La gracia de Dios
“Pero Noé halló gracia ante los ojos de Señor” (Gn 6:8)
La definición de la serie es breve: la gracia es el favor inmerecido de Dios hacia pecadores. La Biblia nombra la gracia (חֵן, jen) por primera vez en el peor momento de la humanidad: cuando “todo designio de los pensamientos del corazón” era “de continuo solamente el mal”, “Noé halló gracia ante los ojos de Señor” (Gn 6:5, 8). Desde ese texto ancla, el capítulo estudia la raíz חנן (janán) en sus usos concretos, que van del encanto que se ve al favor del superior y a la súplica del que no tiene derechos; recorre el espectro completo de lo que la Reina-Valera 1960 traduce “gracia”, y se detiene en el adverbio que la explica, jinnam, “de balde”, “gratis”. El Nombre que revela el atributo es El rajum vejannun, “Dios misericordioso y clemente” (Éx 34:6), y la Biblia lo oye por primera vez en el clamor del pobre que perdió su manto (Éx 22:27). La imagen central es la del esclavo que sale libre “de balde” y la del pueblo vendido de balde y rescatado “sin dinero” (Éx 21:2; Is 52:3). Siguen la gracia cantada (Rut, el Salmo 51, Zacarías); la teología del favor que no se merece, que excluye el mérito, es eterna, gratuita y soberana, distingue y brilla en los indignos; un encuentro en la historia de Israel, el de Manasés, el peor rey de Judá, oído en su súplica; la mirada judía, con Rashi y el Sifré sobre el “don gratuito”, el Talmud, el Avinu Malkenu y Qumrán; y la lectura de Pablo: “justificados gratuitamente por su gracia” (Ro 3:24), el salario y la dádiva, la gracia que sobreabunda y reina, el remanente por gracia y “por la gracia de Dios soy lo que soy” (1 Co 15:10). El capítulo termina con la gracia como atributo comunicable.
Palabras clave: gracia, jen, janán, jinnam, Génesis 6:8, Éxodo 34:6, járis, Pablo.
Nota sobre el texto
Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1960. Donde esta escribe “Jehová”, aquí se escribe Señor, que traduce el tetragrama יהוה, leído en la tradición judía como Adonay. El hebreo sigue la BHS; el griego, NA28 y la Septuaginta de Rahlfs-Hanhart. Las fuentes judías (Misná, Talmud, midrash, Sifré, Rashi, sidur) se citan desde Sefaria, y el texto de Qumrán, desde la traducción de Vermes (2004); todo lo que es interpretación se marca como precisión. Cuando la numeración hebrea difiere de la española, se indica entre corchetes. La serie aportó la definición del atributo; el desarrollo es una propuesta sobre fuentes verificadas.
Introducción: un favor que no se debe
Llamar gracia a algo es reconocer que quien lo recibe no puede exigirlo. Pink lo formula así: “queremos decir que el receptor de la misma no tiene derecho a reclamarla, que de ninguna manera era una deuda”. Por eso la gracia “no puede ser comprada, adquirida ni ganada por la criatura. Pues de lo contrario, dejaría de ser gracia” (Pink, 2020, cap. 13, p. 68). Antes que él, Abraham Booth la había definido como “el eterno y absoluto favor gratuito de Dios, manifestado en conceder bendiciones espirituales y eternas a los culpables e indignos” (Booth, citado en Pink, 2020, cap. 13, p. 68).
La definición de esta serie condensa lo mismo en siete palabras: la gracia es el favor inmerecido de Dios hacia pecadores. Cada una de sus tres partes pesa. Es favor, una inclinación de Dios hacia alguien que se traduce en dones. Es inmerecido, porque no responde a un mérito ni paga una deuda. Y se dirige hacia pecadores: no solo alcanza a quien no lo merece, sino a quien merecía lo contrario.
El verso que da unidad a esta obra pide gloriarse en una sola cosa: “alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme” (Jer 9:24 [9:23]). Ningún atributo despoja tan directamente al ser humano de cualquier otro motivo de gloria como la gracia. Pablo lo planteará en forma de pregunta: “¿qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?” (1 Co 4:7). Y en Efesios cerrará su exposición de la gracia con idéntica conclusión: “no por obras, para que nadie se gloríe” (Ef 2:9).
El estudio avanza en cuatro pasos. Primero escucha lo que dice la Escritura cuando habla de la gracia de Dios, en el texto ancla, la palabra y el Nombre; luego observa cómo Israel la canta y la narra, en Rut, los Salmos, Manasés y la tradición judía; después sigue la lectura que Pablo hace de ella a la luz de Cristo; y finalmente considera lo que pide al creyente.
Texto ancla: Génesis 6:5–8
La primera gracia de la Biblia
La palabra חֵן (jen), “gracia”, entra en la Biblia en el relato del diluvio, y lo hace en el contexto más oscuro que pueda imaginarse:
וַיַּרְא יְהוָה כִּי רַבָּה רָעַת הָאָדָם בָּאָרֶץ
וְכָל־יֵצֶר מַחְשְׁבֹת לִבּוֹ רַק רַע כָּל־הַיּוֹם
Y vio Señor que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Señor de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Señor: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho.
(Gn 6:5–7)
Nada escapa al diagnóstico. El narrador acumula cuatro palabras de totalidad, “todo designio”, “de los pensamientos”, “solamente el mal”, “todo el día” (RVR1960: “de continuo”), y la sentencia que sigue es igual de completa: “desde el hombre hasta la bestia”. Entonces, sin transición alguna, cuatro palabras hebreas cambian el curso de la historia:
וְנֹחַ מָצָא חֵן בְּעֵינֵי יְהוָה
Pero Noé halló gracia ante los ojos de Señor.
(Gn 6:8)
Filología: Gn 6:8
| וְנֹחַ veNóaj | נוח | “Pero Noé”: la conjunción ve con el nombre delante del verbo marca contraste. El nombre se asocia en Gn 5:29 con נחם (“consolar”) y suena como נוּחַ (“descansar”). |
| מָצָא חֵן matsá jen | מצא | “halló gracia”: fórmula del que recibe el favor de un superior (Gn 18:3; 39:4; Rt 2:10). No dice que Noé la produjera, sino que la encontró. |
| חֵן jen | חנן | “gracia”, “favor”: primera aparición en la Biblia. |
| בְּעֵינֵי יְהוָה | עין | “en los ojos del Señor”. En 6:5 el Señor “vio” la maldad; en 6:8 la misma mirada se posa con favor. |
| Νωε δὲ εὗρεν χάριν | χάρις | la Septuaginta traduce jen con χάρις, la palabra que usará Pablo. |
Un juego de letras: Nóaj y jen
El nombre de Noé, נח, tiene las mismas consonantes que jen, חן, solo que en orden inverso. Como el hebreo se escribía sin vocales, en el rollo el nombre y la palabra se miran como en un espejo. Sasson (1975) entiende el fenómeno como un juego visual más que sonoro, en continuidad con los juegos de palabras sobre Noé que Cassuto (1961) ya había reunido en su comentario.
Figura 1. Noé y la gracia en Gn 6:8. Nota. Elaboración propia a partir de Sasson (1975).
Precisión
El juego de letras lo observan los comentaristas (Sasson, 1975; Cassuto, 1961); el texto no lo afirma. Lo que el texto sí afirma es el contraste entre una humanidad entera bajo sentencia y un hombre que “halló gracia”.
La gracia antes de la justicia de Noé
Solo en el verso siguiente aparece el retrato de Noé: “Noé, varón justo, era perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noé” (Gn 6:9). El orden del relato tiene peso. Primero se dice que Noé halló gracia (6:8), y únicamente después, ya en una nueva sección (“Estas son las generaciones de Noé”), se describe su justicia (6:9). Esa justicia es real, pero el narrador no la presenta como causa de la gracia.
Precisión
Leer en el orden 6:8–9 que la gracia precede a la justicia de Noé es una interpretación teológica, no una regla del hebreo: 6:9 abre una nueva sección (toledot) y el relato no explica en 6:8 por qué Noé halló gracia. La tradición judía discutió la pregunta (sección 10).
Tampoco sugiere el texto que, tras la gracia, el corazón humano haya mejorado. Al salir del arca, Dios repite casi el mismo diagnóstico, pero esta vez lo convierte en razón para no volver a destruir:
Y percibió Señor olor grato; y dijo Señor en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud; ni volveré más a destruir todo ser viviente, como he hecho.
(Gn 8:21)
El mismo corazón malo que en 6:5 justificaba el juicio sirve en 8:21 de marco a una promesa. Entre ambos textos median el arca, el sacrificio y el “olor grato”. La humanidad no cambió; fue Dios quien decidió tratarla con favor. En eso consiste, en su forma más elemental, la gracia.
