La ira santa de Dios

“¿Quién permanecerá delante de su ira?” (Nah 1:6)

Atributos de Dios
Desde Génesis hasta Apocalipsis la Biblia afirma una verdad incómoda: Dios es santo y reacciona contra el pecado.
Fecha de publicación

21 de octubre de 2026

Desde Génesis hasta Apocalipsis la Biblia afirma una verdad incómoda: Dios es santo y reacciona contra el pecado. Este capítulo estudia la ira de Dios a partir de Nahúm 1, un poema que en pocos versos llama a Dios “tardo para la ira” y “vengador”, y a la vez lo confiesa “bueno, fortaleza en el día de la angustia”. Desde allí define la ira como la respuesta santa, justa y deliberada de Dios ante el pecado, distinta de la ira humana; recorre el vocabulario hebreo, hecho de imágenes físicas (la nariz que se enciende, el calor, el desborde), y sigue su rastro en la historia de Israel: el Mar Rojo, María, Coré, la generación del desierto, Sodoma y la caída de Jerusalén. Muestra luego que el Día de la Expiación ofrecía una respuesta temporal, y que Pablo, judío formado en las Escrituras de Israel, presenta a Cristo como el hilastērion en quien la ira es satisfecha, la justicia cumplida y el amor derramado. El capítulo termina con la ira venidera y con su aplicación a la vida.

Palabras clave: ira de Dios, af, orgē, Nahúm 1, Yom Kipur, propiciación, Pablo.

Nota sobre el texto

Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1960. Donde esta escribe “Jehová”, aquí se escribe Señor, que traduce el tetragrama יהוה, leído en la tradición judía como Adonay. El hebreo sigue la BHS; el griego, NA28 y la Septuaginta de Rahlfs-Hanhart. En Salmos y en Números 16–17 se da la numeración española y, entre corchetes, la hebrea cuando difieren.

Una verdad incómoda

La palabra “ira” aparece en la Biblia más de seiscientas veces, y solo la expresión “la ira de Dios” se lee 223 veces en la Septuaginta. Pink observa que la Escritura habla más de la ira, el furor y la indignación de Dios que de su amor y su ternura (Pink, 1930/2020). Y, sin embargo, es el atributo que menos se predica: muchos prefieren un Dios que no juzga, pero la Escritura no conoce a ese Dios.

Precisión

Las dos cifras proceden del material de estudio del autor de esta serie y conviene verificarlas en una concordancia (e-Sword), porque varían según la versión y según qué palabras entren en el conteo.

אֱלֹהִים שׁוֹפֵט צַדִּיק וְאֵל זֹעֵם בְּכָל־יוֹם

Dios es juez justo, Y Dios está airado contra el impío todos los días.

(Sal 7:11 [7:12])

Filología: Sal 7:11

שׁוֹפֵט צַדִּיק shofet tsaddiq שׁפט, צדק “juez justo”: la ira de Dios se presenta desde el principio como un acto judicial.
זֹעֵם zo’em זעם “indignado”: participio. La indignación de Dios contra el mal no es un arrebato ocasional, sino una disposición constante (“todos los días”).

Precisión textual

La RVR1960 añade “contra el impío”, que no está en el texto hebreo; lo toma del contexto (Sal 7:9, 14–16). El hebreo dice literalmente “y Dios se indigna cada día”.

Texto ancla: Nahúm 1:2–7

Nahúm y Nínive

Nahúm anuncia la caída de Nínive, capital de Asiria, el imperio que en el 722 a. e. c. se había llevado cautivo al reino del norte (2 R 17:6). Dos fechas permiten situar la profecía: el libro recuerda como hecho pasado la caída de Tebas, No-amón (Nah 3:8), ocurrida en el 663 a. e. c., y anuncia como futura la de Nínive, que sucedió en el 612 a. e. c. Nahúm profetiza, por tanto, entre una y otra (Robertson, 1990).

Un siglo antes, Nínive se había arrepentido con la predicación de Jonás, y Dios “se arrepintió del mal que había dicho que les haría” (Jon 3:10). Jonás se quejó entonces con la fórmula que Dios había pronunciado ante Moisés: “sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia” (Jon 4:2; cf. Éx 34:6). Nahúm retoma esa misma fórmula, pero la completa con la segunda mitad de Éx 34:7: Dios es tardo para la ira, “y no tendrá por inocente al culpable”. Ambos profetas leen el mismo Nombre de Dios; uno se detiene en la paciencia que perdona, el otro en la justicia que no se anula.

Figura 1. Nahúm en la historia de Asiria. Nota. Elaboración propia con las fechas de Robertson (1990).

El Dios celoso y tardo para la ira

אֵל קַנּוֹא וְנֹקֵם יְהוָה נֹקֵם יְהוָה וּבַעַל חֵמָה
יְהוָה אֶרֶךְ אַפַּיִם וּגְדָל־כֹּחַ וְנַקֵּה לֹא יְנַקֶּה

Señor es Dios celoso y vengador; Señor es vengador y lleno de indignación; se venga de sus adversarios, y guarda enojo para sus enemigos. Señor es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable. Señor marcha en la tempestad y el torbellino, y las nubes son el polvo de sus pies.

(Nah 1:2–3)

Filología: Nah 1:2–3

קַנּוֹא qanno קנא “celoso”: el celo del esposo que no tolera rival (Éx 20:5; Jos 24:19). La ira nace del celo por lo que le pertenece.
נֹקֵם noqem נקם “vengador”, tres veces en el v. 2. No es revancha personal: es la reparación que el juez debe a la justicia (Dt 32:35).
בַּעַל חֵמָה ba’al jemá יחם literalmente, “señor de furor” (RVR1960: “lleno de indignación”). Jemá es calor, ardor.
נוֹטֵר noter נטר “guarda” el enojo: lo mantiene en reserva y no lo descarga de inmediato.
אֶרֶךְ אַפַּיִם érej appáyim ארך, אנף “largo de narices”: lento para la ira. Es la fórmula de Éx 34:6.
וְנַקֵּה לֹא יְנַקֶּה venaqqé lo yenaqqé נקה “y absolver, no absolverá”: el infinitivo absoluto refuerza la negación. Cita Éx 34:7.

En un mismo verso conviven la paciencia de Dios (érej appáyim) y su justicia (lo yenaqqé). Su ira es lenta, pero no se anula. Nínive dispuso de más de un siglo desde la predicación de Jonás, y ese plazo no era indiferencia, sino paciencia.

¿Quién permanecerá?

לִפְנֵי זַעְמוֹ מִי יַעֲמוֹד וּמִי יָקוּם בַּחֲרוֹן אַפּוֹ
חֲמָתוֹ נִתְּכָה כָאֵשׁ וְהַצֻּרִים נִתְּצוּ מִמֶּנּוּ

¿Quién permanecerá delante de su ira? ¿y quién quedará en pie en el ardor de su enojo? Su ira se derrama como fuego, y por él se hienden las peñas.

