίας) es un modo de nombrar a Dios heredado del Antiguo Testamento: “Yo Señor, que escudriño la mente, que pruebo el corazón” (Jer 17:10; cf. 1 S 16:7; Sal 139:1, 23). Pablo la emplea para consolar: cuando no sabemos qué pedir, Dios conoce lo que el Espíritu pide en nosotros. La omnisciencia se vuelve aquí auxilio de la oración débil.

Dos versos más adelante aparece la cadena que arranca en la presciencia:

Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.

(Ro 8:29–30)

Figura 5. La cadena de Romanos 8:29–30. Nota. Elaboración propia.

La cadena parte de la presciencia y desemboca en la gloria sin perder a nadie en el camino: los mismos que fueron conocidos de antemano son los que llegan a ser glorificados. El verbo “glorificó” está en pasado, como si el hecho ya se hubiera cumplido, porque lo que Dios conoció antes es tan seguro como lo ya ocurrido.

“Al cual desde antes conoció”: Israel

Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín. No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció… Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia.

(Ro 11:1–2, 5)

Aquí Pablo aplica la presciencia a Israel, y su pregunta repite casi palabra por palabra el Salmo 94: “Porque no abandonará Señor a su pueblo” (Sal 94:14; LXX 93:14: οὐκ ἀπώσεται κύριος τὸν λαὸν αὐτοῦ). El “desde antes conoció”, a su vez, recoge el “conocer” de Amós 3:2: “A vosotros solamente he conocido”. La presciencia funciona como garantía: lo que Dios conoció de antemano no lo desecha.

Precisión

El eco del Sal 94:14 en Ro 11:1–2 es claro en la forma verbal (ἀπωθέω); lo señalan comentaristas como Moo (1996).

Ser conocidos antes que conocer

En las cartas indiscutidas de Pablo, el conocimiento que Dios tiene de nosotros precede al nuestro y lo hace posible:

Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él.

(1 Co 8:3)

mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?

(Gá 4:9)

Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.

(1 Co 13:12)

Filología: 1 Co 13:12

γινώσκω ἐκ μέρους γινώσκω “conozco en parte”: el conocimiento humano es fragmentario.
ἐπιγνώσομαι καθὼς καὶ ἐπεγνώσθην ἐπιγινώσκω “conoceré plenamente como también fui plenamente conocido”. El creyente nunca será omnisciente, pero conocerá al modo en que fue conocido: cara a cara.

Por eso el verso que da unidad a esta obra comienza en Dios. Jeremías invita a “entender y conocer” al Señor (Jer 9:24), y Pablo aclara que ese conocimiento es una respuesta: podemos conocerlo porque él nos conoció primero.

En Cristo, todos los tesoros

para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.

(Col 2:2–3)

El conocimiento infinito de Dios no se halla repartido en fragmentos, sino “escondido” en una Persona (ἐν ᾧ εἰσιν πάντες οἱ θησαυροὶ τῆς σοφίας καὶ γνώσεως ἀπόκρυφοι). Esa es la tesis de esta obra: “en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Col 2:9).

Precisión

La autoría paulina de Colosenses se discute; la misma idea aparece en una carta indiscutida: Cristo es “sabiduría de Dios” (1 Co 1:24, 30).

Los evangelios presentan a Jesús ejerciendo ese conocimiento. Vio a Natanael debajo de la higuera antes de que Felipe lo llamara (Jn 1:48). “No tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre” (Jn 2:25). Anunció la traición antes de que se consumara, “para que cuando suceda, creáis que yo soy” (Jn 13:19). Y en Apocalipsis, el Cristo resucitado toma para sí la frase que en Jeremías define al Señor: “yo soy el que escudriña la mente y el corazón” (Ap 2:23; cf. Jer 17:10). La omnisciencia aparece así como una marca de su deidad.

Precisión

Sobre Mr 13:32 (“de aquel día y de la hora nadie sabe… ni el Hijo”), la tradición lo explica por la condición de siervo que el Hijo asumió al hacerse hombre (Flp 2:7); el texto no niega su deidad, sino que describe su humillación.

Pedro: el conocido de antemano

El apóstol que más emplea el vocabulario de la presciencia es Pedro, y su propia historia explica por qué.