La palabra: el favor que se inclina
La raíz janán y sus usos concretos
De la raíz ח־נ־ן (janán) nace en hebreo una familia entera: el sustantivo חֵן (jen, “gracia”), el verbo חָנַן (janán, “mostrar gracia”, “favorecer”), el adjetivo חַנּוּן (jannun, “clemente”), los sustantivos de la súplica תְּחִנָּה (tejinná) y תַּחֲנוּנִים (tajanunim) y el adverbio חִנָּם (jinnam, “de balde”). Sus usos concretos recorren un arco que va de lo que se ve a lo que se pide:
| Forma | Uso | Texto |
|---|---|---|
| שֶׁקֶר הַחֵן | “engañosa es la gracia”: el encanto que se ve | Pr 31:30 |
| יַעֲלַת־חֵן | “graciosa gacela”: la belleza que atrae | Pr 5:19 |
| טוֹבַת חֵן | “la de hermosa gracia”: la seducción de Nínive | Nah 3:4 |
| הוּצַק חֵן בְּשִׂפְתוֹתֶיךָ | “la gracia se derramó en tus labios” | Sal 45:2 [45:3] |
| מָצָא חֵן בְּעֵינֵי | “halló gracia en los ojos de”: el favor de un superior | Gn 39:4; Rt 2:10 |
| אֲשֶׁר־חָנַן אֱלֹהִים | “los niños que Dios ha dado”: dar como favor | Gn 33:5 |
| חָנֵּנִי | “ten piedad de mí”: el que no tiene derechos | Sal 51:1 [51:3] |
| וָאֶתְחַנַּן | “y oré”, “supliqué gracia” | Dt 3:23 |
| תְּחִנָּתוֹ | “su súplica” | 2 Cr 33:13 |
| חִנָּם | “de balde”, “gratis”, “sin causa” | Éx 21:2; Is 52:3 |
Tabla 1. Usos de la raíz janán. Nota. Textos de la RVR1960 y la BHS; numeración española [hebrea].
Estos usos se agrupan en tres planos. En el estético, jen es lo que agrada a la vista, el encanto por el que alguien “cae en gracia”. En el relacional, jen es el favor que un superior concede a un inferior, y siempre se halla “en los ojos” del que lo da. El tercer plano es el de la súplica: quien no puede reclamar nada pide gracia. Aplicados a Dios, los tres convergen en una misma enseñanza: la gracia nace en él, desciende desde arriba y la recibe quien solo puede pedirla.
“En los ojos de”: la gracia es del que mira
La fórmula matsá jen be’ené, “hallar gracia en los ojos de”, sitúa la gracia del lado de quien la concede. Así José halla gracia en los ojos de Potifar (Gn 39:4) y más tarde en los del jefe de la cárcel (Gn 39:21), y Ester en los del rey (Est 2:17). Pero es Rut, la moabita, quien formula la pregunta que define el atributo:
מַדּוּעַ מָצָאתִי חֵן בְּעֵינֶיךָ לְהַכִּירֵנִי וְאָנֹכִי נָכְרִיָּה
Ella entonces bajando su rostro se inclinó a tierra, y le dijo: ¿Por qué he hallado gracia en tus ojos para que me reconozcas, siendo yo extranjera?
(Rt 2:10)
Filología: Rt 2:10
| מַדּוּעַ מָצָאתִי חֵן | מצא | “¿por qué hallé gracia?”: la gracia no se explica desde quien la recibe. |
| לְהַכִּירֵנִי lehakirení | נכר | “para que me reconozcas”, “me prestes atención”. |
| נָכְרִיָּה nojriyyá | נכר | “extranjera”. La misma raíz: el que “reconoce” (hikkir) a la “extranjera” (nojriyyá). |
El juego de palabras pertenece al propio texto, pues lehakirení y nojriyyá proceden de la misma raíz נכר: la extranjera, que no tenía derecho a ser reconocida, resulta reconocida. Rut no pregunta qué hizo para merecerlo; pregunta por qué. Y esa pregunta, que no encuentra respuesta en quien la formula, es la marca de la gracia.
Jinnam: de balde
De jen se forma el adverbio חִנָּם (jinnam), literalmente “por gracia”, es decir, “gratis”. A lo largo de sus 32 apariciones se dibujan tres sentidos que se tocan entre sí:
| Sentido | Ejemplo | Texto |
|---|---|---|
| Sin pago | “¿me servirás de balde? Dime cuál será tu salario” | Gn 29:15 |
| Sin pago | el esclavo hebreo, al séptimo año, “saldrá libre, de balde” | Éx 21:2 |
| Sin costo | “no ofreceré a Señor mi Dios holocaustos que no me cuesten nada” | 2 S 24:24 |
| Sin motivo | “¿Acaso teme Job a Dios de balde?” | Job 1:9 |
| Sin causa | “los que me aborrecen sin causa” | Sal 35:19; 69:4 [69:5] |
| Sin precio | “De balde fuisteis vendidos; por tanto, sin dinero seréis rescatados” | Is 52:3 |
Tabla 2. Los sentidos de jinnam. Nota. Conteo propio con la BHS (32 apariciones); textos de la RVR1960.
En Job 1:9, la pregunta de Satanás expresa la objeción contra la gracia vista desde abajo: nadie ama a Dios “de balde”. La Biblia responde que Dios, en cambio, sí da “de balde”. El Salmo 69 muestra el reverso de la palabra, pues allí el justo es aborrecido jinnam, “sin causa”. Jesús aplicará ese verso a sí mismo, “Sin causa me aborrecieron” (Jn 15:25), con la palabra griega δωρεάν, la misma con que Pablo afirmará que somos “justificados gratuitamente” (Ro 3:24). Así, el Mesías fue aborrecido de balde para que los pecadores fueran justificados de balde.
Precisión
La conexión entre Jn 15:25 y Ro 3:24 a través de δωρεάν es léxica: ambos textos emplean la palabra con que la Septuaginta traduce jinnam (Sal 35:19; 69:4; Is 52:3; Job 1:9). La lectura teológica que une los dos sentidos (“sin causa” y “gratis”) es propia de este estudio.
El espectro completo
En la RVR1960, sin contar los títulos de sección, la palabra “gracia” aparece 211 veces en 199 versículos: 74 en el Antiguo Testamento y 137 en el Nuevo. Tras ella se esconden varios términos del original:
| Término | Veces | Traducción en la RVR1960 | Textos |
|---|---|---|---|
| חֵן jen | \(\approx\) 69 | “gracia” (la gran mayoría), “favor”, “hermosa”, “preciosa” | Gn 6:8; Rt 2:10; Zac 4:7 |
| חָנַן janán | \(\approx\) 78 | “tener misericordia”, “tener piedad”, “ser clemente”; hitpael “rogar” | Éx 33:19; Nm 6:25; Sal 51:1 |
| חַנּוּן jannun | 13 | “clemente” (10), “misericordioso”, “piadoso” | Éx 22:27; 34:6; Jon 4:2 |
| תְּחִנָּה; תַּחֲנוּנִים | 25; 18 | “ruego”, “oración”, “súplica”, “misericordia” | 1 R 8:28; Zac 12:10 |
| חִנָּם jinnam | 32 | “de balde”, “sin causa”, “en vano”; “gracia” en una ocasión | Éx 21:2; Is 52:3 |
| חֶסֶד jésed | — | “misericordia”; ocasionalmente “gracia”, “benevolencia” | Est 2:17 |
| χάρις járis | 155 | “gracia” (\(\approx\) 130), “gracias”, “favor”, “mérito”, “donativo” | Ro 3:24; Ef 2:8; Lc 6:32 |
| χαρίζομαι jarízomai | 23 | “perdonar”, “conceder”, “dar” | Ro 8:32; Ef 4:32 |
| χάρισμα járisma | 17 | “don”, “dádiva” | Ro 5:15; 6:23 |
| χαριτόω jaritóō | 2 | “hacer aceptos”, “muy favorecida” | Ef 1:6; Lc 1:28 |
| δωρεάν dōreán | 9 | “gratuitamente”, “de gracia”, “sin causa”, “por demás” | Ro 3:24; Gá 2:21; Mt 10:8 |
Tabla 3. El espectro de “gracia”. Nota. Conteo propio con la RVR1960 sin títulos de sección, la BHS y NA27 con números Strong. Las cifras de jen, janán, tejinná y tajanunim son las de las concordancias, porque el etiquetado Strong del módulo es incompleto para esas formas.
Precisión
Conviene verificar los conteos en una concordancia (e-Sword). Las cifras aproximadas de jen (69) y janán (78) son las que suelen dar las concordancias, mientras que el módulo de la RVR1960 con Strong etiqueta 63 apariciones de jen. De las 155 apariciones de χάρις en el Nuevo Testamento, unas cien se encuentran en las cartas que llevan el nombre de Pablo, y 66 en las siete cuya autoría nadie discute.
De este espectro se desprenden tres enseñanzas. La primera es que la RVR1960 casi siempre traduce jen por “gracia”, pero vierte el verbo janán y el adjetivo jannun como “misericordia”, “piedad” o “clemencia”; de ahí que el lector español no advierta la gracia en Éx 33:19, Nm 6:25 o Sal 51:1, aunque el hebreo la contiene. La segunda es que en griego χάρις abarca tanto el don como la respuesta al don: “gracia” y “gracias” son la misma palabra (1 Co 15:57). La tercera procede de Jesús, que emplea χάρις para interrogar por el mérito: “si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis?” (Lc 6:32), literalmente “¿qué gracia hay para vosotros?”. La gracia verdadera, entonces, es la que se da a quien no la devuelve.
Del hebreo a Pablo
La Septuaginta reparte la raíz janán entre dos palabras griegas. Para jen emplea casi siempre χάρις: “Noé halló χάριν” (Gn 6:8). En cambio, traduce el verbo janán y el adjetivo jannun con la familia de ἔλεος (“misericordia”): en Éx 34:6, rajum vejannun se vuelve οἰκτίρμων καὶ ἐλεήμων, y en Nm 6:25, viyjunnekka se vuelve ἐλεήσαι σε. Por eso, cuando Pablo cita Éx 33:19 en Ro 9:15 desde la Septuaginta, el español lee “tendré misericordia” donde el hebreo decía “tendré gracia”.
Figura 2. Del hebreo a Pablo. Nota. Elaboración propia con la BHS, la LXX (Rahlfs-Hanhart) y NA28.
En el griego común, χάρις designaba el favor que circula entre amigos y benefactores y que obliga a corresponder: quien recibe un favor queda en deuda de gratitud (Barclay, 2015). Pablo conserva la palabra, pero invierte su lógica, porque la χάρις de Dios se da a quien no tiene con qué devolverla, “a los impíos” (Ro 5:6). Con ello no se aparta del hebreo, sino que prolonga la línea de jen y jinnam: el favor que se inclina y el don que no se cobra.