(Nah 1:6)

Filología: Nah 1:6

זַעַם za’am זעם “indignación”: la ira que denuncia y condena.
חֲרוֹן אַף jarón af חרה “ardor de nariz”: la ira que se enciende.
נִתְּכָה nittejá נתך “se derrama”; el verbo se usa para el metal fundido (Ez 22:20–22).
מִי יַעֲמוֹד mi ya’amod עמד “¿quién permanecerá de pie?”: pregunta retórica cuya respuesta es “nadie”.

La pregunta de Nahúm recorre toda la Escritura. Malaquías vuelve a formularla ante la venida del Señor: “¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando él se manifieste?” (Mal 3:2). Apocalipsis la pone en boca de los reyes de la tierra: “el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” (Ap 6:17). Nahúm, sin embargo, no la deja sin salida:

Señor es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían.

(Nah 1:7)

Precisión

Nah 1:2–8 forma un acróstico parcial: con algunas irregularidades, los versos siguen el orden del alfabeto hebreo desde א hasta כ (Robertson, 1990). La forma sugiere un poema que lo dice “todo” sobre el Dios que juzga, aunque leerla como signo de “totalidad” es una interpretación.

Bondad y severidad

El poema que muestra la ira muestra también la bondad, y Pablo, judío que lee a Israel cumplido en Cristo, pide mirar ambas caras a la vez:

Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado.

(Ro 11:22)

Filología: Ro 11:22

ἀποτομία apotomía τέμνω “severidad”: de ἀποτέμνω, “cortar de raíz”. Un corte tajante (Bauer et al., 2000).
χρηστότης jrēstótēs χρηστός “bondad”: benignidad que se hace útil al otro.

Separar la bondad de la severidad deforma la imagen de Dios. Un Dios solo severo sería un tirano, y uno solo bondadoso, indiferente al mal. Por eso Nahúm y Pablo las sostienen juntas en la misma frase.

La palabra: el vocabulario de la ira

Un campo con imágenes físicas

Para hablar de la ira de Dios el hebreo no dispone de una sola palabra, sino de un campo entero, y casi todos sus términos son imágenes concretas: la nariz que resopla, el calor, el fuego, el agua que se desborda.

Término Raíz Imagen y sentido Ejemplo
אַף af אנף nariz; la ira que se enciende Nm 12:9; Sal 95:11
חֵמָה jemá יחם calor, veneno, furor Nah 1:2, 6
חָרוֹן jarón חרה ardor, incendio Éx 15:7; Nah 1:6
עֶבְרָה evrá עבר furia que pasa por encima, que se desborda Sof 1:15
קֶצֶף qétsef קצף enojo, indignación Nm 16:46 [17:11]
זַעַם za’am זעם indignación que denuncia y condena Nah 1:6

Tabla 1. Vocabulario hebreo de la ira de Dios. Nota. Sentidos según Koehler y Baumgartner (2001).

“Largo de narices”

יְהוָה אֶרֶךְ אַפַּיִם וְרַב־חֶסֶד

Señor, tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable; que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta los terceros y hasta los cuartos.

(Nm 14:18)

Filología: Nm 14:18

אַף / אַפַּיִם af / appáyim אנף “nariz” / “narices”. Cuando alguien se enoja, la nariz resopla y se “enciende”: וַיִּחַר אַף (vayyíjar af), “se encendió la ira” (Nm 12:9).
אֶרֶךְ érej ארך “largo”. Érej appáyim, “largo de narices”, describe al que tarda en encenderse.
רַב־חֶסֶד rav-jésed חסד “grande en misericordia”: amor leal de pacto.

Tras el informe de los espías, Moisés intercede por Israel con las palabras del propio Dios (Éx 34:6–7). No niega la justicia (“de ningún modo tendrá por inocente al culpable”), sino que apela a la paciencia. Dios perdona; y, aun así, aquella generación no entra en la tierra (Nm 14:20–23).

Del hebreo a Pablo

La Septuaginta vierte este campo sobre todo con dos palabras griegas, ὀργή (orgē) y θυμός (thymós). Pablo hereda ese vocabulario y prefiere casi siempre orgē; a menudo le basta decir “la ira”, sin más, para referirse al juicio final (Ro 5:9; 1 Ts 1:10).

Figura 2. El vocabulario de la ira del hebreo a Pablo. Nota. Elaboración propia.

Precisión

Trench (1880) distinguió orgē, la ira como disposición firme, de thymós, el estallido de la pasión. La distinción es útil, pero el uso no es rígido: Pablo junta las dos palabras en Ro 2:8 (“ira y enojo”), y en sus listas de vicios thymós designa la ira humana (Gá 5:20).

El Nombre que revela la ira santa

En la Escritura, el nombre de Dios revela lo que él es (Éx 33:18–19). Por eso importa que el Nombre proclamado en el Sinaí contenga a la vez la paciencia y el juicio: “tardo para la ira” y “de ningún modo tendrá por inocente al malvado” (Éx 34:6–7). En el texto ancla, Nahúm repite tres veces el Nombre junto al título “vengador” y llama a Dios בַּעַל חֵמָה (ba’al jemá), “señor de furor” (Nah 1:2). A partir de la ira, la Escritura forma todavía otros títulos.

“Dios de las venganzas”

אֵל־נְקָמוֹת יְהוָה
אֵל נְקָמוֹת הוֹפִיעַ

Señor, Dios de las venganzas, Dios de las venganzas, muéstrate. Engrandécete, oh Juez de la tierra; Da el pago a los soberbios.

(Sal 94:1–2)

Filología: Sal 94:1–2

אֵל נְקָמוֹת El neqamot נקם “Dios de venganzas”; el plural intensifica. La neqamá bíblica no es revancha personal: es la reparación que el juez debe al agraviado (Dt 32:35).
הוֹפִיעַ hofí’a יפע “resplandece”, “muéstrate”: verbo de teofanía, el que describe a Dios cuando aparece para actuar (Dt 33:2; Sal 50:2; 80:1 [80:2]).
שֹׁפֵט הָאָרֶץ shofet ha’árets שׁפט “Juez de la tierra”: el título de Gn 18:25 (“el Juez de toda la tierra”).
ὁ θεὸς ἐκδικήσεων — la Septuaginta traduce “el Dios de las vindicaciones” (Sal 93:1 LXX), con la familia de ἐκδικ- que usará Pablo.