Antes de la pasión, Jesús le anunció su caída y su restauración: “Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Lc 22:31–32). Ante la protesta de Pedro, Jesús le respondió: “el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces” (22:34). Cuando sucedió, “vuelto el Señor, miró a Pedro” (22:61). Y después de la resurrección, ante la tercera pregunta, Pedro respondió confesando la omnisciencia: “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo” (Jn 21:17).

Figura 6. Pedro y la presciencia. Nota. Elaboración propia.

En el aposento alto, la oración que Pedro preside llama a Dios καρδιογνώστης, “conocedor de corazones” (Hch 1:24). En Pentecostés predica la cruz como obra del “determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios” (Hch 2:23). En el concilio de Jerusalén apela otra vez al καρδιογνώστης θεός: “Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros” (Hch 15:8). Y en su primera carta saluda a los creyentes como “elegidos según la presciencia de Dios Padre”. Conocido de antemano en su caída y en su restauración, Pedro es el apóstol de la presciencia.

Precisión

La lectura biográfica que une estos textos es propia de la serie.

Pedro y los Salmos: lo que Dios dijo antes

Pedro nunca habla de la presciencia en abstracto. Cada vez que la nombra, la prueba con las Escrituras de Israel, casi siempre con los Salmos: para él, que Dios conozca de antemano se demuestra en que Dios dijo de antemano. Su primer discurso registrado en Hechos, anterior incluso a Pentecostés, comienza así:

Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús… Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitación, Y no haya quien more en ella; y: Tome otro su oficio.

(Hch 1:16, 20)

Pedro cita dos salmos de lamento, el 69 (“Sea su palacio asolado; En sus tiendas no haya morador”, Sal 69:25 [69:26]) y el 109 (“Sean sus días pocos; Tome otro su oficio”, Sal 109:8), y los lee como palabra que el Espíritu “habló antes” (προεῖπεν). La traición de Judas, que había quebrantado a los discípulos, no tomó a Dios por sorpresa. Es la lógica de Jesús en Lc 24:44: “era necesario” (ἔδει) que se cumpliera lo escrito “en los salmos”.

En Pentecostés, dos versos después de nombrar el “anticipado conocimiento de Dios” (Hch 2:23), Pedro cita el Salmo 16, que en hebreo comienza שִׁוִּיתִי יְהוָה לְנֶגְדִּי תָמִיד, “A Señor he puesto siempre delante de mí” (Sal 16:8):

Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido… Porque no dejarás mi alma en el Hades, Ni permitirás que tu Santo vea corrupción… Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.

(Hch 2:25, 27, 30–31)

Filología: Hch 1:16; 2:23, 31

ἔδει δεῖ “era necesario”: la necesidad que nace del plan de Dios (cf. Lc 24:44).
προεῖπεν προλέγω “habló antes”, “predijo”: el Espíritu dijo por boca de David lo que vendría.
προγνώσει προγινώσκω “anticipado conocimiento” de Dios (2:23).
προϊδὼν προοράω “viéndolo antes” (2:31): David, como profeta, vio de antemano la resurrección.

El discurso obedece a una arquitectura cuidada. En el v. 23 Dios conoce antes (πρόγνωσις); en el v. 30 David sabe por el juramento de Dios (Sal 132:11; 2 S 7:12); en el v. 31 David ve antes (προϊδών). El profeta ve de antemano porque Dios conoce de antemano y se lo revela. Pedro corona el argumento con el Salmo 110: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra” (Hch 2:34–35; Sal 110:1).

Cuando las autoridades amenazan a los apóstoles, la iglesia ora con el Salmo 2 y llega a la misma conclusión que Pedro había predicado en Pentecostés:

Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay; que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes, Y los pueblos piensan cosas vanas? Se reunieron los reyes de la tierra, Y los príncipes se juntaron en uno Contra el Señor, y contra su Cristo. Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera.

(Hch 4:24–28)

El “consejo” (βουλή) que en Hch 2:23 iba unido a la presciencia reaparece aquí con su verbo, προώρισεν, “habían antes determinado”. Es el lenguaje del Salmo 33: las naciones traman, pero “el consejo de Señor permanecerá” (Sal 33:10–11). Pink (2020, p. 24) apoya en el decreto del Salmo 2:7 la regla de que la presciencia descansa sobre el propósito de Dios, y no al revés.