Precisión
Describir la χάρις del mundo grecorromano como un sistema de dones recíprocos, y a Pablo como quien acentúa su “incongruencia” (un don sin relación con el valor del que lo recibe), es la tesis de Barclay (2015). Otros autores subrayan la continuidad de la χάρις paulina con la jésed del pacto (Dunn, 1998). Ambas lecturas no se excluyen.
El Nombre que revela la gracia
“Porque soy clemente”: el manto del pobre
El adjetivo jannun, “clemente”, aparece trece veces en la Biblia hebrea y, con una sola excepción (Sal 112:4), siempre se predica de Dios. Sorprende que su primera aparición no esté en una teofanía, sino en una ley sobre préstamos:
וְהָיָה כִּי־יִצְעַק אֵלַי וְשָׁמַעְתִּי כִּי־חַנּוּן אָנִי
Si tomares en prenda el vestido de tu prójimo, a la puesta del sol se lo devolverás. Porque sólo eso es su cubierta, es su vestido para cubrir su cuerpo. ¿En qué dormirá? Y cuando él clamare a mí, yo le oiré, porque soy misericordioso.
(Éx 22:26–27 [22:25–26])
Filología: Éx 22:27 (22:26)
| כִּי־יִצְעַק אֵלַי | צעק | “cuando clame a mí”: el verbo del clamor de Israel en Egipto (Éx 3:7). |
| כִּי־חַנּוּן אָנִי ki jannun aní | חנן | “porque clemente soy yo”. La RVR1960 traduce “misericordioso”. Es el primer jannun de la Biblia, dicho por Dios de sí mismo. |
La escena es mínima. Un pobre ha dejado su manto como garantía de un préstamo y no tiene con qué taparse de noche; tampoco puede reclamar, porque la prenda es legal. Aun así, Dios declara que oirá su clamor y funda esa promesa en su propio carácter: “porque soy clemente”. Antes de proclamar su Nombre en el Sinaí, Dios ya se presenta como el que se inclina hacia quien no tiene nada que ofrecer.
El rajum vejannun: “Dios misericordioso y clemente”
Después del becerro de oro, Moisés pide ver la gloria de Dios. La respuesta llega en dos frases sobre la gracia, “tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente” (Éx 33:19), y culmina en la proclamación del Nombre:
וַיַּעֲבֹר יְהוָה עַל־פָּנָיו וַיִּקְרָא יְהוָה יְהוָה
אֵל רַחוּם וְחַנּוּן אֶרֶךְ אַפַּיִם וְרַב־חֶסֶד וֶאֱמֶת
Y pasando Señor por delante de él, proclamó: ¡Señor! ¡Señor! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad.
(Éx 34:6)
Filología: Éx 33:19; 34:6
| וְחַנֹּתִי אֶת־אֲשֶׁר אָחֹן | חנן | “tendré gracia de quien tendré gracia” (RVR1960, Éx 33:19: “tendré misericordia del que tendré misericordia”). La construcción idem per idem afirma la libertad de Dios: la causa de la gracia está en él. |
| אֵל רַחוּם וְחַנּוּן | רחם; חנן | “Dios compasivo y clemente”. La RVR1960 traduce “misericordioso y piadoso”. LXX οἰκτίρμων καὶ ἐλεήμων. |
| וְרַב־חֶסֶד וֶאֱמֶת | חסד; אמן | “grande en amor leal y fidelidad”. Juan lo recogerá en “lleno de gracia y de verdad” (Jn 1:14). |
El capítulo sobre la misericordia tomó este texto como ancla (capítulo 14), de modo que aquí basta con subrayar el lugar que ocupa el jannun. Dios se llama clemente justo cuando Israel acaba de romper el pacto; la gracia no se ofrece como premio a un pueblo fiel, sino como el Nombre revelado a un pueblo “de dura cerviz” (Éx 34:9). Moisés lo comprende y apela a ella sin alegar mérito alguno: “Si ahora, Señor, he hallado gracia en tus ojos, vaya ahora el Señor en medio de nosotros; porque es un pueblo de dura cerviz” (Éx 34:9). La razón que invoca para pedir la presencia de Dios es, precisamente, la dureza del pueblo.
El Nombre repetido
La fórmula “clemente y misericordioso” recorre toda la Biblia hebrea, a veces con el orden invertido (jannun verajum), y reaparece siempre en momentos de pecado o de ruina. Nehemías la recuerda al confesar la larga historia de rebeldías de Israel (Neh 9:17, 31) y Joel la invoca al llamar al arrepentimiento (Jl 2:13), mientras que Jonás la convierte en queja, porque Dios perdonó a Nínive (Jon 4:2).
Y oró a Señor y dijo: Ahora, oh Señor, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal.
(Jon 4:2)
De todos los testigos de la gracia, Jonás es el más incómodo. Conoce el Nombre de memoria, y justamente por eso huye: sabe que Dios es capaz de perdonar a los enemigos de Israel. La gracia escandaliza a quien desea que el otro reciba lo que merece.
Otros nombres y títulos
En los profetas y en el Nuevo Testamento, la gracia llega a dar nombre al Espíritu, al trono y a Dios mismo:
| Nombre o título | Hebreo / griego | Texto | Qué revela |
|---|---|---|---|
| Clemente | כִּי־חַנּוּן אָנִי | Éx 22:27 | oye al pobre que no puede reclamar |
| Dios misericordioso y clemente | אֵל רַחוּם וְחַנּוּן | Éx 34:6; Sal 86:15 | su Nombre ante un pueblo infiel |
| Dios clemente y piadoso | אֵל־חַנּוּן וְרַחוּם | Jon 4:2; Neh 9:31 | perdona incluso al enemigo |
| Espíritu de gracia | רוּחַ חֵן וְתַחֲנוּנִים; τὸ πνεῦμα τῆς χάριτος | Zac 12:10; He 10:29 | da gracia y mueve a la súplica |
| Trono de la gracia | ὁ θρόνος τῆς χάριτος | He 4:16 | el lugar del juicio convertido en lugar de socorro |
| Dios de toda gracia | ὁ θεὸς πάσης χάριτος | 1 P 5:10 | llama a su gloria y sostiene en el sufrimiento |
Tabla 4. Los nombres que revelan la gracia. Nota. Elaboración propia.
Precisión
La tradición judía resume el principio de estos títulos en el midrash Shemot Rabá 3:6, donde Dios dice a Moisés: “según mis obras soy llamado”. El título “Clemente” nace de una obra concreta, la de oír al que clama sin derecho. “Dios de toda gracia” procede de 1 Pedro, y “Espíritu de gracia” traduce Zac 12:10, donde la Septuaginta dice πνεῦμα χάριτος καὶ οἰκτιρμοῦ.
Definición
La serie define así el atributo:
Favor inmerecido de Dios hacia pecadores.
A la luz de los textos estudiados en este capítulo, la definición puede desarrollarse del siguiente modo:
La gracia de Dios es la perfección eterna por la cual Dios, libre y soberanamente, concede su favor a quienes no lo merecen y merecían lo contrario. No responde a mérito alguno ni crea una deuda: da perdón, vida y comunión “de balde”, y su fuente y su cauce es Jesucristo, en quien “abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios” (Gn 6:8; Éx 34:6; Ro 3:24; 5:15; Ef 2:8–9).
| Rasgo | Qué afirma | Textos |
|---|---|---|
| Favor | inclinación de Dios hacia alguien, que se traduce en dones | Gn 6:8; Rt 2:10 |
| Inmerecida | no responde a obras ni a méritos | Dt 9:5–6; Ro 11:6 |
| Hacia pecadores | alcanza a quien merecía el juicio | Gn 6:5–8; Ro 5:6–8 |
| Gratuita | “de balde”: no se compra ni se devuelve | Is 52:3; 55:1; Ro 3:24 |
| Soberana | Dios la da a quien quiere | Éx 33:19; Ro 9:15–16 |
| Eterna | “dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” | 2 Ti 1:9 |
| Abundante y reinante | sobreabunda donde abundó el pecado | Ro 5:20–21 |
| Eficaz | transforma y enseña a vivir | 1 Co 15:10; Tit 2:11–12 |
Tres de estos rasgos contienen a los demás: la gracia es eterna (2 Ti 1:9), gratuita (Ro 3:24) y soberana (Ro 5:21). Pink extrae la consecuencia del último: “Si la gracia ‘reina’, entonces está en el trono y el ocupante del trono es soberano” (Pink, 2020, cap. 13, p. 69).
Gracia y misericordia
Éxodo 34:6 reúne cuatro perfecciones que la serie estudia por separado: misericordia, gracia, paciencia (“tardo para la ira”) y bondad (“grande en misericordia y verdad”). Las dos primeras se distinguen por su objeto. La misericordia está “sobre todas sus obras” (Sal 145:9) y atiende a la miseria; la gracia, en cambio, mira la culpa (Pink, 2020, cap. 13, p. 68). La enseñanza cristiana lo ha resumido a menudo en una fórmula: la misericordia no nos da lo que merecemos; la gracia nos da lo que no merecemos.
| Perfección | Hebreo | Mira al ser humano como… | Texto |
|---|---|---|---|
| Misericordia | רַחוּם | miserable: necesita alivio | Sal 103:8, 13 |
| Gracia | חַנּוּן | culpable e indigno: recibe un favor que no merece | Gn 6:8; Ro 3:24 |
| Paciencia | אֶרֶךְ אַפַּיִם | rebelde que aún no ha sido juzgado | Ro 2:4 |
| Bondad | רַב־חֶסֶד | criatura que recibe el bien | Sal 145:9 |
Tabla 5. Las perfecciones de Éx 34:6. Nota. Elaboración propia a partir de Pink (2020, caps. 11–14).