El propio salmo explica por qué el salmista invoca así a Dios: “A la viuda y al extranjero matan, Y a los huérfanos quitan la vida” (Sal 94:6). Lejos de ser una amenaza contra el débil, el nombre “Dios de las venganzas” es su esperanza, porque si Dios no vengara a la viuda y al huérfano, la injusticia tendría la última palabra.

“Dios de retribuciones”

כִּי אֵל גְּמֻלוֹת יְהוָה שַׁלֵּם יְשַׁלֵּם

Porque vino destruidor contra ella, contra Babilonia, y sus valientes fueron apresados; el arco de ellos fue quebrado; porque Señor, Dios de retribuciones, dará la paga.

(Jer 51:56)

Filología: Jer 51:56

אֵל גְּמֻלוֹת (El gemulot) es “Dios de retribuciones”; la raíz גמל significa “dar a cada uno lo que corresponde”. שַׁלֵּם יְשַׁלֵּם (shallem yeshallem) une el infinitivo absoluto y el verbo de la raíz שׁלם: “ciertamente pagará”. Es la misma raíz de shalom: la retribución restablece lo que la injusticia quebró.

El oráculo se dirige contra Babilonia, el imperio que destruyó Jerusalén; así, la ira de Dios contra el opresor resulta ser también fidelidad a su pueblo.

“Cuyo nombre es Celoso”

כִּי יְהוָה קַנָּא שְׁמוֹ אֵל קַנָּא הוּא

Porque no te has de inclinar a ningún otro dios, pues Señor, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es.

(Éx 34:14)

Filología: Éx 34:14

קַנָּא שְׁמוֹ (qanná shemó): “Celoso (es) su nombre”. Como con “Santo” (Is 57:15), el atributo se vuelve Nombre. El verso está en el mismo capítulo de las trece medidas (Éx 34:6–7). La ira nace del celo; el celo tendrá su propio capítulo.

Precisión

La tradición rabínica asoció cada nombre de Dios con una de sus obras. En Shemot Rabá 3:6, Rabí Abbá bar Memel pone en boca de Dios estas palabras: “Cuando juzgo a las criaturas, soy llamado Elohim; cuando hago guerra contra los impíos, soy llamado Tsevaot; cuando suspendo el castigo por los pecados del hombre, soy llamado El Shadday; y cuando tengo misericordia de mi mundo, soy llamado Señor”. No se trata de una etimología, sino de una lectura rabínica que reúne en el mismo Dios el juicio, la guerra contra el mal, la paciencia y la misericordia.

El Señor vengador y el nombre de Jesús, con Pablo

Pablo recibe este vocabulario del Dios de las venganzas. Cita Dt 32:35 (“Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor”, Ro 12:19) y advierte a los tesalonicenses:

que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y testificado.

(1 Ts 4:6)

Filología: 1 Ts 4:6

ἔκδικος κύριος (ékdikos kýrios): “vengador (es el) Señor”. ἔκδικος pertenece a la misma familia que ἐκδικήσεων de Sal 93:1 LXX y ἐκδίκησις de Ro 12:19. Pablo aplica a “el Señor” el título del Sal 94.

Pero frente a esa ira el mismo Pablo anuncia otro Nombre: “a Jesús, quien nos libra de la ira venidera” (Ἰησοῦν τὸν ῥυόμενον ἡμᾶς ἐκ τῆς ὀργῆς τῆς ἐρχομένης, 1 Ts 1:10). En hebreo, יְהוֹשׁוּעַ (Yehoshúa) o יֵשׁוּעַ (Yeshúa), el nombre de Jesús une el Nombre divino con la raíz ישׁע, “salvar”, y significa “el Señor salva”. Así lo explica el ángel: “llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1:21). El Dios de las venganzas da a su Hijo un nombre de salvación.

Precisión

En 1 Ts 4:6, “el Señor” puede referirse a Dios o a Cristo, y los comentaristas se dividen al respecto. La explicación del nombre de Jesús por la raíz ישׁע la da el propio Mateo; su relación con el título de Sal 94:1 es lectura propia.

Nombre o título Hebreo / griego Texto Qué revela
“Tardo para la ira … no tendrá por inocente” אֶרֶךְ אַפַּיִם; וְנַקֵּה לֹא יְנַקֶּה Éx 34:6–7 Paciencia y juicio en el Nombre
“Dios celoso y vengador”, “señor de furor” אֵל קַנּוֹא וְנֹקֵם; בַּעַל חֵמָה Nah 1:2 El texto ancla
“Cuyo nombre es Celoso” קַנָּא שְׁמוֹ Éx 34:14 La ira nace del celo
“Dios de las venganzas” אֵל נְקָמוֹת Sal 94:1 Esperanza del oprimido
“Juez de la tierra” שֹׁפֵט הָאָרֶץ Sal 94:2; Gn 18:25 Juicio justo
“Dios de retribuciones” אֵל גְּמֻלוֹת Jer 51:56 Da a cada uno lo suyo
“El Señor es vengador” ἔκδικος κύριος 1 Ts 4:6; Ro 12:19 Pablo hereda el título
“Jesús, que nos libra de la ira” Ἰησοῦς, יֵשׁוּעַ 1 Ts 1:10; Mt 1:21 El Nombre que salva

Tabla. La ira santa en los nombres de Dios. Nota. Elaboración propia.

Definición

Lo que la ira de Dios no es

La palabra “ira” evoca de inmediato la experiencia humana: el grito, el portazo, el rencor. La ira de Dios no se parece a nada de eso, y conviene precisar en qué se distingue.

Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.

(Stg 1:19–20)

Filología: Stg 1:20

ὀργὴ γὰρ ἀνδρὸς δικαιοσύνην θεοῦ οὐκ ἐργάζεται. La ira del varón (ὀργὴ ἀνδρός) no produce la justicia de Dios. Santiago usa la misma palabra, orgē, para la ira humana y para la divina; la diferencia no está en el término, sino en su fuente y en su fin. La ira humana sirve al yo; la de Dios es su justicia en acción.

Lo que la ira de Dios es

La ira de Dios es la respuesta santa, justa y deliberada de Dios ante el pecado. Surge de su santidad y de su justicia ofendidas, es a la vez continua y futura, y no niega su amor ni su misericordia, sino que es coherente con su santidad.

Rasgo Qué afirma Textos
Santa nace de su santidad, no de un temperamento Is 6:3; Hab 1:13
Justa da a cada uno lo que corresponde Gn 18:25; Ro 2:5–6
Presente “se revela”, en presente Ro 1:18
Futura “el día de la ira” Ro 2:5; Ap 6:17
Lenta tarda en encenderse Nah 1:3; Nm 14:18

¿Perfección eterna o reacción?