Años más tarde, en su primera carta, Pedro explica cómo pudieron los profetas hablar de ese modo:

Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos.

(1 P 1:10–11)

Los profetas “escudriñaban” (ἐραυνῶντες), el verbo con que la Escritura describe a Dios que escudriña los corazones (Ro 8:27; Ap 2:23); y el Espíritu de Cristo “anunciaba de antemano” (προμαρτυρόμενον, “testificaba antes”) lo que vendría. La misma carta que se abre con la presciencia del Padre (1:2) y con el Cordero conocido antes de la fundación del mundo (1:20) atribuye la profecía a ese conocimiento previo. Y al exhortar a los creyentes a vivir en paz, Pedro cita otro salmo del Dios que ve: “Porque los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos a sus oraciones” (1 P 3:12; Sal 34:15 [34:16]).

Pedro Salmo Texto citado Qué muestra
Hch 1:16–20 69:25; 109:8 “Tome otro su oficio” la traición, dicha antes por el Espíritu
Hch 2:25–31 16:8–11 “no dejarás mi alma en el Hades” la resurrección, vista de antemano
Hch 2:34–35 110:1 “Siéntate a mi diestra” la exaltación del Mesías
Hch 4:11 118:22 “la piedra reprobada” el rechazo, anunciado y vencido
Hch 4:25–28 2:1–2 “¿Por qué se amotinan las gentes?” el consejo que había determinado antes
1 P 2:7 118:22 “La piedra que los edificadores desecharon” Cristo, precioso para los que creen
1 P 3:12 34:15–16 “los ojos del Señor están sobre los justos” la mirada de Dios sobre los suyos

Tabla 11. Los Salmos en la predicación y las cartas de Pedro. Nota. Elaboración propia; numeración española de los salmos.

La conclusión de Pedro coincide con la de este capítulo. Dios lo conoce todo, y por eso conoce también lo que vendrá; lo dijo por los profetas y por los salmos, y lo cumplió en Cristo. Pero lo que conoció antes no fueron solo hechos, sino una Persona y un pueblo: “a éste” (Hch 2:23), “el Cordero” (1 P 1:20), “los elegidos” (1 P 1:1–2). La presciencia es la omnisciencia vista desde el amor que la precede.

Precisión

La lectura de los Salmos 69 y 109 como profecía de Judas es la de Pedro en Hechos; en su contexto original son lamentos del justo perseguido. La estructura del discurso de Hch 2 (conocer antes, saber, ver antes) es una observación propia sobre el texto griego.

“Elegidos según la presciencia”

Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas.

(1 P 1:1–2)

Filología: 1 P 1:1–2

παρεπιδήμοις διασπορᾶς — “expatriados de la dispersión”: diáspora es el término de Israel disperso entre las naciones.
κατὰ πρόγνωσιν θεοῦ πατρός προγινώσκω “según la presciencia de Dios Padre”.
ἐν ἁγιασμῷ πνεύματος ἁγιάζω “en santificación del Espíritu”.
ῥαντισμὸν αἵματος Ἰησοῦ Χριστοῦ ῥαντίζω “rociamiento de la sangre de Jesucristo”: evoca la sangre del pacto rociada en el Sinaí (Éx 24:8).

La presciencia pertenece aquí al Padre, que conoce de antemano, y alcanza su fin en la santificación y en la sangre de Jesucristo. A un pueblo disperso y extranjero le asegura que no es anónimo: sus miembros fueron conocidos y amados antes de llegar a ser.

Entonces Moisés tomó la sangre y roció sobre el pueblo, y dijo: He aquí la sangre del pacto que Señor ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas.

(Éx 24:8)

Precisión

Pink (2020, p. 24) entiende “la dispersión” como judíos creyentes. Muchos comentaristas la leen en sentido figurado, para iglesias que incluían gentiles, por expresiones como “vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres” (1 P 1:18) y “lo que agrada a los gentiles” (4:3).

El Cordero conocido antes de la fundación del mundo

sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros.

(1 P 1:18–20)

Filología: 1 P 1:20

προεγνωσμένου προγινώσκω “conocido de antemano” (RVR1960: “ya destinado desde antes”). El objeto de la presciencia es Cristo.
πρὸ καταβολῆς κόσμου καταβολή “antes de la fundación del mundo”.
φανερωθέντος φανερόω “manifestado”: lo conocido desde la eternidad aparece en la historia.