Precisión
Pink (2020, cap. 13, p. 68) limita la gracia salvadora a los elegidos; Berkhof (1938) distingue de ella una “gracia común”, los bienes que Dios da a todos. La definición de la serie (“hacia pecadores”) no toma partido en ese debate. Conviene advertir, además, que la distinción entre misericordia y gracia es una sistematización: en hebreo rajum y jannun van juntos y a veces se intercambian.
Clasificación. La gracia pertenece a los atributos de la relación con el ser humano, pues responde a la pregunta “¿cómo se revela Dios?”. Aunque se revela frente al pecado, es eterna como todas sus perfecciones: fue “dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” (2 Ti 1:9). Considerada como fuente, es incomunicable, porque solo Dios justifica al impío (Ro 4:5). Considerada como reflejo, es comunicable: el creyente que recibió “de gracia” da “de gracia” (Mt 10:8), perdona como fue perdonado (Ef 4:32) y habla “con gracia” (Col 4:6).
Precisión
La definición breve es de la serie. La definición desarrollada y la clasificación (incomunicable como fuente, comunicable como reflejo) constituyen una propuesta que sigue el criterio de los capítulos 13 y 15, y conviene confirmarlas.
De balde: el esclavo que sale libre
La ley del séptimo año
Inmediatamente después de los Diez Mandamientos, la primera ley del código de la alianza se ocupa de la libertad de un esclavo:
כִּי תִקְנֶה עֶבֶד עִבְרִי שֵׁשׁ שָׁנִים יַעֲבֹד וּבַשְּׁבִעִת יֵצֵא לַחָפְשִׁי חִנָּם
Si comprares siervo hebreo, seis años servirá; mas al séptimo saldrá libre, de balde.
(Éx 21:2)
El esclavo hebreo se había vendido por deudas (Lv 25:39), y al séptimo año sale jinnam, “de balde”: no paga rescate ni se le cobra lo que debía. Deuteronomio va más lejos y prohíbe al amo despedirlo “con las manos vacías”; debe cargarlo de bienes, y la razón que da es la memoria del propio Israel: “te acordarás de que fuiste siervo en la tierra de Egipto, y que Señor tu Dios te rescató” (Dt 15:13–15). En la ley de Israel quedó inscrita la gracia que Israel había recibido.
“Sin dinero seréis rescatados”
Isaías extiende la imagen a todo el pueblo en el destierro:
כִּי־כֹה אָמַר יְהוָה חִנָּם נִמְכַּרְתֶּם וְלֹא בְכֶסֶף תִּגָּאֵלוּ
Porque así dice Señor: De balde fuisteis vendidos; por tanto, sin dinero seréis rescatados.
(Is 52:3)
Filología: Is 52:3
| חִנָּם נִמְכַּרְתֶּם | חנן; מכר | “de balde fuisteis vendidos”: Dios no recibió nada a cambio cuando entregó a su pueblo; nadie tiene un derecho de compra que reclamar. |
| וְלֹא בְכֶסֶף תִּגָּאֵלוּ | גאל | “y no con plata seréis rescatados”. Gaal es el verbo del pariente redentor (Rt 4:4). |
| δωρεὰν ἐπράθητε | δωρεάν | la Septuaginta: “gratis fuisteis vendidos”; la palabra de Ro 3:24. |
Pocas líneas más adelante comienza el cuarto cántico del Siervo (Is 52:13–53:12), y esa cercanía ilumina el verso: el rescate “sin dinero” no será gratuito para el Siervo, porque “él herido fue por nuestras rebeliones” (Is 53:5). Pedro retomará la misma imagen: “fuisteis rescatados… no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo” (1 P 1:18–19).
“Venid, comprad sin dinero”
Tres capítulos después, la invitación se abre a todos:
לְכוּ שִׁבְרוּ וֶאֱכֹלוּ וּלְכוּ שִׁבְרוּ בְּלוֹא־כֶסֶף וּבְלוֹא מְחִיר יַיִן וְחָלָב
A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche.
(Is 55:1)
“Comprad sin dinero” es una paradoja deliberada. El verbo שָׁבַר (shavar) designa la compra de grano en tiempo de hambre, como la de los hermanos de José en Egipto (Gn 42:2–3); lo que se ofrece, por tanto, es comida real, y sin embargo no tiene precio. El versículo 3 revela el fundamento: “haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David” (Is 55:3). Y el Apocalipsis cierra la Biblia con la misma invitación: “el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (δωρεάν, Ap 22:17; cf. 21:6).
El salario y la dádiva
Toda imagen tiene su contraria, y la de esta es el salario. Labán pregunta a Jacob: “¿me servirás de balde? Dime cuál será tu salario” (Gn 29:15). Entre personas, servir jinnam es injusto, porque lo justo es el salario. Sobre esa oposición construye Pablo su argumento:
Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.
(Ro 4:4–5)
Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
(Ro 6:23)
Figura 3. El salario y la dádiva. Nota. Elaboración propia.
La palabra ὀψώνια (Ro 6:23) designaba la ración o paga del soldado (Moo, 1996). El pecado paga con puntualidad y paga exactamente lo que se ganó; Dios, en cambio, no paga, sino que regala. Por eso Pablo puede afirmar que Dios “justifica al impío” (Ro 4:5), una frase que en la ley de Israel describía la injusticia de un juez (Éx 23:7; Pr 17:15) y que en el evangelio describe la gracia, porque aquí el juez paga en sí mismo la deuda (Ro 3:24–26).
Precisión
Tomar la imagen del esclavo liberado “de balde” como eje del capítulo es una decisión de esta serie. Los textos (Éx 21:2; Is 52:3; 55:1; Ro 4:4; 6:23) y el sentido de jinnam y ὀψώνια constan en los diccionarios (BDB; HALOT; BDAG), y la relación entre Ro 4:5 y Éx 23:7 / Pr 17:15 la señalan los comentarios a Romanos (Moo, 1996; Dunn, 1988).
La gracia cantada
“Ten piedad de mí”: el Salmo 51
El salmo que David compuso después de Betsabé se abre con un imperativo de la raíz janán:
חָנֵּנִי אֱלֹהִים כְּחַסְדֶּךָ כְּרֹב רַחֲמֶיךָ מְחֵה פְשָׁעָי
Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
(Sal 51:1 [51:3])
Filología: Sal 51:1 (51:3)
| חָנֵּנִי jonnení | חנן | “ten gracia de mí”: imperativo qal con sufijo. RVR1960: “ten piedad de mí”. |
| כְּחַסְדֶּךָ | חסד | “conforme a tu amor leal”: la medida no es David, sino Dios. |
| כְּרֹב רַחֲמֶיךָ | רחם | “conforme a la multitud de tus compasiones”. |
En la primera línea del salmo se reúnen las tres palabras de Éx 34:6 (jannun, jésed, rajamim), y las tres quedan medidas por Dios: “conforme a tu misericordia”, “conforme a tus piedades”. David no alega atenuantes; invoca el Nombre de Dios. Ese mismo imperativo, duplicado, se convierte en la oración de quienes no tienen otra salida: “Ten misericordia de nosotros, oh Señor, ten misericordia de nosotros” (חָנֵּנוּ יְהוָה חָנֵּנוּ, Sal 123:3).
“Gracia y gloria dará Señor”
En el Salmo 84, canto del peregrino que sube al templo, se unen los dos temas de esta obra:
כִּי שֶׁמֶשׁ וּמָגֵן יְהוָה אֱלֹהִים חֵן וְכָבוֹד יִתֵּן יְהוָה
Porque sol y escudo es Señor Dios; Gracia y gloria dará Señor. No quitará el bien a los que andan en integridad.
(Sal 84:11 [84:12])
En la pareja “gracia y gloria”, jen vejavod, la gracia es el camino y la gloria el destino, y ambas son dones de Dios. Pablo dirá lo mismo: “tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Ro 5:2). Pedro, por su parte, llamará a Dios “el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna” (1 P 5:10).
“Gracia, gracia a ella”
Zacarías alienta a Zorobabel, que debe reconstruir el templo con un pueblo pobre y pequeño. Frente al obstáculo, un “gran monte”, la respuesta es una sola palabra:
וְהוֹצִיא אֶת־הָאֶבֶן הָרֹאשָׁה תְּשֻׁאוֹת חֵן חֵן לָהּ
¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura; él sacará la primera piedra con aclamaciones de: Gracia, gracia a ella.
(Zac 4:7)
La clave está en el verso anterior: “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Señor de los ejércitos” (Zac 4:6). La obra se termina por gracia, y el pueblo lo celebra gritando dos veces la palabra. Ocho capítulos más adelante, Dios promete derramar “espíritu de gracia y de oración” (רוּחַ חֵן וְתַחֲנוּנִים, Zac 12:10), de modo que el mismo Espíritu que concede la gracia es el que mueve a pedirla.
“A los humildes dará gracia”
Proverbios formula el criterio según el cual Dios distribuye su gracia:
אִם־לַלֵּצִים הוּא־יָלִיץ וְלַעֲנִיִּים יִתֶּן־חֵן
Ciertamente él escarnecerá a los escarnecedores, Y a los humildes dará gracia.
(Pr 3:34)
La Septuaginta lo vierte como κύριος ὑπερηφάνοις ἀντιτάσσεται, ταπεινοῖς δὲ δίδωσιν χάριν, “el Señor resiste a los soberbios y da gracia a los humildes”, y en esa forma lo citan Santiago (Stg 4:6) y Pedro (1 P 5:5). La humildad no merece la gracia; es la mano vacía capaz de recibirla. El soberbio, en cambio, no la recibe, porque cree que se le debe.