El material de estudio de esta serie llama a la ira un atributo secundario: no formaría parte esencial del ser de Dios, como el amor o la santidad, sino que sería una respuesta santa y justa al pecado. Con todo, también puede llamársela una perfección divina, tan real como su fidelidad, su poder o su misericordia (Pink, 1930/2020). Ambas afirmaciones se concilian si se distingue entre la raíz y la manifestación. Lo eterno es la santidad y la justicia de Dios; la ira es esa misma perfección cuando se encuentra con el pecado. Antes de que existiera el pecado no había contra qué airarse, pero Dios ya era el que se airaría contra él.

Precisión

Esta conciliación es una propuesta propia del capítulo. La serie entiende todos los atributos como perfecciones eternas; aquí la ira se considera perfección eterna en su raíz y reacción en su manifestación.

La ira entre los atributos

Lejos de competir con los demás atributos, la ira se ordena entre ellos: la santidad la origina, la justicia la mide, y el amor y la misericordia la demoran y le abren una salida.

Atributo Relación con la ira Texto
Santidad separación absoluta del pecado y perfección moral; todo lo que Dios hace es coherente con ella Is 6:3
Justicia exige que el pecado sea castigado; no puede dejarlo impune Dt 32:4
Amor su inclinación a buscar el bien del hombre aun cuando no lo merece 1 Jn 4:8
Misericordia Dios detiene el castigo merecido y da tiempo para el arrepentimiento Sal 103:8

Él es la Roca, cuya obra es perfecta, Porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; Es justo y recto.

(Dt 32:4)

Misericordioso y clemente es Señor; Lento para la ira, y grande en misericordia.

(Sal 103:8)

Clasificación

En la clasificación de esta obra, la ira pertenece a los atributos de la relación con el ser humano, los que responden a la pregunta “¿cómo se revela?”. En cuanto juicio es incomunicable: “Mía es la venganza, yo pagaré” (Ro 12:19). El creyente participa de ella solo como reflejo limitado y vigilado: “Airaos, pero no pequéis” (Ef 4:26).

Teología: la ira, santidad que se enfrenta al pecado

La teología de la ira comienza en la santidad. Habacuc la confiesa en medio de su queja: “Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio” (Hab 1:13). El salmista la convierte en oración de la mañana: “tú no eres un Dios que se complace en la maldad; El malo no habitará junto a ti… Aborreces a todos los que hacen iniquidad” (Sal 5:4–5). La ira es ese aborrecimiento puesto en acción. No es un rasgo añadido al carácter de Dios ni un arrebato pasajero, sino la reacción constante de su pureza frente a lo que la contradice; por eso puede describirse como una perfección del carácter divino, y un Dios que no se airara contra el pecado no sería santo (Pink, 1930/2020). Que la Escritura hable de ella con tanta frecuencia no es, entonces, un exceso: callarla equivaldría a mutilar la revelación.

Esa santidad no permanece en el plano de las ideas, sino que entra en la historia. La ira se manifestó primero en la ley, que pronuncia la maldición sobre la transgresión, y después en la historia de Israel, que la sección siguiente recorre; Pablo, por su parte, la sigue anunciando en presente: “la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres” (Ro 1:18). Esa revelación presente apunta hacia un día futuro, porque el corazón no arrepentido “atesora” ira “para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (Ro 2:5). Pero donde la ira se ve con mayor claridad es en la cruz. Allí Dios puso a Cristo “como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia”, “a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Ro 3:25–26). La cruz no anula la ira: la muestra en toda su seriedad y, al mismo tiempo, la satisface.

De ahí que meditarla no deje al creyente en el terror, sino que produzca en él tres frutos. El primero es percibir la gravedad del pecado, que solo se mide por el precio de su remedio. El segundo es la reverencia, pues Moisés pregunta quién conoce el poder de esa ira, para que Dios sea temido como corresponde. El tercero es la gratitud, porque el mismo Jesús que vendrá “nos libra de la ira venidera” (Pink, 1930/2020).

¿Quién conoce el poder de tu ira, Y tu indignación según que debes ser temido?

(Sal 90:11)

y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera.

(1 Ts 1:10)

Precisión

La articulación de esta sección (santidad, manifestación y frutos) es propia; la fórmula “perfección del carácter divino” y los tres frutos de la meditación resumen a Pink (1930/2020) en palabras propias, no como cita textual.

Un encuentro en la historia de Israel

En Israel la ira de Dios no es una idea abstracta: tiene lugares, nombres y fechas. Y en casi todos los episodios aparece también, junto a ella, un intercesor o un camino de escape.

Figura 3. Hechos históricos de la ira de Dios. Nota. Elaboración propia.

En el Mar Rojo

תְּשַׁלַּח חֲרֹנְךָ יֹאכְלֵמוֹ כַּקַּשׁ

Tu diestra, oh Señor, ha sido magnificada en poder; Tu diestra, oh Señor, ha quebrantado al enemigo. Y con la grandeza de tu poder has derribado a los que se levantaron contra ti. Enviaste tu ira; los consumió como a hojarasca.

(Éx 15:6–7)

Filología: Éx 15:7

חֲרֹנְךָ jaronja חרה “tu ardor” (RVR1960: “tu ira”): la ira como fuego.
תְּשַׁלַּח teshallaj שׁלח “envías”: la ira es un enviado de Dios, no un descontrol.
קַשׁ qash קשׁשׁ “hojarasca, paja”: lo que el fuego consume sin resistencia.

En el primer canto de Israel, la ira de Dios aparece como salvación: la misma ira que destruye al opresor libra al oprimido.

Contra los de casa: María y Coré

La ira de Dios no se vuelve solo contra los enemigos de Israel. Cuando María y Aarón murmuran contra Moisés, “la ira de Señor se encendió contra ellos; y se fue” (Nm 12:9; וַיִּחַר אַף יְהוָה בָּם, “se encendió la nariz del Señor contra ellos”). Y cuando Coré, Datán y Abiram se rebelan, la tierra se los traga:

Abrió la tierra su boca, y los tragó a ellos, a sus casas, a todos los hombres de Coré, y a todos sus bienes. Y ellos, con todo lo que tenían, descendieron vivos al Seol, y los cubrió la tierra, y perecieron de en medio de la congregación.

(Nm 16:32–33)

Pedro extiende este principio al pueblo de Dios del nuevo pacto:

Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?

(1 P 4:17)

Filología: 1 P 4:17

κρίμα (krima; Strong G2917), “juicio”: la sentencia y su ejecución, resultado de κρίνω, “juzgar” (Strong, 1890; Bauer et al., 2000). El juicio comienza por la casa de Dios porque la cercanía no exime: aumenta la responsabilidad.