El texto evoca el monte Moriá. Cuando Isaac preguntó dónde estaba el cordero, Abraham respondió:

אֱלֹהִים יִרְאֶה־לּוֹ הַשֶּׂה לְעֹלָה בְּנִי

Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos.

(Gn 22:8)

“Se proveerá” es יִרְאֶה (yiré), literalmente “verá”. Dios “ve de antemano” el cordero, y Abraham llama al lugar יְהוָה יִרְאֶה, “el Señor verá”, “el Señor proveerá” (Gn 22:14). La palabra española “providencia” viene del latín pro-videre, “ver antes”. En el lenguaje de la Escritura, el Dios que ve de antemano es el mismo que provee.

Precisión

La conexión entre Gn 22 y 1 P 1:19–20 es una lectura tipológica. La etimología latina de “providencia” sirve como ilustración, no como prueba del sentido del hebreo.

La presciencia comunicada

En su segunda carta, Pedro aplica el mismo verbo a los creyentes:

Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza.

(2 P 3:17)

προγινώσκοντες, “sabiéndolo de antemano”: los creyentes no son omniscientes, pero la Palabra les ha advertido de lo que vendrá. Así llega a nosotros la presciencia de Dios: como revelación. “Las cosas secretas pertenecen a Señor nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre” (Dt 29:29 [29:28]).

Precisión

La autoría petrina de 2 Pedro se discute en la investigación; el uso del verbo se apoya también en 1 P 1:20.

Aplicación: vivir delante del que todo lo sabe

Un atributo incomunicable

Solo Dios lo conoce todo: “sólo tú conoces el corazón de todos los hijos de los hombres” (1 R 8:39). El ser humano recibe apenas reflejos de ese saber: el conocimiento revelado (Dt 29:29), el aviso de lo que vendrá (2 P 3:17) y, al final, un conocer “como fui conocido” (1 Co 13:12). Lo propio del creyente no es saberlo todo, sino vivir delante del que lo sabe todo.

Precisión

Clasificación propuesta: incomunicable. Conviene confirmarla.

Orar los Salmos delante del que sabe

Los Salmos enseñan esa respuesta mejor que cualquier lista, porque en ellos la omnisciencia aparece ya convertida en oración. La primera actitud que suscitan es el temor santo. “Los ojos de Señor están en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos” (Pr 15:3), y “todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (He 4:13). Pink (2020, p. 19) lo expresa con sencillez: “¡Qué freno sería para nosotros si meditáramos en ello con más frecuencia!”. Quien se sabe visto vive con integridad aun donde nadie más mira, como el justo del Salmo 17, examinado de noche.

Ese mismo temor se vuelve consuelo. Job no entiende su sufrimiento, pero sabe que “él conoce mi camino” (Job 23:10). David huye de Saúl y de los filisteos, pero sus lágrimas están guardadas en el odre de Dios (Sal 56:8). Y el Salmo 147 une las estrellas contadas con las heridas vendadas. Ningún dolor queda sin registro, porque el que cuenta las estrellas cuenta también las huidas.

Del consuelo nace la oración confiada. “Vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis” (Mt 6:8). La oración no informa a Dios: descansa en que él ya sabe, como el salmista que dice: “delante de ti están todos mis deseos, y mi suspiro no te es oculto” (Sal 38:9). Y cuando no sabemos qué pedir, el que escudriña los corazones entiende lo que el Espíritu pide por nosotros (Ro 8:26–27).

La omnisciencia reclama, además, sinceridad. Adán se escondió entre los árboles (Gn 3:8); David, en cambio, al final del Salmo 139, se expone: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón” (139:23). Juan ofrece la razón para no temer ese examen: “si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas” (1 Jn 3:20). El que conoce el pecado es el mismo que conoce “nuestra condición” (Sal 103:14).

La presciencia, por último, otorga seguridad. “Conoce el Señor a los que son suyos” (2 Ti 2:19). Los que Dios conoció de antemano no se pierden en la cadena que conduce a la gloria (Ro 8:29–30); como Pedro, pueden caer, pero el que los conoció antes rogó también por ellos (Lc 22:32). Pink (2020, p. 19) cierra su capítulo sobre la omnisciencia con esa adoración: Dios “previó cada una de mis caídas” y, sin embargo, “fijó su corazón sobre mí”.