La gracia en la mirada de Dios
Los Salmos y los profetas regresan una y otra vez a la imagen de Gn 6:8, según la cual la gracia se halla “en los ojos” de Dios, que miran desde arriba. Jeremías la aplica a la generación del desierto: “El pueblo que escapó de la espada halló gracia en el desierto” (Jer 31:2). La bendición sacerdotal, por su parte, la sitúa en el rostro de Dios:
יָאֵר יְהוָה פָּנָיו אֵלֶיךָ וִיחֻנֶּךָּ
Señor te bendiga, y te guarde; Señor haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Señor alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz.
(Nm 6:24–26)
Donde la RVR1960 lee “tenga de ti misericordia”, el hebreo dice וִיחֻנֶּךָּ (viyjunnekka), “y te dé gracia”. La gracia brota del rostro de Dios que se ilumina hacia el que bendice, y la bendición desemboca en el shalom. Gracia y paz: con esas dos palabras abrirá Pablo casi todas sus cartas (sección 11.8).
Teología: el favor que no se merece
Toda la teología de la gracia gira en torno a una afirmación: lo que Dios da por gracia, no lo debe. De ella se derivan los demás rasgos, que la Escritura va mostrando uno a uno, desde la Torá hasta Pablo.
La gracia excluye el mérito. El punto de partida es la definición que Pablo da en Romanos 11: “si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia” (Ro 11:6). No se trata de repartir proporciones entre gracia y obras, como si Dios pusiera una parte y el hombre la otra; ambas lógicas se excluyen. La gracia es el favor concedido “a aquellos que no tienen mérito en ellos” y, más aún, a quienes “son completamente indignos” (Pink, 2020, cap. 13, p. 68), y Pink lo ilustra con una imagen tomada de la química: “La gracia y las obras no se unirán más que un ácido con un alcalino” (p. 69). Pablo no inventa esta oposición. Ya Moisés había advertido a Israel que no recibía la tierra “por tu justicia”, puesto que era “pueblo duro de cerviz” (Dt 9:6).
Eterna, gratuita y soberana. Si la gracia no responde al mérito, tampoco depende del tiempo de la criatura: fue “dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” (2 Ti 1:9). Es gratuita, porque somos “justificados gratuitamente por su gracia” (Ro 3:24), con el mismo adverbio que la Septuaginta emplea para el jinnam hebreo. Y es soberana, porque “reina” (Ro 5:21) y tiene un “trono” al que el creyente se acerca “confiadamente” (He 4:16).
La gracia distingue. Precisamente por ser inmerecida, Dios la concede con libertad. Cuando Moisés pide ver la gloria, esa libertad forma parte de la respuesta: “tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente” (Éx 33:19). El primer ejemplo es el padre de Israel, y Josué lo recuerda sin adornos:
Así dice Señor, Dios de Israel: Vuestros padres habitaron antiguamente al otro lado del río, esto es, Taré, padre de Abraham y de Nacor; y servían a dioses extraños. Y yo tomé a vuestro padre Abraham del otro lado del río, y lo traje por toda la tierra de Canaán, y aumenté su descendencia, y le di Isaac.
(Jos 24:2–3)
Abraham no fue tomado porque fuera distinto de sus vecinos; llegó a ser distinto porque fue tomado. Pink da a esto el nombre de “gracia distintiva” (2020, cap. 13, p. 70).
La gracia brilla en los indignos. La regla la formula Pablo: “cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Ro 5:20). Son los casos más oscuros los que mejor la muestran. Manasés, el peor rey de Judá, fue oído en su súplica (sección siguiente). Saulo, que respiraba “amenazas y muerte” (Hch 9:1), llegó a decir “por la gracia de Dios soy lo que soy” (1 Co 15:10). Y a los corintios Pablo les escribe: “esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados” (1 Co 6:11). James Hervey reunió estos tres ejemplos, y Pink los recoge (2020, cap. 13, pp. 70–71).
La gracia viene por Cristo. “La ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Jn 1:17). El versículo no niega la gracia anterior, que Génesis 6:8 y Éxodo 33:19 muestran con claridad, sino que afirma que en Cristo fue “completamente revelada y perfectamente ejemplificada” (Pink, 2020, cap. 13, pp. 71–72). El Padre es la fuente y el Hijo el canal (pp. 72–73), y Zacarías anuncia que Dios derramará sobre su pueblo “espíritu de gracia y de oración” (Zac 12:10). Unas palabras del predicador G. S. Bishop expresan la hondura de la necesidad que la gracia viene a llenar:
La gracia es una provisión para aquellos hombres que están tan caídos que no pueden levantar el hacha de la justicia, tan corruptos que no pueden cambiar su propia naturaleza, tan reacios a Dios que no pueden volverse a Él… y tan muertos que Él mismo debe abrir sus tumbas y levantarlos a la resurrección.
(G. S. Bishop, citado en Pink, 2020, cap. 13, p. 73)
Precisión
El alcance de la gracia se discute. Pink (2020, cap. 13, p. 68) sostiene que la gracia salvadora “es ejercida sólo sobre los elegidos”; Berkhof (1938) distingue además una “gracia común”, los bienes que Dios da a todos. Esta serie adopta la oposición entre gracia y obras, que es paulina (Ro 11:6), y los rasgos de la gracia; la discusión sobre su alcance excede el propósito del capítulo y debe leerse junto a Tit 2:11: “la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres”.
Un encuentro en la historia de Israel: Manasés
El peor rey de Judá
Manasés, hijo del piadoso Ezequías, reinó cincuenta y cinco años en Jerusalén, el reinado más largo de Judá. Las Crónicas enumeran sus pecados como quien levanta el inventario de todo lo prohibido:
Porque él reedificó los lugares altos que Ezequías su padre había derribado, y levantó altares a los baales, e hizo imágenes de Asera, y adoró a todo el ejército de los cielos, y les rindió culto. Edificó también altares en la casa de Señor, de la cual había dicho Señor: En Jerusalén estará mi nombre perpetuamente… Y pasó sus hijos por fuego en el valle del hijo de Hinom; y observaba los tiempos, miraba en agüeros, era dado a adivinaciones, y consultaba a adivinos y encantadores; se excedió en hacer lo malo ante los ojos de Señor, hasta encender su ira.
(2 Cr 33:3–4, 6)
El libro de Reyes añade que “derramó Manasés mucha sangre inocente en gran manera, hasta llenar a Jerusalén de extremo a extremo” (2 R 21:16), y lo hace responsable del destierro (2 R 23:26; 24:3–4). El cronista lo resume diciendo que hizo “más mal que las naciones que Señor destruyó” (2 Cr 33:9). En Manasés se repite, ahora en Jerusalén, el diagnóstico de Gn 6:5.
La súplica en Babilonia
Dios habló, y Manasés no quiso escuchar (2 Cr 33:10). Los asirios lo llevaron entonces “con grillos” y “atado con cadenas” a Babilonia (v. 11), y allí ocurrió lo inesperado:
וּכְהָצֵר לוֹ חִלָּה אֶת־פְּנֵי יְהוָה אֱלֹהָיו וַיִּכָּנַע מְאֹד
וַיִּתְפַּלֵּל אֵלָיו וַיֵּעָתֶר לוֹ וַיִּשְׁמַע תְּחִנָּתוֹ
Mas luego que fue puesto en angustias, oró a Señor su Dios, humillado grandemente en la presencia del Dios de sus padres. Y habiendo orado a él, fue atendido; pues Dios oyó su oración y lo restauró a Jerusalén, a su reino. Entonces reconoció Manasés que Señor era Dios.
(2 Cr 33:12–13)
Filología: 2 Cr 33:12–13
| חִלָּה אֶת־פְּנֵי | חלה | “suavizó el rostro”, “aplacó”: la expresión del que busca el favor de un superior. |
| וַיִּכָּנַע מְאֹד | כנע | “se humilló mucho”: la condición de Pr 3:34. |
| וַיֵּעָתֶר לוֹ | עתר | “se dejó rogar por él”, “le fue propicio”. |
| תְּחִנָּתוֹ tejinnató | חנן | “su súplica”: literalmente, “su pedido de gracia”. RVR1960: “su oración”. |
| וַיֵּדַע | ידע | “y conoció”: el verbo de Jer 9:24. Manasés conoció a Dios por la gracia. |
Manasés no presenta una obra, sino una tejinná, un pedido de gracia. Y lo que recibe excede el perdón, porque Dios lo devuelve a su reino. Solo una vez restaurado quita los ídolos, repara el altar y manda a Judá servir al Señor (2 Cr 33:15–16). La reforma es fruto y no causa: llega después de la gracia.
Precisión
El libro de Reyes no menciona el arrepentimiento de Manasés; únicamente las Crónicas lo narran (2 Cr 33:11–20). Los comentarios discuten la relación entre ambos relatos y el valor histórico del episodio de Babilonia; el cronista cita como fuentes “las actas de los reyes de Israel” y “las palabras de los videntes” (2 Cr 33:18–19). La Oración de Manasés, un texto breve en griego conservado en algunos manuscritos de la Septuaginta, es posterior y no forma parte del canon hebreo.