Entre los muertos y los vivos

“El día siguiente” de la rebelión de Coré, toda la congregación murmura contra Moisés y Aarón: “Vosotros habéis dado muerte al pueblo de Señor” (Nm 16:41). Dios responde: “Apartaos de en medio de esta congregación, y los consumiré en un momento” (Nm 16:45). Sigue entonces una de las escenas más intensas de la Torá:

כִּי־יָצָא הַקֶּצֶף מִלִּפְנֵי יְהוָה הֵחֵל הַנָּגֶף
וַיַּעֲמֹד בֵּין־הַמֵּתִים וּבֵין הַחַיִּים וַתֵּעָצַר הַמַּגֵּפָה

Y dijo Moisés a Aarón: Toma el incensario, y pon en él fuego del altar, y sobre él pon incienso, y ve pronto a la congregación, y haz expiación por ellos, porque el furor ha salido de la presencia de Señor; la mortandad ha comenzado. Entonces tomó Aarón el incensario, como dijo Moisés, y corrió en medio de la congregación; y he aquí que la mortandad había comenzado en el pueblo; y él puso incienso, e hizo expiación por el pueblo, y se puso entre los muertos y los vivos; y cesó la mortandad.

(Nm 16:46–48 [17:11–13])

Filología: Nm 16:46–48

הַקֶּצֶף haqqétsef קצף “el furor” que “salió” de la presencia del Señor: la ira casi personificada.
הַנָּגֶף hannégef נגף “el golpe, la plaga” (RVR1960: “la mortandad”).
וְכַפֵּר vejapper כפר “y haz expiación”: la misma raíz de Yom Kippur.
וַיַּעֲמֹד בֵּין vayya’amod beyn עמד “y se puso de pie entre”: el sacerdote ocupa el espacio entre la ira y el pueblo.
וַתֵּעָצַר vatte’atsar עצר “y fue detenida” la plaga.

La ira avanza, y alguien se interpone. Murieron catorce mil setecientos (Nm 16:49), pero la plaga se detuvo allí donde estaba el sacerdote con el fuego del altar. La escena que muestra la ira muestra también que es Dios quien provee el camino para detenerla.

Figura 4. Nm 16:46–48 [17:11–13]. Nota. Elaboración propia.

Precisión

Ver en Aarón una figura de Cristo, que se interpone entre la ira y el pueblo, es una lectura tipológica propia; el texto de Números no la hace.

La generación que no entró

La ira de Dios adoptó también una forma lenta: cuarenta años de desierto. Moisés la recuerda a los hijos de aquella generación cuando las tribus de Rubén y Gad quieren quedarse al otro lado del Jordán:

Y la ira de Señor se encendió contra Israel, y los hizo andar errantes cuarenta años por el desierto, hasta que fue acabada toda aquella generación que había hecho mal delante de Señor. Y he aquí, vosotros habéis sucedido en lugar de vuestros padres, prole de hombres pecadores, para añadir aún a la ira de Señor contra Israel. Si os volviereis de en pos de él, él volverá otra vez a dejaros en el desierto, y destruiréis a todo este pueblo.

(Nm 32:13–15)

Deuteronomio y los Salmos vuelven sobre el mismo hecho:

Y oyó Señor la voz de vuestras palabras, y se enojó, y juró diciendo: No verá hombre alguno de estos, de esta mala generación, la buena tierra que juré que había de dar a vuestros padres.

(Dt 1:34–35)

אֲשֶׁר־נִשְׁבַּעְתִּי בְאַפִּי אִם־יְבֹאוּן אֶל־מְנוּחָתִי

Cuarenta años estuve disgustado con la nación, Y dije: Pueblo es que divaga de corazón, Y no conocen mis caminos. Por tanto, juré en mi furor Que no entrarían en mi reposo.

(Sal 95:10–11)

Filología: Dt 1:34; Sal 95:11

וַיִּקְצֹף vayyiqtsof קצף “y se indignó” (Dt 1:34).
וַיִּשָּׁבַע vayyishava שׁבע “y juró”: la ira se expresa como juramento, una decisión firme y no un arrebato.
בְאַפִּי ve’appi אנף “en mi furor”, literalmente “en mi nariz” (Sal 95:11).
מְנוּחָתִי menujatí נוח “mi reposo”: la tierra prometida como descanso de Dios.

Que Moisés se dirija a los hijos de aquella generación indica que la ira de Dios en la historia es también advertencia para los que vienen después. Hebreos lee el Sal 95 de esa misma manera (He 3:7–4:11).

Sodoma: el Juez de toda la tierra

Entonces Señor le dijo: Por cuanto el clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo.

(Gn 18:20)

Dios no juzga sin examinar: “descenderé ahora, y veré” (Gn 18:21). Abraham intercede seis veces, bajando de cincuenta justos a diez, y en el centro de su oración coloca una pregunta:

הֲשֹׁפֵט כָּל־הָאָרֶץ לֹא יַעֲשֶׂה מִשְׁפָּט

Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?

(Gn 18:25)

Filología: Gn 18:25

חָלִלָה לְּךָ jalila leja חלל “lejos de ti”: fórmula de rechazo enfático; “sería profano para ti”.
צַדִּיק עִם־רָשָׁע tsaddiq im-rasha צדק, רשׁע “el justo con el impío”: el par que Abraham no puede aceptar que se confunda.
שֹׁפֵט / מִשְׁפָּט shofet / mishpat שׁפט “juez” / “juicio”. El Juez hará juicio: la ira de Dios es un acto judicial.

Y volvió a decir: No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor a los diez.

(Gn 18:32)

Lamentaciones: el día de su furor

La ira de Dios alcanzó incluso a Jerusalén, al templo y al trono de David. Lamentaciones llora la destrucción del 587 a. e. c.:

אֵיכָה יָעִיב בְּאַפּוֹ אֲדֹנָי אֶת־בַּת־צִיּוֹן

¡Cómo oscureció el Señor en su furor a la hija de Sion! Derribó del cielo a la tierra la hermosura de Israel, Y no se acordó del estrado de sus pies en el día de su furor.

(Lam 2:1)

Quitó su tienda como enramada de huerto; Destruyó el lugar en donde se congregaban; Señor ha hecho olvidar las fiestas solemnes y los días de reposo en Sion, Y en el ardor de su ira ha desechado al rey y al sacerdote.

(Lam 2:6)

Filología: Lam 2:1

אֵיכָה (ejá), “¡cómo!”, es el grito del lamento y da nombre al libro en hebreo. יָעִיב בְּאַפּוֹ (ya’iv be’appó): “nubló en su ira”. Lamentaciones 2 es un acróstico: cada verso comienza con una letra del alfabeto, de א a ת. El dolor se ordena letra por letra (Berlin, 2002).

La ira llega al templo y a las fiestas, al rey y al sacerdote. Nada de lo santo protege a quien vive sin el Santo.