Dios nos conoce por entero, y aun así puso su amor en nosotros antes de que existiéramos. Ante esa mirada queda una alternativa: escondernos de él como Adán, o pedirle como David: “Examíname, oh Dios”.

Síntesis

El Señor es El deot, “el Dios de todo saber” (1 S 2:3). Conoce lo real y lo posible, el pasado y el futuro, y el corazón, sin aprender ni olvidar (Sal 139; Is 46:10; He 4:13). En hebreo, su conocer es una relación: yadá es mirar con favor y escoger (Gn 18:19; Am 3:2). De ahí que la presciencia sea la omnisciencia vuelta amor: Dios conoció de antemano a Cristo (1 P 1:20), a Israel (Ro 11:2) y a los suyos (Ro 8:29; 1 P 1:2), según su propósito (Hch 2:23). Israel lo confesó en los Salmos (el que examina, cuenta las estrellas y “se humilla a mirar”) y en el Éxodo (“y los reconoció Dios”); el judaísmo lo resumió en “todo está previsto, y la libertad está dada”. Pablo adoró ante su profundidad (Ro 11:33) y Pedro, conocido de antemano en su caída, lo predicó con los Salmos que el Espíritu “habló antes” (Hch 1:16; 2:31). En Cristo están escondidos todos los tesoros del conocimiento (Col 2:3).

Mirada Aporte al atributo
Hebrea yadá, jaqar, bajan, El deot, temim deím; los Salmos 1, 7, 11, 17, 33, 38, 44, 56, 69, 90, 94, 103, 105, 113, 139 y 147; el Éxodo: “y los reconoció Dios”.
Judía “Todo está previsto, y la libertad está dada” (Avot 3:15); Avot 2:1; Rosh Hashaná; el Hallel (Pesajim 10:6); Berajot 10a; Meguilá 31a; Bereshit Rabá 8:4; Rashi; Maimónides; 1QS III:15.
Teológica alcance (He 4:13), temor (Nm 32:23), consuelo (Job 23:10), oración (Mt 6:8), saber y decretar (Hch 2:23), presciencia de personas (Ro 8:29; 1 P 1:20); Agustín, Boecio, Charnock, Berkhof, Grudem, Moo.
Paulina y petrina Ro 8:27–30; 11:1–2, 33–36; 1 Co 8:3; 13:12; Gá 4:9; Col 2:3; Hch 1:16–20, 24; 2:23–35; 4:24–28; 15:8; 1 P 1:2, 10–11, 20; 3:12; 2 P 3:17.

Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Señor, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Señor.

(Jer 9:24 [9:23])

Conocer a Dios, la gloria que Jeremías propone, es posible porque Dios nos conoció primero; y el que todo lo sabe nos llama ahora a conocerlo.

Compendio bíblico

Gn 16:13 “Tú eres Dios que ve” Mt 6:8 “vuestro Padre sabe… antes que vosotros le pidáis”
Gn 18:19 “Porque yo sé que mandará a sus hijos” Mt 10:30 “vuestros cabellos están todos contados”
Gn 22:8 “Dios se proveerá de cordero” Lc 24:44 “lo que está escrito de mí… en los salmos”
Éx 3:7 “he conocido sus angustias” Jn 2:25 “él sabía lo que había en el hombre”
Dt 29:29 “Las cosas secretas pertenecen a Señor” Jn 21:17 “Señor, tú lo sabes todo”
1 S 2:3 “el Dios de todo saber es Señor” Hch 1:16 “el Espíritu Santo habló antes por boca de David”
1 S 16:7 “Señor mira el corazón” Hch 1:24 “que conoces los corazones de todos”
1 R 8:39 “sólo tú conoces el corazón” Hch 2:23 “anticipado conocimiento de Dios”
Job 23:10 “Mas él conoce mi camino” Hch 2:31 “viéndolo antes, habló de la resurrección”
Sal 1:6 “Señor conoce el camino de los justos” Hch 4:28 “tu consejo habían antes determinado”
Sal 7:9 “el Dios justo prueba la mente y el corazón” Hch 15:8 “Dios, que conoce los corazones”
Sal 11:4 “Sus ojos ven, sus párpados examinan” Ro 8:27 “el que escudriña los corazones”
Sal 17:3 “Tú has probado mi corazón” Ro 8:29 “a los que antes conoció”
Sal 33:11 “El consejo de Señor permanecerá” Ro 11:2 “al cual desde antes conoció”

Tabla 12. Compendio bíblico de la omnisciencia y la presciencia (1 de 2). Nota. Textos en la RVR1960.