El escándalo de la gracia
El caso de Manasés escandalizó también a la tradición judía. La Misná lo cuenta entre los tres reyes que “no tienen parte en el mundo venidero”, aunque registra la objeción de Rabí Yehudá, “Manasés tiene parte en el mundo venidero”, que se funda en 2 Cr 33:13 (Misná, Sanedrín 10:2). El Talmud de Jerusalén, por su parte, imagina la escena:
Y los ángeles servidores cerraban las ventanas para que la oración de Manasés no subiera ante el Santo, bendito sea. Decían los ángeles servidores ante el Santo, bendito sea: Señor del mundo, un hombre que adoró ídolos y puso una imagen en el santuario, ¿tú lo recibes en arrepentimiento? Les dijo: Si no lo recibo en arrepentimiento, cierro la puerta delante de todos los que se arrepienten. ¿Qué hizo el Santo, bendito sea? Le cavó una abertura debajo de su trono de gloria y oyó su súplica.
(Talmud de Jerusalén, Sanedrín 10:2)
חָתַר לוֹ חֲתִירָה מִתַּחַת כִּסֵּא הַכָּבוֹד שֶׁלּוֹ וְשָׁמַע תְּחִינָּתוֹ
El midrash juega con las letras de 2 Cr 33:13: donde el texto dice וַיֵּעָתֶר לוֹ (vayye’áter lo, “se dejó rogar”), lee וַיֵּחָתֶר לוֹ (vayyejáter lo, “le cavó una abertura”). El Talmud de Babilonia conserva la misma lectura en nombre de Rabí Shimón bar Yojái, según la cual Dios hizo “una especie de abertura en el firmamento para recibirlo en arrepentimiento, a causa de la medida de la justicia” (Sanedrín 103a). El Talmud de Jerusalén cuenta además que Manasés oró tras recordar un texto que su padre le leía en la sinagoga: “Cuando estuvieres en angustia… porque Dios misericordioso es Señor tu Dios; no te dejará” (Dt 4:30–31).
Precisión
La traducción del Talmud de Jerusalén es propia, hecha desde el texto de la edición de Guggenheimer en Sefaria. Los ángeles, las ventanas y la abertura bajo el trono pertenecen a la lectura midrásica, no a la historia: con ella el Talmud ilustra que la gracia abrió un camino que la “medida de la justicia” (midat hadín) habría cerrado. El propio Talmud de Jerusalén explica el juego de letras (ayin/jet) al señalar que en Arabia se llama atartá a la abertura.
La pregunta de los ángeles coincide con la de Jonás y con la del hermano mayor de la parábola (Lc 15:28–30): ¿cómo puede Dios recibir a alguien así? Y la respuesta del midrash coincide con la del evangelio: si Dios no recibe al peor, cierra la puerta a todos.
La gracia en el judaísmo
“Aun Noé no lo merecía”
La tradición rabínica se preguntó por qué Noé halló gracia, y el midrash Bereshit Rabá conserva varias respuestas. Rabí Abbá bar Kahaná lee en continuidad el final de 6:7 y el comienzo de 6:8, “me arrepiento de haberlos hecho, y Noé”:
Aun Noé, que quedó de ellos, no lo merecía, sino que halló gracia ante los ojos del Señor.
(Bereshit Rabá 29:1)
אֲפִלּוּ נֹחַ שֶׁנִּשְׁתַּיֵּיר מֵהֶן לֹא הָיָה כְּדַאי אֶלָּא שֶׁמָּצָא חֵן בְּעֵינֵי ה׳
El Talmud de Babilonia repite la idea en nombre de la escuela de Rabí Ismael: “también sobre Noé se había decretado la sentencia, sino que halló gracia ante los ojos del Señor” (Sanedrín 108a). Otro maestro, Rabí Simón, introduce una distinción: de Abraham, de David y de Israel se dice que Dios los “halló”, mientras que de Noé se dice que él halló gracia (Bereshit Rabá 29:3). La tradición no es unánime, y otras voces del mismo midrash atribuyen la salvación de Noé a sus méritos o a los de sus descendientes. Con todo, la lectura de Rabí Abbá bar Kahaná coincide con la de este capítulo: la gracia precede a cualquier mérito.
“Don gratuito”: Rashi y el Sifré
Según Deuteronomio 3:23, Moisés “oró” para entrar en la tierra. El verbo es וָאֶתְחַנַּן (va’etjanán), de la raíz janán, y significa “supliqué gracia”. Rashi lo comenta así:
אֵין חִנּוּן בְּכָל מָקוֹם אֶלָּא לְשׁוֹן מַתְּנַת חִנָּם
Toda forma de jinnún significa siempre un don gratuito. Aunque los justos podrían apoyarse en sus buenas obras, no piden al Omnipresente sino un don gratuito.
(Rashi, Comentario a Dt 3:23)
Rashi añade que Moisés eligió esa palabra porque Dios le había dicho “tendré gracia de quien tendré gracia” (Éx 33:19). La idea procede del Sifré, donde se afirma que Moisés y David “podían sostener el mundo con sus buenas obras, y no pidieron al Omnipresente que les diera sino de balde (jinnam)”; y si ellos no pidieron más que un don gratuito, “¡cuánto más” quien no alcanza ni la milésima parte de sus discípulos! (Sifré Devarim 26).
Precisión
Rashi ofrece también una segunda explicación, según la cual va’etjanán es simplemente una de las diez palabras con que la Escritura designa la oración, conforme al mismo Sifré. La primera explicación, la del “don gratuito”, es la más citada en la tradición, pero no la única.
“Aunque no lo merezca”
El Talmud discute qué concedió Dios a Moisés en Éx 33. Rabí Meir entiende Éx 33:19 como una afirmación de libertad: “tendré gracia de quien tendré gracia, aunque no lo merezca; y tendré misericordia de quien tendré misericordia, aunque no lo merezca” (Berajot 7a).
וְחַנֹּתִי אֶת אֲשֶׁר אָחוֹן אַף עַל פִּי שֶׁאֵינוֹ הָגוּן
Para Rabí Meir, esa libertad de la gracia es justamente lo que Moisés no alcanzó a comprender, porque Dios no le reveló los caminos por los que reparte su favor.
Avinu Malkenu: “porque no hay en nosotros obras”
La oración Avinu Malkenu (“Padre nuestro, Rey nuestro”) se reza en los días de arrepentimiento que median entre Rosh Hashaná y Yom Kipur, y también en los ayunos. El Talmud remonta su núcleo a Rabí Akiva, quien durante una sequía oró: “Padre nuestro, Rey nuestro, no tenemos rey sino a ti. Padre nuestro, Rey nuestro, por tu causa ten compasión de nosotros”, y llovió (Taanit 25b). La versión del sidur concluye con una línea que se canta en voz alta:
אָבִינוּ מַלְכֵּנוּ חָנֵּנוּ וַעֲנֵנוּ כִּי אֵין בָּנוּ מַעֲשִׂים
עֲשֵׂה עִמָּנוּ צְדָקָה וָחֶסֶד וְהוֹשִׁיעֵנוּ
Padre nuestro, Rey nuestro, ten gracia de nosotros y respóndenos, porque no hay en nosotros obras; haz con nosotros justicia y amor leal, y sálvanos.
(Sidur, Avinu Malkenu)
“Ten gracia de nosotros” traduce חָנֵּנוּ (jonnenu), el imperativo del Salmo 123, y la razón que se alega es la más honesta posible: “porque no hay en nosotros obras”. Es, en la liturgia de la sinagoga, la oración del publicano (Lc 18:13).
Precisión
La línea jonnenu va’anenu no figura en el relato de Taanit 25b; pertenece a la forma posterior de la oración, que fue creciendo con el uso litúrgico (Elbogen, 1993). Aquí se cita según el Sidur Sefard de Sefaria.
La gracia en la oración diaria
También la oración cotidiana del judaísmo habla de la gracia con el mismo vocabulario. La cuarta bendición de la Amidá pide el entendimiento como un don: “Tú das por gracia (חוֹנֵן, jonén) al hombre conocimiento… concédenos por gracia (חָנֵּנוּ) de ti conocimiento, entendimiento y discernimiento”. Y la bendición que sigue a la comida alaba a Dios “que alimenta al mundo entero con su bondad, con gracia, con amor leal y con compasión” (בְּחֵן בְּחֶסֶד וּבְרַחֲמִים). La tríada de Éx 34:6 se ha convertido así en el modo de agradecer el pan.
Precisión
Los textos se citan del Sidur Ashkenaz de Sefaria. La datación exacta de estas fórmulas es discutida; la Amidá adquiere su forma básica entre el Segundo Templo tardío y la época de la Misná (Elbogen, 1993). Se citan como testimonio de cómo el judaísmo reza la gracia, no como fuente de Pablo.
Qumrán: “me acercará por su gracia”
Entre los textos del mar Muerto, el himno final de la Regla de la Comunidad (1QS) expresa una confianza en la gracia sorprendentemente cercana a la de Pablo:
En cuanto a mí, si tropiezo, las misericordias de Dios serán mi salvación eterna. Si vacilo a causa del pecado de la carne, mi justificación será por la justicia de Dios, que permanece para siempre… Me acercará por su gracia, y por su misericordia traerá mi justificación.
(1QS XI, 12–14)
Precisión
La traducción al español es propia, a partir de la versión inglesa de Vermes (2004). Los términos hebreos de 1QS no coinciden uno a uno con el vocabulario de jen: “gracia” y “misericordia” traducen sobre todo jésed y rajamim. El himno muestra que, en el judaísmo del Segundo Templo, un grupo muy riguroso en la observancia de la ley confesaba a la vez que la justificación procedía de la justicia y la gracia de Dios. La relación con Pablo es de paralelo, no de dependencia (Dunn, 1998).
La gracia en Cristo, leída con Pablo
“Justificados gratuitamente por su gracia”
Pablo, judío formado en las Escrituras de Israel, llega a la gracia después de haber cerrado todas las demás puertas. En Ro 1:18–3:20 muestra que gentiles y judíos están “bajo pecado”, “para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios” (Ro 3:19); es el diagnóstico de Gn 6:5 extendido a toda la humanidad. Solo entonces escribe:
por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.