Yom Kipur: una respuesta temporal

El Día de la Expiación

Frente a la ira, Dios dio a Israel un día para la expiación. Según Levítico 16, el sumo sacerdote entraba una vez al año en el Lugar Santísimo con sangre para cubrir el pecado del pueblo.

אַךְ בֶּעָשׂוֹר לַחֹדֶשׁ הַשְּׁבִיעִי הַזֶּה יוֹם הַכִּפֻּרִים הוּא

A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Señor. Ningún trabajo haréis en este día; porque es día de expiación, para reconciliaros delante de Señor vuestro Dios. Porque toda persona que no se afligiere en este mismo día, será cortada de su pueblo.

(Lv 23:27–29)

Filología: Lv 23:27–29

כָּפַר / כִּפֶּר kafar / kipper כפר “cubrir, limpiar, purgar la culpa”. En Yom Kippur el sumo sacerdote rociaba sangre para cubrir el pecado del pueblo y permitir la comunión con Dios.
יוֹם הַכִּפֻּרִים Yom hakkippurim כפר “día de las expiaciones”: el plural intensifica.
כַּפֹּרֶת kapporet כפר la tapa del arca, el propiciatorio, donde se rociaba la sangre (Lv 16:14–15).
תְּעַנּוּ / תְעֻנֶּה te’annú / te’unné ענה “afligiréis” / “se afligiere”: ayunar, humillarse, reconocer el pecado.
וְנִכְרְתָה venijretá כרת “será cortada”: excluida de la comunidad del pacto y expuesta al juicio divino.

Sentido teológico

La aflicción era la actitud que Dios exigía para recibir el beneficio de la expiación, y quien no se afligía mostraba desprecio tanto por el sacrificio como por la santidad de Dios. Ser “cortado de su pueblo” significaba quedar excluido de la comunidad del pacto y expuesto al juicio divino, lo que podía implicar la muerte física o la separación total bajo el desagrado de Dios. Se trata de una manifestación directa de la ira: quien rechaza el camino que Dios proveyó para aplacarla queda bajo condenación.

Por eso en Yom Kipur confluyen tres atributos:

Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Señor.

(Lv 16:30)

Una expiación insuficiente

Esa expiación, sin embargo, era insuficiente y temporal. Debía repetirse cada año, porque la sangre de animales no podía quitar el pecado de manera definitiva.

Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan.

(He 10:1)

porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.

(He 10:4)

La ira de Dios en Cristo, leída con Pablo

La ira se revela

Pablo, judío formado en las Escrituras de Israel, abre la exposición de su evangelio con la ira de Dios: antes de hablar de la gracia, muestra por qué hace falta.

Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad.

(Ro 1:18)

Filología: Ro 1:17–18

ἀποκαλύπτεται apokalýptetai καλύπτω “se revela”, en presente. El mismo verbo del v. 17: “en el evangelio la justicia de Dios se revela”. Justicia e ira se revelan una al lado de la otra.
ὀργὴ θεοῦ orgē theoû — “ira de Dios”: no un sentimiento pasajero, sino su oposición judicial al pecado (Moo, 1996).
ἀσέβεια asébeia σέβομαι “impiedad”: falta de reverencia hacia Dios.
κατεχόντων katejóntōn κατέχω “los que detienen”: retienen o suprimen la verdad que conocen.

Esta ira es continua, pues “se revela” en presente, y a la vez futura, pues se aguarda “el día de la ira” (Ro 2:5). No niega el amor ni la misericordia de Dios, sino que es coherente con su santidad.

“Los entregó”

La humanidad, sin embargo, ni agradeció ni recibió:

Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.

(Ro 1:21)

La respuesta de Dios sorprende. Pablo no describe en primer lugar fuego del cielo, sino una entrega: παρέδωκεν αὐτοὺς ὁ θεός, “Dios los entregó”, repetido tres veces (Ro 1:24, 26, 28). La ira presente consiste en dejar al hombre en manos de lo que eligió. Muchos siguen suprimiendo la verdad y viviendo en desobediencia, de modo que, aunque la cruz proveyó una salvación suficiente, no todos están cubiertos por esa sangre.

La justicia y la paz se besaron

חֶסֶד־וֶאֱמֶת נִפְגָּשׁוּ צֶדֶק וְשָׁלוֹם נָשָׁקוּ

La misericordia y la verdad se encontraron; La justicia y la paz se besaron.

(Sal 85:10 [85:11])

Filología: Sal 85:10

נִפְגָּשׁוּ nifgashu פגשׁ “se encontraron”: dos que venían por caminos distintos.
נָשָׁקוּ nashaqu נשׁק “se besaron”: reconciliación plena.
צֶדֶק tsédeq צדק “justicia”: contiene la ira de Dios contra el pecado.
שָׁלוֹם shalom שׁלם “paz”: nace de la misericordia (jésed).

La justicia de Dios contiene su ira, y la paz brota de su misericordia. Porque Dios es justo, debe castigar; porque es amor, quiere perdonar. Ambas exigencias se cumplen en el madero, donde se castiga el pecado y se perdona al pecador.

Figura 5. Justicia y amor en la cruz. Nota. Elaboración propia a partir del comentario del autor de la serie al Sal 85:10.

Precisión

El Salmo 85 pide la restauración de Israel después del castigo (Sal 85:1–7); aplicarlo a la cruz es una lectura cristológica propia.

La propiciación

por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

(Ro 3:23–26)

Filología: Ro 3:25

ἱλαστήριον hilastērion ἱλάσκομαι “propiciación”: lo que aplaca la ira y hace favorable. En la LXX es la tapa del arca, la כַּפֹּרֶת (kapporet) donde se rociaba la sangre en Yom Kipur (Éx 25:17; Lv 16:14). Pablo presenta a Cristo como el verdadero lugar y sacrificio que satisface la ira santa de Dios.
ἐν τῇ ἀνοχῇ en tē anojē ἀνέχω “en su paciencia”: la ira detenida en el pasado esperaba la cruz.
δίκαιον καὶ δικαιοῦντα díkaion kai dikaioûnta δικ- “justo y que justifica”: la justicia de Dios se cumple y el pecador es declarado justo.

Precisión

El sentido de hilastērion ha sido objeto de debate. Dodd (1935) lo tradujo como “expiación”, es decir, quitar el pecado, sin referencia a la ira; Morris (1955) defendió “propiciación”, aplacar la ira de Dios. El contexto, que arranca en Ro 1:18 con la ira revelada, favorece incluir la ira en el sentido de la palabra (Moo, 1996).

La ira del Padre recayó sobre su Hijo

וְהוּא מְחֹלָל מִפְּשָׁעֵנוּ מְדֻכָּא מֵעֲוֹנֹתֵינוּ
מוּסַר שְׁלוֹמֵנוּ עָלָיו וּבַחֲבֻרָתוֹ נִרְפָּא־לָנוּ

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Señor cargó en él el pecado de todos nosotros.