Sal 33:15 “Atento está a todas sus obras” Ro 11:33 “¡Oh profundidad…!”
Sal 38:9 “mi suspiro no te es oculto” 1 Co 2:10 “el Espíritu todo lo escudriña”
Sal 44:21 “él conoce los secretos del corazón” 1 Co 8:3 “es conocido por él”
Sal 56:8 “Pon mis lágrimas en tu redoma” 1 Co 13:12 “conoceré como fui conocido”
Sal 94:9 “El que formó el ojo, ¿No verá?” Gá 4:9 “siendo conocidos por Dios”
Sal 103:14 “él conoce nuestra condición” Col 2:3 “todos los tesoros… del conocimiento”
Sal 113:6 “Que se humilla a mirar” 2 Ti 2:19 “Conoce el Señor a los que son suyos”
Sal 139:1 “tú me has examinado y conocido” He 4:13 “todas las cosas están desnudas y abiertas”
Sal 139:16 “Mi embrión vieron tus ojos” 1 P 1:2 “elegidos según la presciencia”
Sal 147:5 “su entendimiento es infinito” 1 P 1:11 “anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo”
Pr 15:3 “Los ojos de Señor están en todo lugar” 1 P 1:20 “ya destinado desde antes de la fundación”
Is 46:10 “anuncio lo por venir desde el principio” 1 P 3:12 “los ojos del Señor están sobre los justos”
Jer 1:5 “Antes que te formase… te conocí” 1 Jn 3:20 “él sabe todas las cosas”
Jer 17:10 “que escudriño la mente” Ap 2:23 “el que escudriña la mente y el corazón”

Tabla 12. Compendio bíblico (2 de 2).

Glosario

(בָּחַן). Probar, como se prueba el metal (Sal 139:23).

(דַּעַת). Conocimiento (Sal 94:10; 139:6).

(אֵל דֵּעוֹת). “Dios de todo saber” (1 S 2:3); en Qumrán, “Dios del conocimiento” (1QS III:15).

(אֵל רֳאִי). “Dios que ve” (Gn 16:13).

(γνῶσις). Conocimiento (Ro 11:33; Col 2:3).

(גֹּלֶם). Embrión, masa sin forma (Sal 139:16).

(הַלֵּל). “Alabanza”: los Salmos 113–118, cantados en las fiestas; el 113 lo abre.

(הַשְׁגָּחָה). Providencia, en el hebreo posterior; del verbo shagaj, “mirar con atención” (Sal 33:14).

(חָקַר). Examinar a fondo, escudriñar (Sal 139:1, 23).

(καρδιογνώστης). “Conocedor de corazones” (Hch 1:24; 15:8).

(לְשׁוֹן חִבָּה). “Expresión de cariño”: así lee Rashi el “conocer” de Gn 18:19.

(προεῖπεν). “Habló antes”: el Espíritu por boca de David (Hch 1:16).

(προϊδών). “Viéndolo antes”: David ante la resurrección (Hch 2:31).

(προγινώσκω). Conocer de antemano (Ro 8:29; 1 P 1:20).

(πρόγνωσις). Presciencia (Hch 2:23; 1 P 1:2).

(תְּמִים דֵּעִים). “Perfecto en conocimientos” (Job 37:16).

(תְּבוּנָה). Entendimiento (Sal 147:5; Is 40:28).

(תַּעֲלֻמוֹת לֵב). “Los secretos del corazón” (Sal 44:21).

(צָפוּי). Previsto, observado (Avot 3:15).

(יָדַע). Conocer, saber; con Dios como sujeto, a menudo conocer con favor y escoger.

(יֵצֶר). “Hechura”, “condición”: “él conoce nuestra condición” (Sal 103:14).

(יִרְאֶה). “Verá”, “proveerá” (Gn 22:8, 14).

(זִכְרוֹנוֹת). “Recordaciones”: sección de la oración del Año Nuevo judío.

Referencias 32

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