(Ro 3:23–24)
Filología: Ro 3:23–24
| ὑστεροῦνται τῆς δόξης τοῦ θεοῦ | ὑστερέω | “están faltos de la gloria de Dios”: la gloria, tema de esta obra, es lo que el pecado hizo perder. |
| δικαιούμενοι δωρεάν | δωρεάν | “justificados gratuitamente”: el adverbio con que la Septuaginta traduce jinnam (Is 52:3). |
| τῇ αὐτοῦ χάριτι | χάρις | “por su gracia”: el pronombre enfático αὐτοῦ subraya que la gracia es de Dios. |
| ἀπολυτρώσεως | λυτρόω | “redención”, “rescate”: el vocabulario de Is 52:3 (λυτρωθήσεσθε). |
En dos versos, Pablo reúne lo que el Antiguo Testamento había expresado en imágenes: el rescate (gaal) sin dinero de Is 52:3 y la gracia (jen) que Noé halló en un mundo bajo sentencia. “Gratuitamente” y “por su gracia” dicen dos veces lo mismo, y la insistencia es deliberada, porque se trata del punto que el lector tiende a olvidar. Los versos siguientes explican el costo: Dios puso a Cristo “como propiciación por medio de la fe en su sangre… a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Ro 3:25–26). La gracia es gratuita para quien la recibe precisamente porque fue costosa para quien la da.
Precisión
El capítulo 17 (la ira santa) estudió Ro 3:25–26 desde la propiciación. El sentido de ἱλαστήριον (“propiciación” o “lugar de expiación”, con eco del propiciatorio de Lv 16) se discute entre los comentaristas (Moo, 1996; Dunn, 1988).
Abraham y el impío
Para mostrar que la gracia no es una novedad, Pablo vuelve a Abraham: “Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia” (Gn 15:6; Ro 4:3). Su argumento es el que ya expuso la sección 6: al que trabaja, el salario se le cuenta “como deuda”; al que no trabaja “sino cree en aquel que justifica al impío”, su fe se le cuenta por justicia (Ro 4:4–5). De ahí la conclusión: “Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia” (Ro 4:16).
La gracia tiene, pues, una razón: la firmeza de la promesa. Si la promesa dependiera de las obras, sería tan frágil como quien las realiza; como depende de la gracia, es tan firme como Dios. Pablo invoca también a David, el del Salmo 51: “Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas” (Sal 32:1; Ro 4:7).
“Sobreabundó la gracia”
En Romanos 5 Pablo compara a Adán con Cristo, y la comparación es desigual a propósito: “el don no fue como la transgresión” (Ro 5:15). Si el pecado de uno trajo muerte a muchos, la gracia de uno trajo vida a muchos, y “mucho más”. Al final, esa desigualdad estalla en un verbo compuesto:
Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro.
(Ro 5:20–21)
Filología: Ro 5:20–21
| ἐπλεόνασεν ἡ ἁμαρτία | πλεονάζω | “abundó el pecado”, se multiplicó. |
| ὑπερεπερίσσευσεν ἡ χάρις | περισσεύω | “sobre-sobreabundó la gracia”: verbo con doble refuerzo (ὑπέρ + περισσεύω). |
| ἡ χάρις βασιλεύσῃ | βασιλεύω | “la gracia reine”: la gracia aparece como un rey que sucede al pecado y a la muerte. |
El esquema de Pablo presenta dos reinos y un cambio de trono:
Figura 4. Los dos reinos de Ro 5:12–21. Nota. Elaboración propia.
Pablo se adelanta a la objeción: “¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera” (Ro 6:1–2). Si la gracia reina, el pecado ha dejado de ser el rey: “el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia” (Ro 6:14). Lejos de ser un permiso para pecar, la gracia es un cambio de dueño.
Un remanente escogido por gracia
En Romanos 11 Pablo se pregunta si Dios desechó a Israel. Responde con Elías, que creía haber quedado solo, y con la respuesta divina que recibió: “Me he reservado siete mil hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal” (1 R 19:18; Ro 11:4). Y concluye:
Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia. Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.
(Ro 11:5–6)
Sobre este texto descansa la definición teológica de la gracia (sección 8). Pablo lee la historia de Israel como la lee Deuteronomio: Israel no fue elegido por ser grande, “sino por cuanto Señor os amó” (Dt 7:7–8), ni recibió la tierra por su justicia: “sabe que no es por tu justicia que Señor tu Dios te da esta buena tierra… porque pueblo duro de cerviz eres tú” (Dt 9:6). La gracia no es, por tanto, una idea que Pablo importe desde fuera de Israel, sino la lectura que la propia Torá hace de la historia de Israel.
Precisión
Los debates de las últimas décadas sobre Pablo y el judaísmo (la llamada “nueva perspectiva”) subrayan que el judaísmo del Segundo Templo no enseñaba una salvación ganada por méritos, sino una elección por gracia seguida de obediencia (Dunn, 1998; Wright, 2013). Barclay (2015) matiza que en ese judaísmo todos hablaban de gracia, aunque no todos la entendían del mismo modo: Pablo acentúa que la gracia se da sin tener en cuenta el valor previo de quien la recibe. Las secciones sobre el Sifré, el Avinu Malkenu y 1QS dan muestra de esa variedad.
“Por la gracia de Dios soy lo que soy”
El ejemplo más claro de gracia que Pablo conoce es él mismo:
Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.
(1 Co 15:9–10)
La frase “Por la gracia de Dios soy lo que soy” (χάριτι δὲ θεοῦ εἰμι ὅ εἰμι) reproduce la forma de Éx 3:14 y de Éx 33:19 (idem per idem). Todo lo que Pablo es, lo es por gracia, y esa gracia no lo dejó en la pasividad: “he trabajado más que todos ellos”. Pero enseguida se corrige: “no yo, sino la gracia de Dios conmigo”. La gracia es a la vez el don y la fuerza para responder al don.
A los gálatas les narra lo mismo como historia. Perseguía “sobremanera a la iglesia de Dios” y era “mucho más celoso de las tradiciones de mis padres”, “pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia” (Gá 1:13–15). Pablo es el Manasés del Nuevo Testamento: el peor enemigo convertido en el mayor testigo. La carta a Timoteo lo condensará en una fórmula: “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1 Ti 1:15).
Precisión
La autoría paulina de las cartas pastorales (1–2 Timoteo, Tito) se discute en la investigación. Por eso el argumento de esta sección se apoya en 1 Corintios y Gálatas, cuya autoría nadie discute, y 1 Ti 1:13–16 se cita como eco de la misma experiencia.
“No desecho la gracia de Dios”
En Gálatas, Pablo se enfrenta a quienes exigían a los gentiles la circuncisión como condición para pertenecer al pueblo de Dios, y su conclusión vuelve a emplear el adverbio δωρεάν:
No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.
(Gá 2:21)
“Por demás” traduce δωρεάν, “de balde”, “en vano”. Si la justicia pudiera ganarse, la muerte de Cristo habría sido jinnam en el peor sentido: inútil. Pablo usa, pues, la misma palabra para lo que Dios da gratis (Ro 3:24) y para lo que sería la cruz si las obras bastaran (Gá 2:21). La gracia se rechaza no solo pecando, sino también intentando pagarla.
Efesios: de muertos a hechura suya
La carta a los Efesios resume la gracia en un párrafo que recorre todo el arco que va de Gn 6 a Romanos 5:
Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)… Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
(Ef 2:4–5, 8–10)
Filología: Ef 2:8–10
| τῇ γὰρ χάριτί ἐστε σεσῳσμένοι | σῴζω | “por la gracia estáis salvados”: participio perfecto, una salvación cumplida que permanece. |
| θεοῦ τὸ δῶρον | δῶρον | “de Dios es el don”: el don es todo el conjunto (salvación por gracia mediante la fe). |
| ποίημα poíēma | ποιέω | “hechura”, “obra hecha”: Dios es el artesano. |
| ἐπὶ ἔργοις ἀγαθοῖς | ἔργον | “para buenas obras”: las obras no son la causa de la gracia, sino su propósito. |
Con este texto queda cerrada la objeción que Pablo temía. La gracia excluye las obras como causa (“no por obras”) y, al mismo tiempo, las produce como fruto (“para buenas obras”). Ef 1:6 añade el fin último: todo es “para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos (ἐχαρίτωσεν) en el Amado”. El verbo, formado sobre la raíz de χάρις, significa “agraciar”: Dios vuelve agraciados a quienes carecían de toda gracia.
Precisión
La autoría paulina de Efesios se discute, pero su doctrina de la gracia coincide con la de Romanos y Gálatas (Ro 3:24; 4:4–5; 11:6; Gá 2:16, 21), cartas cuya autoría no se discute.
“Gracia y paz”
Casi todas las cartas de Pablo se abren con el mismo saludo, χάρις ὑμῖν καὶ εἰρήνη ἀπὸ θεοῦ πατρὸς ἡμῶν καὶ κυρίου Ἰησοῦ Χριστοῦ, “Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo” (Ro 1:7; 1 Co 1:3; 2 Co 1:2; Gá 1:3; Flp 1:2), y se cierran con “la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros” (Ro 16:20; Gá 6:18). La gracia enmarca cada carta de principio a fin.
El saludo griego habitual era χαίρειν (“alégrate”, Hch 15:23; Stg 1:1), y el judío, shalom. Pablo sustituye χαίρειν por χάρις, una palabra de sonido parecido, y le añade la paz. También la bendición sacerdotal había terminado así: “y te dé gracia… y ponga en ti paz” (Nm 6:25–26).