(Is 53:5–6)

Filología: Is 53:5

מוּסַר שְׁלוֹמֵנוּ עָלָיו (musar shelomenu alav): “el castigo de nuestra paz sobre él”. מוּסָר (musar, raíz יסר) es corrección o castigo; שָׁלוֹם es la misma paz que en el Sal 85 “besa” a la justicia. La paz del pueblo se obtiene por el castigo que cae sobre el Siervo.

Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

(2 Co 5:21)

En la cruz, el Padre descargó su ira santa sobre el Hijo. El castigo que merecíamos cayó sobre Cristo, y el pecado recibió así su pago completo, porque Dios entregó a su Hijo para salvarnos. Pedro lo expresa con la palabra “madero”:

quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.

(1 P 2:23–24)

Precisión

Afirmar que “el Padre descargó su ira sobre el Hijo” corresponde a la lectura de la sustitución penal (así Pink, 1930/2020). Los textos dicen que el Señor “cargó en él” el pecado (Is 53:6) y que Dios “lo hizo pecado” (2 Co 5:21).

El Justo con el impío

Abraham había dicho: “Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío” (Gn 18:25). En la cruz Dios hizo lo impensable, porque el Justo murió con impíos y por impíos: fue “contado con los pecadores” (Is 53:12) y crucificado entre dos malhechores (Lc 23:33).

Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.

(Ro 5:6)

Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.

(1 P 3:18)

Filología: Ro 5:6

ὑπὲρ ἀσεβῶν ἀπέθανεν (hyper asebōn apéthanen), “murió por los impíos”. ἀσεβής es de la misma familia que ἀσέβεια, la impiedad contra la que “se revela” la ira en Ro 1:18. Cristo muere precisamente por aquellos contra quienes se revela la ira.

Precisión

La conexión entre Gn 18:25 y la cruz (“el Justo es Jesús, que murió en la cruz con el impío”) procede de un comentario del autor de la serie y constituye una lectura propia.

La cruz del Calvario: el verdadero Yom Kipur

Yom Kipur (Lv 16) La cruz
Sacerdote el sumo sacerdote, que ofrece también por su propio pecado (Lv 16:6) Cristo, “que no conoció pecado” (2 Co 5:21)
Sangre de machos cabríos y becerros (Lv 16:14–15) “por su propia sangre” (He 9:12)
Lugar la kapporet sobre el arca Cristo, el hilastērion (Ro 3:25)
Frecuencia una vez al año, cada año “una vez para siempre” (He 9:12)
Resultado cubre el pecado por un año “por él seremos salvos de la ira” (Ro 5:9)

Tabla 2. Yom Kipur y la cruz. Nota. Elaboración propia.

y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.

(He 9:12)

En la cruz se reunieron la santidad, la justicia y el amor: la ira fue satisfecha, la justicia cumplida y el amor derramado.

Despreciar la sangre del pacto

Lo que Lv 23:29 establecía para quien no se afligía en Yom Kipur resuena en el nuevo pacto:

El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?

(He 10:28–29)

Precisión

El autor de Hebreos es desconocido; no es Pablo. La misma advertencia aparece en el corpus paulino: “por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia” (Ef 5:6). Como la autoría paulina de Efesios también se discute, conviene notar que Ro 2:5–8 dice lo mismo en una carta indiscutida.

Salvos de la ira por él

Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.

(Ro 5:9)

Filología: Ro 5:9

σωθησόμεθα δι᾽ αὐτοῦ ἀπὸ τῆς ὀργῆς: “seremos salvos por él de la ira”. El artículo (“la ira”) señala el juicio final. Para Pablo, la salvación es, entre otras cosas, ser librado de la ira.

Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo.

(1 Ts 5:9)

Quienes eran “por naturaleza hijos de ira” (Ef 2:3) son ahora hijos de Dios. Aquí encuentra su lugar la tesis de esta obra: en Cristo “habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Col 2:9), y en una sola persona se encuentran la santidad que exige y el amor que provee.

La ira venidera

Día de ira

יוֹם עֶבְרָה הַיּוֹם הַהוּא

Cercano está el día grande de Señor, cercano y muy próximo; es amarga la voz del día de Señor; gritará allí el valiente. Día de ira aquel día, día de angustia y de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de tiniebla y de oscuridad, día de nublado y de entenebrecimiento.

(Sof 1:14–15)

Ni su plata ni su oro podrá librarlos en el día de la ira de Señor, pues toda la tierra será consumida con el fuego de su celo; porque ciertamente destrucción apresurada hará de todos los habitantes de la tierra.

(Sof 1:18)

Filología: Sof 1:15

יוֹם עֶבְרָה (yom evrá): “día de furia desbordada”. La LXX traduce ἡμέρα ὀργῆς ἡ ἡμέρα ἐκείνη, y la Vulgata dies irae, dies illa, de donde viene el himno medieval Dies irae. עֶבְרָה viene de עבר, “pasar por encima”: la ira como río que se sale de su cauce.

Vienen de lejana tierra, de lo postrero de los cielos, Señor y los instrumentos de su ira, para destruir toda la tierra.

(Is 13:5)

He aquí el día de Señor viene, terrible, y de indignación y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad, y raer de ella a sus pecadores.

(Is 13:9)

“Huir de la ira venidera”

El Nuevo Testamento se abre con Juan el Bautista, que repite la advertencia de los profetas:

Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?

(Mt 3:7)

Pablo, por su parte, presenta la ira futura como algo que se va acumulando:

Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios.

(Ro 2:5)

Filología: Ro 2:5

θησαυρίζεις σεαυτῷ ὀργήν (thēsaurízeis seautō orgēn): “atesoras para ti mismo ira”. Es el verbo de guardar un tesoro. Quien no se arrepiente acumula ira como quien ahorra. Recuerda al נוֹטֵר de Nah 1:2: Dios “guarda” el enojo.

El propio Jesús advierte que el juicio alcanzará incluso las palabras:

Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.

(Mt 12:36–37)

Y Apocalipsis cierra la línea que había abierto Nahúm:

porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?

(Ap 6:17)

Precisión textual

En Ap 6:17, NA28 lee τῆς ὀργῆς αὐτῶν, “de la ira de ellos” (del que está sentado en el trono y del Cordero, v. 16), mientras que otros manuscritos leen αὐτοῦ, “su ira”. La RVR1960 sigue esta segunda lectura.

El Yom Kipur final

La segunda venida de Cristo será el juicio final. Para quienes creyeron, la ira ya fue satisfecha en la cruz, y ese día será de vindicación, no de condena; para quienes la rechazaron, será el día de la ira definitiva.

Figura 6. El juicio final como Yom Kipur. Nota. Elaboración propia.

Precisión

Llamar al juicio final “el Yom Kipur final” es una lectura tipológica tomada del material de estudio de esta serie; ningún texto bíblico lo designa así.

Con todo, Sofonías, el profeta del “día de ira”, deja abierta una puerta:

Buscad a Señor todos los humildes de la tierra, los que pusisteis por obra su juicio; buscad justicia, buscad mansedumbre; quizás seréis guardados en el día del enojo de Señor.

(Sof 2:3)

Aplicación: vivir ante la ira santa

La ira de Dios no es una doctrina para asustar ni para esconder, sino una verdad ante la cual se vive. El texto ancla y los demás pasajes estudiados sugieren cuatro respuestas:

  1. Rendirse a la verdad de Dios. No suprimirla ni acomodarla a nuestros ídolos, porque la ira se revela contra los que “detienen con injusticia la verdad” (Ro 1:18). Conviene preguntarse, entonces, qué verdad sobre Dios estamos deteniendo.

  2. Arrepentirse y creer hoy. Hoy es el tiempo de gracia, y mañana puede ser demasiado tarde: “Buscad a Señor… quizás seréis guardados” (Sof 2:3). La paciencia de Dios concede tiempo para arrepentirse, no permiso para seguir (Ro 2:4–5).

  3. Vivir en gratitud y obediencia. La humanidad “no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias” (Ro 1:21). Quien fue librado de la ira responde con gratitud, y la fe genuina produce obras y honra a Dios.

  4. Esperar el regreso de Cristo con esperanza y reverencia. Esperamos “a Jesús, quien nos libra de la ira venidera” (1 Ts 1:10), y para el creyente el gran día final será de vindicación, no de condena.

Queda una pregunta práctica: ¿qué hacer con nuestra propia ira? Pablo responde con la Torá:

No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.

(Ro 12:19)

Filología: Ro 12:19

Pablo cita Dt 32:35, לִי נָקָם וְשִׁלֵּם (li naqam veshillem), “mía es la venganza y la retribución”. Es la raíz נקם de Nah 1:2. La venganza es de Dios porque solo él juzga con justicia perfecta; el creyente la deja en sus manos.

El creyente puede indignarse ante el mal: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Ef 4:26). Su ira, sin embargo, permanece vigilada: tiene un límite de tiempo y no se convierte en venganza, porque “la ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Stg 1:20).

Síntesis

La ira de Dios es su respuesta santa, justa y deliberada ante el pecado. “Señor es tardo para la ira… y no tendrá por inocente al culpable” (Nah 1:3). Israel la conoció en el Mar Rojo, en el desierto, en Sodoma y en Jerusalén, y conoció también el camino para escapar de ella: el intercesor que se interpone entre los muertos y los vivos, y la sangre del Día de la Expiación. Pablo muestra que la ira “se revela” junto con la justicia (Ro 1:17–18) y que Dios puso a Cristo como propiciación (Ro 3:25). En la cruz la ira fue satisfecha, la justicia cumplida y el amor derramado, y por él “seremos salvos de la ira” (Ro 5:9).

Mirada Aporte al atributo
Hebrea af, jemá, jarón: la ira que se enciende; érej appáyim: lenta para encenderse; la ira como juramento; Aarón entre los muertos y los vivos; Yom Kippur.
Teológica La ira brota de la santidad (Hab 1:13; Sal 5:4–5); se revela en la historia y en presente (Ro 1:18; 2:5); se ve y se satisface en la cruz (Ro 3:25–26); meditarla produce reverencia y gratitud (Sal 90:11; 1 Ts 1:10).
Paulina La ira “se revela” junto a la justicia; “los entregó”; Cristo, el hilastērion; el Justo muere por los impíos; salvos de la ira venidera.

Glosario

(אַף). Nariz; por extensión, la ira que se enciende.

(ἀποτομία). Severidad; literalmente, “corte tajante” (Ro 11:22).

(אֶרֶךְ אַפַּיִם). “Largo de narices”: lento para la ira (Éx 34:6; Nah 1:3).

(עֶבְרָה). Furia que se desborda (Sof 1:15).

(ἱλαστήριον). Propiciatorio o propiciación (Ro 3:25); en la LXX, la tapa del arca.

(חָרוֹן). Ardor de la ira.

(חֵמָה). Calor, furor.

(כַּפֹּרֶת). Tapa del arca del pacto, el propiciatorio.

(כרת). Ser “cortado” del pueblo (Lv 23:29).

(כִּפֶּר). Expiar, cubrir la culpa.

(κρίμα). Juicio, sentencia (1 P 4:17).

(נֹקֵם). Vengador (Nah 1:2).

(ὀργή). Ira; en Pablo, a menudo el juicio final.

(קֶצֶף). Enojo, indignación (Nm 16:46 [17:11]).

(θυμός). Ardor, furor (Ro 2:8).

(זַעַם). Indignación que denuncia y condena (Nah 1:6).

Referencias 15

Bauer, W., Danker, F. W., Arndt, W. F., & Gingrich, F. W. (2000). A Greek-English lexicon of the New Testament and other early Christian literature (3.ª ed.). University of Chicago Press.

Berlin, A. (2002). Lamentations: A commentary. Westminster John Knox Press.

Biblia Reina-Valera 1960. (1960). Sociedades Bíblicas en América Latina.

Dodd, C. H. (1935). The Bible and the Greeks. Hodder & Stoughton.

Elliger, K., & Rudolph, W. (Eds.). (1997). Biblia Hebraica Stuttgartensia (5.ª ed.). Deutsche Bibelgesellschaft.

Koehler, L., & Baumgartner, W. (2001). The Hebrew and Aramaic lexicon of the Old Testament (M. E. J. Richardson, Trad.; Ed. de estudio). Brill.

Moo, D. J. (1996). The epistle to the Romans. Eerdmans.

Morris, L. (1955). The apostolic preaching of the cross. Tyndale Press.

Nestle, E., & Aland, K. (2012). Novum Testamentum Graece (28.ª ed.). Deutsche Bibelgesellschaft.

Pink, A. W. (2020). Los atributos de Dios. Chapel Library. (Obra original publicada en 1930)

Rahlfs, A., & Hanhart, R. (Eds.). (2006). Septuaginta (Ed. rev.). Deutsche Bibelgesellschaft.

Robertson, O. P. (1990). The books of Nahum, Habakkuk, and Zephaniah. Eerdmans.

Shemot Rabá [3:6]. (s.f.). Sefaria. https://www.sefaria.org

Strong, J. (1890). The exhaustive concordance of the Bible. Hunt & Eaton.

Trench, R. C. (1880). Synonyms of the New Testament (9.ª ed.). Macmillan.