Precisión
Que el saludo paulino “gracia y paz” sea un eco de la bendición de Nm 6:24–26 es una lectura posible, propuesta por algunos intérpretes; Pablo no cita el texto, y la Septuaginta traduce viyjunnekka con ἐλεήσαι σε, no con χάρις. Lo seguro es que la fórmula une un término griego transformado (χάρις en lugar de χαίρειν) con el shalom hebreo.
La gracia de Cristo, que se hizo pobre
Pablo no concibe la gracia como una fuerza impersonal, porque la gracia tiene rostro:
Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.
(2 Co 8:9)
La gracia de Cristo consiste en un intercambio: su riqueza por nuestra pobreza. Es la misma estructura que Pablo describe en la cruz: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Co 5:21). Juan la expresa con el vocabulario del Sinaí: el Verbo “habitó entre nosotros (y vimos su gloria…), lleno de gracia y de verdad… Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Jn 1:14, 16–17).
| Texto | Hebreo (TM) | Septuaginta | Juan |
|---|---|---|---|
| Éx 34:6 | וְרַב־חֶסֶד וֶאֱמֶת | πολυέλεος καὶ ἀληθινός | — |
| Jn 1:14 | — | — | πλήρης χάριτος καὶ ἀληθείας |
| Éx 33:18 / Jn 1:14 | הַרְאֵנִי נָא אֶת־כְּבֹדֶךָ | δεῖξόν μοι τὴν σεαυτοῦ δόξαν | ἐθεασάμεθα τὴν δόξαν αὐτοῦ |
Tabla 6. Éxodo 33–34 y Juan 1. Nota. Elaboración propia con la BHS, la LXX y NA28.
Moisés pidió ver la gloria, y Dios proclamó su Nombre “grande en jésed y emet”. Juan afirma que esa gloria se vio en el Verbo hecho carne, “llena de gracia y de verdad”. Y donde la Septuaginta había traducido jésed con ἔλεος, Juan emplea χάρις: en Cristo, el amor leal del pacto se manifiesta como gracia.
Precisión
Los comentaristas reconocen ampliamente el eco de Éx 34:6 en Jn 1:14 (véase la introducción de esta obra), aunque Juan no cita el texto. Juan no es Pablo; se lo incluye aquí porque Jn 1:17 sostiene que en Cristo la gracia fue “completamente revelada” (Pink, 2020, cap. 13, pp. 71–72).
“Bástate mi gracia”
La gracia no solo salva, sino que también sostiene. Pablo pidió tres veces que le fuera quitado “un aguijón en mi carne”, y la respuesta fue otra:
Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.
(2 Co 12:9)
Ἀρκεῖ σοι ἡ χάρις μου, “te basta mi gracia”: el verbo ἀρκέω significa “ser suficiente”. La misma gracia que justifica al impío es la que sostiene al débil. Y de nuevo resuena Jer 9:24, porque Pablo solo se gloría en aquello que muestra el poder de Dios, no el suyo.
La gracia que enseña
La carta a Tito vincula la gracia con la vida diaria:
Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.
(Tit 2:11–13)
La gracia “se manifestó” (ἐπεφάνη) como una luz que aparece y “enseña” (παιδεύουσα) como un maestro que educa: la gracia que perdona también forma. Aquí se halla la respuesta definitiva a Ro 6:1, pues quien ha recibido la gracia no busca en ella una excusa para pecar, sino que aprende de ella a vivir.
Aplicación: un atributo comunicable
“De gracia recibisteis, dad de gracia”
En su fuente, la gracia pertenece solo a Dios, porque solo él justifica al impío; pero quien la recibe la refleja. Jesús lo ordenó al enviar a los doce: “de gracia recibisteis, dad de gracia” (δωρεὰν ἐλάβετε, δωρεὰν δότε, Mt 10:8). Pablo predicó el evangelio “de balde” (δωρεάν, 2 Co 11:7) y llamó “gracia” a la ofrenda que las iglesias de Macedonia reunieron para los pobres de Jerusalén: “os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia… abundad también en esta gracia” (2 Co 8:1, 7). La generosidad del creyente es la gracia de Dios que sigue circulando.
La gracia en la palabra y en el perdón
El Nuevo Testamento aplica la gracia a dos terrenos concretos. Uno es la palabra: “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal” (Col 4:6), y que salga de la boca la palabra “buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Ef 4:29). El otro es el perdón: “sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Ef 4:32). Aquí “perdonar” traduce χαρίζομαι, es decir, dar gracia: quien perdona da al otro lo que no merece, del mismo modo que él lo recibió.
Cinco respuestas
Recibir con las manos vacías. La gracia se recibe como la recibió Manasés, con una tejinná, o como la pide la sinagoga: “ten gracia de nosotros… porque no hay en nosotros obras”. Quien todavía trae algo para pagar no ha entendido el regalo (Ro 4:4–5; Is 55:1).
No convertir la gracia en permiso. “¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera” (Ro 6:1–2). La misma gracia que perdona enseña también a renunciar a la impiedad (Tit 2:11–12).
Vivir en gratitud y humildad. “¿Qué tienes que no hayas recibido?” (1 Co 4:7). Dios “da gracia a los humildes” (Pr 3:34; Stg 4:6), y la humildad es la forma de la mano que la recibe. No en vano, en griego, gracia y gracias son la misma palabra.
Dar y perdonar de gracia. “De gracia recibisteis, dad de gracia” (Mt 10:8). La medida no la fija lo que el otro merece, sino lo que uno mismo recibió (Ef 4:32; Lc 6:32–35).
Acercarse al trono de la gracia. “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (He 4:16). La fórmula de Noé (“halló gracia”) se convierte así en invitación: en Cristo, el trono del juez es el lugar donde se halla gracia.
Síntesis
La gracia es el favor inmerecido de Dios hacia pecadores. Noé la halló cuando toda carne estaba bajo sentencia (Gn 6:8); Dios la proclamó en su Nombre ante un pueblo infiel, “misericordioso y clemente” (Éx 34:6); David la cantó en su pecado (Sal 51:1) y Manasés la recibió en sus cadenas (2 Cr 33:13). Es gratuita como el esclavo que sale libre “de balde” (Éx 21:2; Is 52:3), soberana (Éx 33:19), eterna (2 Ti 1:9) y abundante, porque “cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Ro 5:20). Su plenitud está en Cristo, “lleno de gracia y de verdad” (Jn 1:14), en quien somos “justificados gratuitamente por su gracia” (Ro 3:24) para alabanza de su gloria (Ef 1:6).
| Lente | Aporte al atributo | Textos |
|---|---|---|
| Texto ancla | la gracia aparece en el peor momento de la humanidad | Gn 6:5–8; 8:21 |
| La palabra | jen: el favor que se halla en los ojos del superior; jinnam: de balde | Rt 2:10; Éx 21:2; Is 52:3 |
| El Nombre | jannun: el que oye al que no puede reclamar | Éx 22:27; 34:6; Jon 4:2 |
| Teológica | la gracia excluye el mérito; es eterna, gratuita y soberana; distingue y brilla en los indignos | Ro 11:6; 2 Ti 1:9; Ro 5:20–21; Jos 24:2–3 |
| Israel | Manasés oído en su súplica | 2 Cr 33:12–13 |
| Judaísmo | “don gratuito”; “aunque no lo merezca”; “no hay en nosotros obras” | Dt 3:23; Éx 33:19; Avinu Malkenu |
| Pablo | justificados gratuitamente; la gracia sobreabunda y reina; “soy lo que soy” | Ro 3:24; 5:20–21; 1 Co 15:10 |
| Vida | dar de gracia, perdonar, hablar con gracia | Mt 10:8; Ef 4:32; Col 4:6 |
La gracia enlaza, así, el principio y el fin de esta obra. La gloria de Dios es la comunión de sus perfecciones, y esa plenitud habita en Cristo (Col 2:9). Por la gracia, esa gloria que el pecador había perdido (Ro 3:23) le es devuelta: “gracia y gloria dará Señor” (Sal 84:11).
Glosario
- Avinu Malkenu
-
(אָבִינוּ מַלְכֵּנוּ). “Padre nuestro, Rey nuestro”: oración judía de los días penitenciales, que incluye la súplica “ten gracia de nosotros… porque no hay en nosotros obras”.
- Dōreán
-
(δωρεάν). “Gratuitamente”, “de balde”, “sin causa”: traducción griega de jinnam (Ro 3:24; Gá 2:21; Jn 15:25).
- Jannun
-
(חַנּוּן). “Clemente”: adjetivo que la Biblia hebrea aplica casi exclusivamente a Dios (Éx 22:27; 34:6).
- Janán
-
(חָנַן). “Mostrar gracia”, “favorecer”; en hitpael, “suplicar gracia” (Dt 3:23).
- Járis
-
(χάρις). “Gracia”, “favor”, “agradecimiento”: palabra central de Pablo (Ro 3:24; Ef 2:8).
- Járisma
-
(χάρισμα). “Don”, “dádiva”: el regalo concreto de la gracia (Ro 6:23).
- Jen
-
(חֵן). “Gracia”, “favor”, “encanto”: lo que se halla “en los ojos” de otro (Gn 6:8).
- Jinnam
-
(חִנָּם). “De balde”, “gratis”, “sin causa”: adverbio formado de jen (Éx 21:2; Is 52:3).
- Matnat jinnam
-
(מַתְּנַת חִנָּם). “Don gratuito”: expresión con que Rashi y el Sifré designan lo que piden los justos en la oración.
- Opsōnia
-
(ὀψώνια). “Paga”, “salario” del soldado: lo que el pecado paga (Ro 6:23).
- Tejinná
-
(תְּחִנָּה). “Súplica”, “pedido de gracia” (2 Cr 33:13; 1 R 8:28).
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